Entre la arcilla y el cobalto: los efectos del eBook en la lectura

Por sus dimensiones, 15.2 cm x 12.7 cm, esta tableta es fácil de transportar y almacenar; y dentro de ella se encuentra la historia del mundo. En la palma de una mano cabe el relato épico por excelencia: la creación del ser humano y el diluvio universal. Si se pasa el dedo con cuidado, puede guiarnos a través de la historia de dos hombres que fueron enemigos y se volvieron hermanos para desafiar a los dioses. De sus líneas emergen animales fantásticos, serpientes que devoran frutos prohibidos y sueños que duran una eternidad. Esta tableta o, mejor, este conjunto de doce tabletas, contiene la épica de Gilgamesh (aproximadamente hacia el 3.000 a.C.), el primer documento literario del que se tiene registro, y fue encontrada en la biblioteca del rey asirio Assurbanipal, que reinó en Nineveh entre el 668 y 627 a.c. en la actual Irak. Tallada sobre arcilla con un punzón o stylus, los surcos representan el arcadio o babilonio antiguo en escritura cuneiforme. Las tabletas de arcilla son uno de los muchos intentos de la humanidad por materializar de forma duradera historias e ideas. Antes de ellas, se escribió en huesos, rocas y pedazos de madera, pero fueron las tabletas de arcilla el primer medio de comunicación masivo y universal. Durante 3,000 años florecieron en bibliotecas de civilizaciones como la sumeria, la babilonia y la eblaíta en más de 15 lenguas. Debido a que la arcilla es un material frágil y el agua borra su superficie (lo que en algunos casos resultaba útil para reciclarla), muchas tabletas se exponían al fuego para hacerlas más resistentes. De tierra y fuego nacieron todos nuestros relatos.

Kindle Fire –una tableta casi idéntica en medidas– fue lanzada al mercado por Amazon a finales del 2011, el mismo año en que sus ventas de libros digitales (eBooks) superaron las de libros impresos. Hoy en día se estima que los eBooks componen el 25% de las ventas de libros a nivel mundial, sobrepasando a los impresos en países como China y Egipto. El libro moderno proviene de la materia que lo compone (latín liber –corteza, germánico bōk –madera) y su forma física evolucionó durante la Edad Media hasta consolidarse con la invención de la imprenta. El libro moderno es la culminación de un sinnúmero de experimentos por aprehender la palabra; representa una unidad tan básica, como una silla o una mesa, que es improbable que un nuevo formato ponga en riesgo su existencia. Esta  suposición está respaldada, hasta ahora, por las estadísticas. Pese a que los eBooks han aumentado en popularidad, se han convertido más bien en un complemento a la lectura de libros impresos.  Por cada eBook se venden cuantos libros impresos. Incluso entre los más jóvenes en los Estados Unidos (entre 18 y 29 años) hay una preferencia del más del 68% por los libros impresos, aunque lo usual es que se lean los dos tipos de formatos.

Ilustración: Gonzalo Tassier

Libros digitales vs. libros impresos

Las ventajas de los eBooks son claras: su capacidad de almacenamiento los convierte en bibliotecas portátiles, los libros son accesibles desde cualquier parte del mundo, tienen funciones multimedia y, en teoría, un menor impacto ambiental al reducir la tala de árboles. Sobre esto cabe aclarar que para producir una sola tablet se necesitan 15 kilogramos de minerales que incluyen recursos naturales como el cobre, litio y cobalto, alrededor de 1000 Kw/h de combustibles fósiles y 300 litros de agua; mientras que los libros impresos actuales están hechos de papel reciclado en su mayoría. Sin embargo, los eBooks vienen acompañados de ciertas desventajas como la necesidad de batería, menor durabilidad, el control de las licencias (no se pueden prestar libros) y los problemas de salud derivados de leer en una pantalla (vista cansada, dolor de cabeza y la alteración del ciclo del sueño).

Un metaanálisis de la Universidad de Valencia, que incluyó veintiséis estudios de comprensión lectora, desde el año 2000 al 2022, y donde participaron casi 470,000 personas, reveló que los hábitos de lectura impresa pueden aumentar la comprensión lectora entre seis y ocho veces más que la lectura digital. Esta conclusión, en apariencia apabullante y que sirve de clickbait en muchos sitios de internet, tiene varias vertientes que van más allá de la forma física de los libros. Los hábitos de lectura son fundamentales para desarrollar una comprensión lectora. A menudo estos hábitos se consolidan a través de la lectura de novelas, periódicos, revistas o cómics. Lectores asiduos tienden a enfrentarse con mayor frecuencia a lecturas desafiantes en comparación con los lectores ocasionales, lo que amplía sus habilidades de comprensión a un ritmo mucho mayor.

En la última década, la lectura recreativa de libros de ficción, revistas o periódicos se ha desplomado entre los adolescentes. Por otro lado, los formatos digitales como chats, blogs, noticias en línea y páginas web prevalecen entre esta población como los medios predilectos para obtener información o entretenerse. Varios estudios señalan una menor habilidad de comprensión en aquellos con hábitos de lectura digital, sin importar el grupo de edad o si el texto es recreativo o académico. Ya que los medios digitales sirven a otros propósitos ajenos a la lectura, estos podrían estimular la multitarea y distraer al lector (aunque muchos prefieren el acceso inmediato a otros materiales digitales para profundizar sobre el tema, lo que aumenta su motivación y la dedicación). Un factor más influyente pudiera ser la “hipótesis de superficialidad”, que establece que el internet ha traído un nuevo tipo de lenguaje escrito, que se caracteriza por estímulos breves y rápidos, baja calidad de contenido, poca variabilidad lingüística y lenguaje informal. De esta manera, los lectores digitales no son expuestos al vocabulario académico o estructuras gramaticales complejas que se encuentran con mayor facilidad en textos impresos. Esto se apoya en que la baja comprensión lectora entre lectores digitales es más pronunciada en edades tempranas. Mientras mayor sea la exposición a lecturas digitales en la infancia, más difícil será para un lector temprano desarrollar una base lingüística sólida y tolerar las distracciones.

Leer con el cuerpo

Sin importar el formato, la lectura implica una interacción entre el humano y la tecnología. No leemos sólo el contenido de un texto, sino el material en el que se nos presenta; y este proceso se ha repetido muchas veces en la historia. La transición de la lectura impresa a la lectura digital implica un desplazamiento de las exigencias sensomotoras, ergonómicas y audiovisuales del papel hacia la pantalla. En las neurociencias, la teoría de la cognición incorporada afirma que la mente, el cuerpo y el entorno están estrechamente relacionados y son interdependientes. De esta manera, los procesos cognitivos son inherentes a los procesos sensomotores. El cuerpo, más que obedecer las órdenes del cerebro, tiene un papel activo en el procesamiento de información. Para algunos neurocientíficos, la cognición incorporada es la base de órdenes cognitivos más elevados, como la consciencia, los sentimientos y la toma de decisiones.  La posición del cuerpo al tomar un libro, el ajuste de la cabeza, la textura del papel entre las yemas, todas son experiencias físicas que modulan nuestra atención e influyen en nuestra interacción con el texto. Por otro lado, la memoria y el aprendizaje están supeditados a nuestros sentidos. No sólo obtenemos información a través de la vista, sino también a través del oído, el olfato, el tacto y el gusto. Tanto la consolidación como la evocación de memorias (que depende de estructuras profundas en el cerebro conocidas como sistema límbico) están ligadas al modo en que se obtiene información a través de los sentidos. Un libro es sensorialmente más rico que un eBook, lo que puede facilitar el aprendizaje.

Además, leer libros físicos abre las puertas a experiencias sociales más significativas. Ya sea recorriendo los pasillos de la biblioteca, pasando los dedos sobre el lomo de los libros, o hallando un libro en una banca pública; el placer de la lectura proviene muchas veces de lo que hay fuera del texto. De sentirse cómplice de esa secta que pasea por las librerías sin dinero en el bolsillo y, cuando nadie mira, acercan la nariz y abren un libro. Es posible que el rey Assurbanipal también deambulara por su biblioteca para sentir la aspereza de la arcilla y se dejara impregnar por el aroma barroso de sus obras favoritas; que en la Edad Media alguien desenrollara un pergamino con el mismo placer con que se desenvuelve un mapa; o que Gutenberg acariciara el hierro de la prensa para sentir la tinta que se volvería palabra. Conforme incorporemos nuevas tecnologías de lectura, desarrollaremos nuevos hábitos, algunos, probablemente, mejores que otros. Pero. ya sea sobre arcilla, piel, corteza o cobalto,  nuestra búsqueda por plasmar ideas y compartir historias no se detendrá jamás.

 

Bibliografía:

(2016) “The World´s Oldest Writing”. Archeology Magazine. Archeological Institute of America.

(2021) “The epic adventures of the Gilgamesh Dream tablet”. BBC. World News.

Altamura L, Vargas C, Salmerón L. (2003) “Do New Forms of Reading Pay Off? A Meta-Analysis on the Relationship Between Leisure Digital Reading Habits and Text Comprehension”. Review of Educational Research. Universidad de Valencia.

Annisette L, Lafreniere K. (2017) “Social media, texting and personality: A test of the shallowing hypothesis”. Personal and Individual Differences. Vol 115: 154-158.

Mangen A, van der Weel A. (2016) “The evolution of reading in the age of digitization: an integrative framework for reading research”. Literacy, 50 (3): 116-124.

Craighero L (2022) “The Role of the Sensorimotor System in Cognitive Functions”. Brain Science, 12 (5): 604

Vallejo I (2023) El infinito en un junco: la invención de los libros en el mundo antiguo. Editorial Siruela. Madrid.

Mario de la Piedra

Neurocientífico por la Universidad de Bremen. En la actualidad cursa su residencia en Neurología en Berlín, donde combina su carrera como médico e investigador con la divulgación científica.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Ciudad de libros, Tecnología

4 comentarios en “Entre la arcilla y el cobalto: los efectos del eBook en la lectura

  1. Falta tomar en cuenta si existen diferencias entre lo que leen aquellos que leen libros impresos y los que leen libros digitales; no es lo mismo leer quinientas páginas del libro vaquero que leer la odisea o moby Dick.

    También hay que evitar confundir calidad con cantidad; el primer libro de Harry Potter tiene menos de doscientas paginas, pero su extensión fue aumentando hasta tener casi mil páginas en el séptimo libro (casí pareciera que les pagan a los autores por kilo de páginas impresas) y al menos la mitad de esas páginas son superfluas.

    Leer 20 páginas de un cuento de Arreola o Borges y después pasar 40 minutos tratando de entenderlos puede ser más provechoso que atiborrarse con 500 páginas de la lista de los mejor vendidos. Hay que evitar el fetichismo de la cantidad.

  2. También podría ser que en un libro digital si te hallas con algo que cuestione tu punto de vista, se le puede desechar fácilmente. En un libro impreso es ´mas dificl, ya se hizo el gasto de comprarlo y ni modo de tirarlo ala basura.

  3. Los libros de quinientas páginas que se leen en una sentada es equivalente a la comida chatarra.

  4. buenos comentarios acerca del tipo de libros que podemos utilizar, mi opinion es que los libros fisicos de alguna manera nos permiten repetir la lectura.de un parrafo para comprender el tema que se analiza

Comentarios cerrados