Fuera de centro. Arte en Aguascalientes, Monterrey y Puebla

Kounellis reusa la estación de ferrocarriles

El 29 de enero de 2016 se inauguró el Museo del Espacio de Aguascalientes (MECA) con la exposición Relámpagos en México. Creada ex profeso por el artista Jannis Kounellis (Pireo, Grecia, 1936), mostraba la obra de uno de los protagonistas del movimiento de Arte Povera, el cual en la década de los sesenta propuso auténticamente otra forma, no sólo de ver y entender, sino de hacer arte.

La posibilidad de esta muestra, en un espacio recuperado bajo una nueva identidad y en una ciudad a la cual no relacionamos en primera instancia con el arte contemporáneo resulta fresca y también sorprendente. ¿Cómo llegó Kounellis a las tierras de José Guadalupe Posadas? ¿Cómo surgió este museo? Más allá de si es el un “capricho” del gobernador, lo importante del MECA es la activación cultural y la recuperación de espacios que trae consigo. Es el caso de las dos naves enormes que alguna vez fueron el Almacén de Madera y la Carpintería Mecánica de una estación de ferrocarriles. El museo se inscribe así a una lista de espacios que se han activado con esta estrategia desde la década de los ochenta en todo el mundo: la Tate Modern en Londres, el Parque Tezozomoc en Azcapotzalco (diseñado por Mario Schjetnan), la institución estadounidense Dia Art Foundation con espacios como Dia Beacon, a las afueras de Nueva York, o la Fundación Chinati en Marfa, Texas.

expo-01

Cortesía Galería Hilario Galguera

Además de reapropiarse de edificios industriales para reinventarlos, estas propuestas han mutado el concepto de museo y, en el caso de MECA,  apuntan también hacia la descentralización de la mirada. Hay que aprender a mirar fuera de los centros y apostar por la creación de nuevos públicos y –¿por qué no?– por el desarrollo de nuevos destinos culturales. No se trata simplemente de turismo, sino de propiciar formas de ver desde otras perspectivas y en otras sedes. Jugar con la mirada, expandir propuestas contemporáneas globales para traducir esa aventura visual a otros formatos en lo local. Experimentar con el concepto de la “glocalizción”. ¿Un museo de arte contemporáneo en la sede de la Feria de San Marcos ahí “merito” en Aguascalientes? Sí. Y también un programa internacional de conferencias para llevar a la mesa temas vanguardistas sobre curaduría o gestión cultural, como lo fue el simposio “El drama de la forma”.

Contemplar una exposición como Relámpagos en México de Jannis Kounellis, un artista que en su juventud recuperara y reinventara, junto con otros creadores italianos,  el acto de crear a través de la resignficación de materiales “pobres” o de desperdicio –con una visión integral que más tarde podría describirse como sustentable– resulta muy atractivo. Su propuesta no buscaba simplemente reutilizar, sino que planteaba un enfoque que ponía en entredicho el valor del objeto artístico como mercancía; algo que en su momento reactivó al arte conceptual desde una postura más ideologizada sin caer en el arte político. En la obra de Kounellis no hay denuncia, no hay lucha de clases, no hay exhibición de la injusticia de una manera obvia, hay inteligencia y, sobre todo, un cuestionamiento más bien existencial y filosófico: su obra no trata del hombre contra el hombre, sino del ser humano en su reconexión con la naturaleza, y la repercusión social de este diálogo. Sus temas son humanos y su obra, como la que exhibe este museo hasta el 30 de junio, invita a la reflexión a través de los materiales y la construcción de una semántica que crea un discurso particular y aborda el espacio, haciendo una especie de arqueología-conceptual.

El artista recupera materiales del lugar para dar volumen a su idea, en una instalación que contiene la memoria de los trabajadores que habitaron la estación de ferrocarriles, celebrando su presencia, exaltado su huella. Se trata, dice el curador de la exposición Bruno Cora, de “un nuevo ciclo de trabajo de Jannis Kounellis que, en la plenitud de su madurez lingüística, construyó una obra monumental como un fresco plástico extraordinariamente intenso y vívido”. Lo que hace es construir una pieza que parte de la historia del sitio y propone una lectura desde la nueva vocación de este espacio. Un palimpsesto que de paso –y dadas las dimensiones del MECA– nos cuenta distintas narrativas a gran escala que se corresponden proporcionalmente con la monumentalidad del espacio. Esta gran pieza, como muchas de Kounellis, se plantan literalmente in situ: no quedan ni más grande ni más chicas, sino que exhiben claramente que sus dimensiones se ajustan al espacio sin errores y con mucha inteligencia.

Relámpagos sobre México, nombre que evoca al cineasta Sergei Eisenstein, resuena, y no porque sea una pieza sonora, sino porque despierta el sentido del oído a través de la vista. Logra crear historias fantasmagóricas que nos conectan a la otra vida de este, hoy, museo y reitera una de las estrategias de Kounellis: desplazar al arte de la galería y colocarlo dentro de un sitio histórico (de preferencia de personalidad industrial) para resignificar los materiales y recuperar el espacio en sí mismo y también como un soporte. Aquí las naves inmensas se integran orgánicamente al discurso en sí. La fuerza de esta exposición inaugural plantea una pregunta obligada: ¿qué sigue?

Lo ideal sería que el MECA fuera un punto de referencia del arte contemporáneo clásico, como lo es Kounellis, y que también invitara a artistas nacionales a crear piezas ex profeso; que se convirtiera en un punto neurálgico fuera de la Ciudad de México, sin caer en ser solamente una extensión de la visión centralista. Pero, ¿cómo se puede crear discursos autónomos que fomenten el diálogo y abran otras oportunidades? ¿Cómo escapar de la tiranía de las galerías exitosas y abrirse a un discurso global sin perder de visita lo local? Parte de la descentralización tendrá que estar amparada por estas galerías, pero tendrán que plantearse diálogos con otros actores y en otros tonos; centro y periferias tendrán que abrirse a enfoques distintos con otros paisajes de fondo. El MECA tiene un reto ante sí: convertirse en un museo deseable, con una misión clara, que nos invite a mirar hacia otras coordenadas.

MARCO: contemporáneo de contemporáneos

La apertura del Museo de Arte Contemporáneo (MARCO) en Monterrey, hace 25 años, redirigió nuestra mirada hacia el norte; sus exposiciones temporales construyeron un puente que nos conectaba con el mundo, invitándonos a deambular por nuestro tiempo sin retrasos. Nos hizo sentir contemporáneos de nuestros contemporáneos y contribuyó con el posicionamiento del arte mexicano en un diálogo entre iguales. Por si fuera poco, rompió el estereotipo que colocaba a Monterrey como una ciudad conservadora con una mirada tradicional.

expo-02

Animitas, 2014. Fotografía Pedro Valenzuela

El MARCO se arriesgó como lo está haciendo de nueva cuenta, recordándonos –de paso– que las apuestas culturales generan una economía y también combaten la violencia. La exposición Animitas de artista francés Christian Boltanski (París, 1944), que se presentó hasta el 5 de junio invitaba a transitar por una mitología fantasmal. Presentaba otras posibilidades que despiertan la curiosidad y la creatividad,  que nos conectan mente-emoción. Al ver las piezas, el espectador se inmiscuía en una narrativa evocativa. No son nostálgicas, son huellas que se convierten en nuestra memoria. Son remembranzas re-construidas en instalaciones que a sugieren espacios espirituales, donde la reflexión sobre la vida-muerte es inevitable, así como el repensar el tiempo.

expo-03

Grande reserve: La Fête de Pourim, 1989. Fotografía Jorge Brantmayer

Christian Boltanski. Animitas, curada por Gonzalo Ortega,reunió piezas representativas en las que la imagen –fotografía, video e instalación– ocupaba un lugar protagónico y reiteraba la propuesta de que su trabajo es un vehículo: no cuenta historias propiamente, más bien es una invitación al espectador para recomponer estos relatos. La curaduría conectó los temas recurrentes de Boltanski –muerte, vida e identidad– abordados como si fueran un archivo para evocar los santuarios que en las carreteras se convierten en memorias anónimas de muertos en accidentes. Al recorrer la exposición, el espectador veía aparecer la reconstrucción imaginaria de historias anónimas que lo conectan con las propias pérdidas.

Lo que se podía ver son animitas, literalmente, que parecen escaparse de la videopieza que da nombre a la exposición, la cual fue filmada en el desierto de Atacama, Chile, y retrata un paisaje ocre ocupado en su primer plano por 500 varitas que sostienen campanas que suenan al ritmo que el viento marca. Este sonido resulta mágico e hipnotizante, el espectador se conmueve al escuchar a estas almas pequeñas sonar, sobre todo, después de contemplar piezas como Lumieres Green o Monument la Fete de Pourim, que emulan esos altares perdidos e invitan a apropiarse de ellos. De la misma manera, el espectador se inmiscuye en piezas como Monument Marcos, al transitar por un espacio lleno de memorias que entremezclan las propias con las ajenas. Cajas de metal, cables, luces, ropa, fotografías, cuentan historias tomadas que se convierten en residuos de vida en la persistencia de los materiales. Estas obras nos mueven, nos tocan y nos abren el paso para transitar por un espacio onírico, erigiéndose en un verdadero memorial. Boltanski logra conectarnos con sus sueños, y deja que nos apropiemos de ellos.

expo-04

Autel Lycée Chases, Fotografía Jorge Brantmayer

El MARCO está de regreso y está de fiesta. Boltanski fue el preámbulo para conmemorar su 25 aniversario. El regalo que da a la comunidad es la retrospectiva Otto Dix. Violencia y pasión, que exhibe 150 obras y celebra el año dual México-Alemania. Como prueba de que los centros se han movido, y como en los viejos tiempos de este museo, la exposición después llegará a la Ciudad de México, al Museo Nacional de Arte… pero la primicia es regiomontana.

El museo Amparo: arte en tránsito

Poco a poco, el Museo Amparo de Puebla se ha ido consolidando también como un espacio de arte contemporáneo ocupado –que no preocupado– por presentar a creadores con propuestas ya sólidas que aún tienen un camino por explorar; artistas de “carreras medias” que entran a su etapa de madurez consolidando estrategias, técnicas y temas en un cuerpo de trabajo definido. No busca exposiciones de “superestrellas”, más bien apunta hacia artistas que tienen algo que decir, que están trabajando y están diciendo. Sus exposiciones no son retrospectivas, son revisiones, lecturas del quehacer artístico mexicano e internacional, como la exposición Johanna Calle. Silentes, 1985-2015.

El Amparo también busca llevar la mirada a espacios alejados del centro para así poder actuar en la descentralización de la mirada. Su actual director tiene en su currículum la dirección del Museo Rufino Tamayo y la coordinación curatorial en MARCO, por lo que sobra hacer hincapié en su experiencia, que contribuye a la expansión de la difusión del arte contemporáneo más allá de los recintos de la Ciudad de México. Parte de la creación de nuevos centros está también en la movilización horizontal de gestores culturales, que estén dispuestos a trazar otros caminos más allá de lo que nos conducen al centro.

expo-05

Cortesía Museo Amparo

Si bien el Museo Amparo ha hecho una gran labor en la difusión del arte, y no sólo contemporáneo, también ha promovido la creatividad curatorial al hacer discurso propios acerca de sus colecciones, y así también reactivar la memoria del propio espacio. En su catálogo hay exposiciones que nos conectan con nuestros contemporáneos. La exhibición de Johanna Calle, organizada por el Banco de la República de Colombia y curada por Helena Tatay, nos presenta a una artista contemporánea colombiana, que trabaja el dibujo en distintos soportes. Para ella, el dibujo no es una técnica, es una forma mutante que se perfila como el tema en sí y es un puente para explorar poéticas y materiales: alambres, papel, hilos, fotos, gráfica. La obra de Calle llama la atención por silenciosa, no se trata de obra minimalista, sino de una propuesta sencilla que logra transmitir la potencia del dibujo sin alardear. Sus temas, como su forma de abordar el dibujo, hace referencia a quienes no tienen voz y lo hace discretamente, con la misma discreción con la que más de 350 piezas (no pocas) han “invadido” al Museo Amparo para contar narrativas temáticas exentas de cronologías. Aquí no importa el desarrollo lineal, sino las coincidencias y obsesiones temáticas como la infancia (Perspectivas), el lenguaje (Baldíos), la naturaleza (Perímetros) y los guiños al arte latinoamericano. Esta revisión resulta refrescante en México porque nos invita a mirar hacia el sur y dialogar con artistas latinoamericanos de carreras medias (Johanna está en sus cincuenta), para encontrar si no coincidencias, sí entusiasmos por marcar senderos alternativos desde una perspectiva latina que dialoga de tú a tú con la propuesta global.

 

La revitalización de espacios que escapan al centralismo de la exhibición del arte, como es el caso de los tres espacios aquí retomados, no sólo crea nuevos destinos para la mirada, sino que enriquecen al espectador y a la creación. Además, tienen la característica de generar participación más que competencia, pues no se trata de calificar al mejor, ni de los poderes asociados. Lo que buscan es integrarse a un diálogo con espacios emergentes, que plantean una reconfiguración del mapa cultural y que contribuyen a la democratización de esa mirada que hoy ya empieza ver más allá de los centros.

expo-06

Cortesía Museo Amparo

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Curadero