Festival de las Ideas: cuando el pensamiento sale a las calles

Nuestros antiguos griegos insistían mucho en diferenciar el reino del ergon, el acto, y el del logos, la palabra. Muchos creían que estas últimas jamás llegarían a estar a la altura de la claridad de los primeros. Algo similar pensaron, quizá, algunos esta tarde en la primera jornada del Festival de las Ideas, el descomunal y ambicioso evento organizado por el Círculo de Bellas Artes y La Fábrica que reunirá los próximos días a las mentes más brillantes de la filosofía.

Pese a haber llenado la ciudad de Madrid de actividades, conferencias, paseos filosóficos, libros y tertulias, hoy todas las miradas se dirigían a un único escenario: el situado en Plaza de España, donde hablarían la socióloga Eva Illouz y, después, la teórica política Wendy Brown.

Plaza de España, Madrid, en el primer día del Festival de las Ideas

Cualquier de ustedes puede estar preguntándose en estos instantes: ¿fue una provocación arrancar el Festival con Eva Illouz hablando sobre “Las emociones contra la democracia” después de sus crudas y recientes declaraciones contra las protestas pro-Palestina? Es difícil saberlo. Lo que sí es evidente es que sólo pudo ser un genio el que decidió emplazar a Wendy Brown justo después. Esta vez, las palabras superaron a los actos por goleada. Sólo había que estar allí para verlo.

La conferencia de Illouz comenzó con la perspicacia que suele caracterizarla en sus libros. Las emociones, cuando se declinan colectivamente, tienen un impacto político ineludible. Es en el momento en el que construimos narrativas o marcos de interpretación para esas emociones cuando la realidad social cobra un sentido concreto y, por desgracia, no siempre acertado, decía.

A continuación, Illouz explicó que, si bien no existe un catálogo de emociones propio de cada ideología, sí podemos identificar un mayor rédito dependiendo del marco en el que se aplique. Por ejemplo, la repulsión sirve de anclaje desde donde articular la retórica de la extrema derecha, pero rara vez logra movilizar a la izquierda.

Eva Illouz en El Festival de las Ideas

Quizás la emoción que la socióloga eligió para ilustrar su idea fue algo desafortunada, porque acto seguido un grupo de activistas pro-Palestina interrumpió el acto alzando una kufiya frente al escenario. En ese momento, la intervención de la moderadora, Lara Siscar, fue impecable (quizás demasiado, como si hubiera sido preparada para ese instante): “este es un festival de las ideas y cada uno tiene que expresar las suyas. Una vez expresadas, tenemos que dejar que otros también lo hagan”.

Entre el público la sensación era agridulce: algunos –pocos– aplaudían a los jóvenes activistas; otros –menos aún–, exigían a voces que se retiraran. La mayoría, simplemente, se debatía entre querer escuchar a una académica cuyas obras apreciaban y secundar una protesta, no lo olvidemos, moralmente justa. Por suerte, la conferencia de Wendy Brown, titulada “Un mundo sin valores”, desenredó a la perfección ese malestar.

Su conversación giraba en torno a Max Weber y cómo su pensamiento puede sernos útil para afrontar la pérdida de valores en nuestras sociedades. Curiosamente, insistió en que la propia idea de verdad está en crisis: que el ser humano sea un ser que se narra a sí mismo significa, también, que otros pueden construir interpretaciones muy distintas a las nuestras. Aunque no nos guste asumirlo, hasta las verdades que situamos en lo más íntimo de nosotros son contingentes y, en consecuencia, en cualquier momento pueden ser impugnadas.

Wendy Brown junto a Jesús García Calero

Para ello, Brown diferenció entre dos espacios, el ámbito del conocimiento y el ámbito de la política. El uno es pacífico, tranquilo y con el espacio suficiente como para cuestionar los valores que en ocasiones asumimos acríticamente; incluso, para refutarnos a nosotros mismos. En este aspecto, las universidades cumplen un papel fundamental a la hora de problematizar conceptos desde todos los prismas de pensamiento, incluidos aquellos que se encuentran en las antípodas de nuestra ideología. “Desde hace unas décadas estamos cometiendo un error en las universidades, desde la izquierda pensamos que nuestra labor es la de mantener un conjunto de valores en vez de ofrecer una enseñanza más amplia y atravesada por otros pensamientos”, explicó. Sólo así es posible pulir el conocimiento y, sobre todo, conceder una honesta educación a los estudiantes.

El otro, el de la política, viene marcado por el ritmo de la lucha y la violencia, donde no podemos parar a preguntarnos qué es la libertad, decía Brown, porque lo urgente, lo inmediato, es pelear por conseguirla. De nuevo, el ejemplo no parecía casual.

La pregunta, por tanto, parece obvia: ¿a qué ámbito pertenecía aquel escenario cuando fue asaltado por gritos a favor de una Palestina libre? ¿Qué sucede con el pensamiento cuando se propone salir a las calles? ¿Y si las calles, después de todo, no están dispuestas a aceptar los términos del conocimiento?

 

Mercedes López Mateo
Investigadora predoctoral y docente en el departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid. Es graduada en Filosofía, Política y Economía por la Alianza 4Universidades, magíster en Crítica y Argumentación Filosófica (UAM) y en Estudios Clásicos (UCM-UAM-UAH). Es autora del libro Simone Weil (Libros de Filosofía&co, 2023).

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Publicado en: Corresponsal

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