El punto ciego de Love is Blind

Mi prima Francesca goza de narrar a detalle su jornada en redes sociales: “Hello, ¿cómo están todos?. Así empiezan sus videos en Instagram, donde muestra su rutina de entrenamiento en bicicleta estática; consejos prácticos (y no tan prácticos) de belleza; o notas de gratitud donde describe su filosofía vital en la que propone no perseguir, sino atraer. Mi uso de instagram se reduce al catálogo fotográfico de nubes, volcanes y plantas. Me incomoda compartir cualquier cosa que de indicio de mi vida personal.

El día que vi que el hello matutino de Francesca venía seguido por un anuncio que la mostraba como parte de una producción de Netflix llamada Love is Blind (LIB), pensé: ¿Qué demonios es LIB? ¿Cuándo se filmó? ¿Será por eso que mi prima faltó al cumpleaños de la abuela? Al mismo tiempo, no me sorprendí. La última vez que la vi fue en la Navidad de 2023, cuando visité el hotel que administra su papá, donde ella trabajaba ofreciendo desayunos a los huéspedes. No paraba de trabajar. Acababa de filmar el programa, pero no supe (ella y toda su familia firmaron un acuerdo de confidencialidad que les impedía mencionar cualquier cosa relacionada al show.)

El experimento —como el reality se refiere a sí mismo— se divide en cinco etapas con las que se pretende responder: ¿el verdadero amor es ciego? La primera etapa es un speed-dating en el que 17 mujeres y 17 hombres se conocen dentro de unas cabinas en las que no pueden verse, sólo pueden escucharse. Detrás de las cabinas hay un área común de hombres y una de mujeres en la que se juntan a comentar sus citas. Los participantes escogen a sus pretendientes favoritos, a quienes quieren “volver a ver”. El número de citas se reduce según los rankings. Esta etapa concluye cuando las parejas hacen match y se confiesan la intención mutua de casarse. Sólo entonces pueden verse en persona. La segunda etapa, en que participan quienes hicieron match, consta de un viaje a un hotel bohemio-chic en el caribe mexicano. En la tercera etapa, las parejas cohabitan en la Ciudad de México. La cuarta etapa es la boda: último momento en que los participantes pueden decir el “sí acepto” o “no acepto”. La quinta etapa es un reencuentro en un foro televisivo ocho meses después de la boda.

La primera semana de agosto vi mi primer reality show. Quería estar lista para la premiere de mi familia en la plataforma de streaming. Por la estructura del programa sabía que saldrían mi tío, mi tía, mi sobrina. ¿Acaso saldrían mis demás primas también? No sabía qué esperar. No podía creer que iba a tener acceso a la vida privada de mi prima—de mi familia— en Netflix.

1.Cabinas

Espero la aparición de mi prima con ansias, pero no entra en escena sino hasta el tercer episodio. Mientras tanto, conozco a los otros personajes en las cabinas. Identifico un patrón: las mujeres se presentan en su mayoría claras, inteligentes, maduras, exitosas, responsables, deportistas, directas y empáticas. Muchos hombres muestran lo contrario: “Yo soy inestable en el sentido de que no pienso mucho en el futuro. Yo sí soy de los que dicen: ‘Vamos a viajar, chingue su madre.’ Yo sí soy de que me gasto todo el dinero, la verdad.” dice René en una de sus citas. Me parece casi imposible que haya matches en este programa.

Sin embargo, a partir del primer capítulo noto que algo no cuadra: los hombres parecen ser más cotizados que las mujeres. Si hay el mismo número de hombres que de mujeres participando, ¿por qué los hombres tienen más demanda? No hay una sola mujer por la que compitan al menos dos hombres. El show sugiere que ninguna mujer es deseable, interesante o cotizada. En el área común de las mujeres se narra lo contrario: los hombres son tan deseables que merecen luchar, competir y traicionar. Alejandra y Silvia compiten por ser la elegida de Chemita. Chio, Irais y Karen se disputan la posición número uno de la lista de Fernando. Mafer y Fernanda dejan el alma en escena con la esperanza de forjar una conexión con Gerardo. Karen y Leti buscan a Saúl. Las mujeres están dispuestas a todo para ser la afortunada merecedora de un hombre. Esta disparidad sólo puede venir de la narrativa construida por la producción: en este reality, la realidad es un artefacto de  la edición.

Veo la construcción de los personajes en las cabinas. Me llama la atención el personaje de Karen, asesora financiera con una hija pequeña. Es madre de familia y enfatiza la importancia de la relación con su hija. Parece tranquila y sensata. Pero, de pronto, Karen aparece en varias ocasiones discutiendo su vida íntima y sus deseos sexuales. Es incomprensible que una madre quiera dejar esa narrativa de sí misma en televisión mundial a la que su hija podrá acceder. Para los televidentes, el personaje de Karen queda reducido a su sensualidad. Que sea una asesora financiera exitosa, que sea madre, que sea empática. . . todo eso se desvanece.

Finalmente sale mi prima, quien vive la historia de amor más aburrida de todas. Conoce a Willie. No hay altibajos. No hay dramas. Saben que se gustan. Se lo dicen. Hacen match. No aparece discutiendo sus deseos sexuales. Se conocen en persona y se comprometen. No hay más. Agradezco que el programa muestre a mi prima como una mujer centrada, que sabe lo que quiere. Agradezco aún más que no la muestran como parte del frenesí que lucha por la atención de los hombres. Sobre todo, agradezco que no la reduzcan a su sensualidad.

2. Viaje paradisiaco

Sigue la fase de Tulum, a la que pasan Francesca, Leti, Karen, Fernanda y Silvia. Van acompañadas de sus parejas para experimentar su conexión física. Hay picnics en la jungla, paseos en yate, ceremonias de amor “mayas”, rutas en kayak y citas románticas en piscinas con pequeños buffets flotantes decorados con plumas, flores y una estructura de sandía cuyo único fin parece ser cubrir  una piña.

En algunas parejas observamos contacto físico e intimidad. Muchos parecen disfrutar la escapada paradisíaca. Sin embargo, hay tensión entre Leti y Saúl. Desde sus conversaciones en cabina, ella mencionó que necesita sentirse cómoda con la otra persona antes de tener contacto sexual. El proceso le toma tiempo. Saúl dice que lo va a respetar. Este entendimiento mutuo dura poco. “No me sentí lista para tanto contacto físico y me sacó de onda.” dice Leti el primer día en el paraíso. “No se ha cumplido la necesidad física en la manera que debería de ser.” reacciona Saúl. La pareja llega al peculiar acuerdo de jugar ajedrez como forma de conciliar diferencias. Leti defiende una y otra vez los límites que estableció con Saúl. Luego lo escuchamos de nuevo a él. “Es una mujer muy, muy cerrada a todo lo sexual y amoroso”. Continúa expresando su resentimiento ante las negativas de Leti: “Vengo acumulando varios, no, no, nos.” La estrategia de mediar la intimidad con peones y alfiles no tiene el resultado deseado. Esta pareja no tolera más el paraíso. Rompen en el momento que termina el viaje y abandonan el show.

A pesar de la asertividad y claridad de Leti a lo largo del programa; a pesar de poner límites de manera explícita y asertiva desde la fase de cabinas; a pesar de buscar el consenso al conversar, Leti deja mala impresión en los televidentes. No hay nada en la edición del programa que dote de legitimidad a sus límites, a su defensa de lo que quiere y su rechazo de lo que no. Bajo la mirada tramposa de quienes editan el pietaje para construir una narrativa, Leti es cerrada, miedosa y desconsiderada con su pareja. Saúl, en cambio, deja la impresión de un hombre que sufre por incomprendido, por dar demasiado amor sin recibir a cambio lo que demanda. Un hombre normal.

3. Cohabitación

El resto de parejas continúa a la fase de cohabitación. En esta etapa, empiezan los roces entre Fernanda y Gerardo. Fernanda no se siente considerada: Gerardo se fue a dormir sin decir buenas noches, no le pregunta si quería algo del supermercado, no la hace partícipe en la cotidianidad. Ante los televidentes, Gerardo peca del mayor pecado que suelen pecar los hombres: de nada. Nunca vemos las pequeñas acciones u omisiones que llevan a Fernanda a reaccionar como lo hace. Gerardo le repite en múltiples ocasiones que está seguro de su intención de casarse. Ella, sin embargo, sospecha algo. Esas acciones que los televidentes no ven le dan un presentimiento. El día antes de la boda ella le pregunta: “¿Estás enamorado?” Gerardo contesta la más hiriente respuesta imaginable. Ella recibe esta negativa en la víspera de la boda. Herida, le grita a Gerardo y rompe la relación.

La interpretación que de este incidente nos sugiere el programa es la que cabría esperar: Fernanda es una loca, exagerada, descontrolada, impulsiva y reactiva. Él, sin embargo, es tranquilo, sociable y da discursos motivacionales a sus amigos. Para dirimir sus conflictos con Fernanda, recurre al mismo gesto queKenutiliza para seducir a Barbie en la cinta: las habilidades del cantautor. En este caso, su serenata sucede en la intimidad, frente al minucioso registro de la cámara de Netflix. Él mira al lente y entona su más reciente composición al son de las cuerdas pulsadas de su guitarra. La producción decide una vez más ridiculizar a la mujer. La narrativa ya pintó de forma negativa a tres de las cinco participantes que salieron de las cabinas. Los hombres, por el contrario, siguen invictos.

Mi prima también enfrenta dramas en la cohabitación. Francesca se muestra determinada: sabe lo que quiere. Quiere un matrimonio con Willie para criar a su hija preadolescente. Quiere estabilidad. Lo quiere a él, dice en repetidas ocasiones. En cambio Willie cambia de opinión por lo menos una vez por capítulo: hay días que quiere criar a Mila, mi sobrina, y hay días que quiere salir corriendo. Willie dice sufrir del síndrome del barquito de papel: él va a donde lo lleve el viento sin tener control del timón. Pobre Willie: a sus 34 años nunca ha tomado una decisión. El ir y venir que lleva a este barquito a oscilar entre matrimonio y abandono hace que mi prima pierda control. “¡Qué pocos huevos!”, le grita a Willie, volviéndose un meme instantáneo en el internet.

4. Marcha nupcial

Tres semanas después de la premiere, salen al aire los capítulos de la boda. Estos episodios representan para mí mucho más que el final de una serie: del resultado dependía quién estaría presente en mi próxima cena navideña. Un momento tan importante amerita ver Netflix tomando yogurt griego y mi café recién prensado a primera hora de la mañana. El juez le hace la pregunta tan esperada a Francesca: ¿quieres casarte con él? No voy a revelar su respuesta, pero sí diré que mi prima respondió con un discurso que conmueve a los asistentes hasta las lágrimas. “Una mujer fuerte multiplica, no resta” dice como parte de su discurso nupcial. Se le ve empoderada y fuerte. El personaje de mi prima queda dignificado, pienso. Más allá de su carácter y de la explosividad que la marcó en episodios anteriores, su personaje trasciende como decidida, inteligente y hasta feminista.

5. Reencuentro

Tres días después sale al aire el último capítulo, el reencuentro ocho meses después de la boda. Lo veo más por inercia que por curiosidad. A fin de cuentas ya conozco el veredicto de la boda y lo que me espera en la siguiente reunión familiar. Los hosts hacen preguntas que incitan al conflicto. En un momento vemos un clip en el que Willie describe que Francesca quiere un matrimonio de 1860, en el que el hombre pague todo. “Parece que tú lo único que quieres que se multiplique son las deudas de Willie”, le dice un host a mi prima. Así de la nada, en los últimos 15 minutos del show, se desploma el personaje de mi prima. No quiere trabajar, narra el show. Es una falsa feminista. Una hipócrita. Una mantenida. Acaba el capítulo, acaba el show. Estoy helada, triste y confundida.

Algo no me cuadra. Desde que fue madre a los 16 años, mi prima ha tenido más trabajos de los que puedo contar. Veo su respuesta en un live en redes sociales. Relata su versión. Ella le pidió a Willie unos años de descanso del trabajo para dedicarse a maternar. Está cansada de tantas responsabilidades, explica. Quiere parar el trabajo, temporalmente, para dedicarse a su hija preadolescente de tiempo completo. Cuenta haber dicho esto en sus conversaciones y en el foro del reencuentro. Sin embargo, en la edición final, sólo sale ella diciendo que no quiere trabajar. Quiere que su esposo la “mantenga”. La producción sacrifica a una cuarta mujer en el último episodio. La edición no dignifica los años de trabajo de alguien que fue madre adolescente. No dignifica el trabajo no remunerado de todas las mujeres que se quedan en el hogar.

Al final, parece que sólo una participante de las cinco que fueron a Tulum se salva de la narrativa misógina: Silvia. Es una modelo curvy, simpática y fiestera, segura de sí misma y no le importan las opiniones ajenas. Sin embargo, también es la única a la que nunca vemos ponerle un límite a su pareja. Es, en fin, una mujer adaptable y fácil de llevar. Con todo, no puedo decir que Silvia se salva por completo. No se salva, por ejemplo, de los múltiples comentarios sobre su apariencia física (estos comentarios sí que pasan el filtro editorial). Hago el cálculo final. De las cinco mujeres que van a Tulum, cuatro han sido estereotipadas y la última fue sacrificada por su apariencia. Los hombres, en contraste, salen invictos. Son normales, llevaderos,  sensatos. Hasta son víctimas de las mujeres, de las mujeres locas.

Desde que supe de la participación de Francesca en LIB, me preocupó que mi prima cediera su vida privada a Netflix. Pensaba que su comportamiento guiaría a la narrativa y definiría a su personaje público. Lo iba a hacer bien. Es inteligente, pensé. Hoy entiendo que no. No cedió sólo el acceso a su vida: cedió la narrativa de su personaje.

Las historias de las participantes de LIB fueron contadas por alguien que prefiere no ver lo que enfrentan las mujeres en México, que los hombres no son la principal víctima. Alguien que decide no ver que reducir a las mujeres a su sexualidad nos pone en peligro a todas. Alguien que decide no ver que invalidar los límites que ponen las mujeres nos hace más vulnerables, que si las mujeres gritamos es porque en este país nadie nos escucha, que México es uno de los países más violentos para ser mujer. Hoy no me queda claro si el amor es ciego o no. Pero una cosa me queda clara: la producción de Netflix sí lo es.

 

Sofía Mac Gregor Oettler
Licenciada en economía por el ITAM y maestra en política pública por la Universidad de Stanford.

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Publicado en: Cine, Departamento de quejas

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