
Tras las justificaciones iniciales, el lanzamiento de un blog requiere de una primera nota. Esa obviedad se puede resolver con facilidad a menos que uno crea, cabalísticamente, que esa primera nota debe representar el espíritu del blog. Sin pensar demasiado en el asunto y por fortuna, estiré el brazo a la mesa de noche y encontré las memorias de Daniel Cosío Villegas publicadas en 1976 por la editorial Joaquín Mortiz. El libro me pareció adecuado para el blog «registro personal» por tres razones: 1) Es una de esas memorias que se escriben muy poco en México, territorio donde el pudor o el cálculo político corrigen los recuerdos y los atontan. 2) Porque Cosío Villegas, a pesar de ser un economista a quien gustaban las comparaciones metódicas, también era un impresionista que se atrevía a incomodar al Presidente desmenuzando su “estilo personal de gobernar”. 3) Porque acaban de volver a desvelar una escultura de su persona, seguramente para su incomodidad póstuma, entre el Fondo de Cultura Económica y El Colegio de México. Aunque no de la mejor manera, la feliz ocasión puede verse como una muestra más del triunfo del personalismo sobre el argumento impersonal -presupuesto fundante de este blog. Aquí transcribo tres fragmentos que muestran apreciaciones tan personales como incisivas, que sin ser sistemáticamente académicas, nos dicen más de la experiencia de pasar por este mundo que una regresión cuadrática multivarial…
“en primer lugar, Calles comenzó por decir que consideraba poco menos que antipatriótico usar una medida ideada por extranjeros; en segundo, afirmó que esos señores de Roma no podían saber lo que de trigo, maíz o algodón se daba en Sonora. El sí porque era del estado y ranchero […] aquellos señores de Roma eran unos ignorantes, y yo, que les creía, un ingenuo. La verdad de las cosas es que pocas veces he visto un retrato tan elocuente de un gobernante mexicano: basan sus juicios acerca de estos problemas en experiencias personales y abrigan una desconfianza, cundo no un desprecio verdadero, de cuanto significa levantarse por encima de ellas para llegar a una generalización que se basa en hechos comprobables” (p. 299)
“[…] en aquel entonces me provocó una reprobación total, sobre todo porque me parecía condenable comprar -¡y tan barato!- una publicidad innecesaria, sino que Vasconcelos llevara su cinismo hasta disimular la fuente de sus soborno. […] Quizás a estas alturas esa petición me hubiera hecho reír al ver qué pequeñas son las debilidades de los grandes hombres […]” (p.95)
“ambas correspondían a concepciones distintas de la educación, de la cultura y aun de la vida en general. Estados Unidos, con su inclinación no sólo democrática, sino populista, pensaba en bibliotecas abiertas, accesibles a todo el mundo, y cuya eficacia se media por el número de volúmenes que contenían y sobre todo por el de los lectores que los usaban. Inglaterra, cuna de la democracia occidental, practicaba en esto, como en todo, un criterio selectivo, que descansaba en la idea aristocrática de que sólo a espíritus selectos y cultivados les era dable disfrutar y aprovechar una biblioteca como la del Museo, lo cual, en buena medida es incuestionable.” (p. 120)