El estado de la crítica literaria en México

En 1991 Octavio Paz escribió: “la práctica del periodismo literario tiene muchos peligros; el más grave, como se ha señalado muchas veces, consiste en confundir nuestras impresiones personales con la crítica propiamente dicha”. ¿Qué tan vigente puede seguir semejante declaración, más de treinta años después, cuando el principal peligro es más bien la aparente extinción del periodismo literario?

Con esta inquietud en mente, desde nexos le preguntamos a un grupo de escritores y críticos mexicanos cuál consideran que debería ser la función de la crítica literaria en nuestro país y cuál es su estado actual. Para la mayoría de los autores encuestados la crítica debe buscar orientar a los lectores en el maremágnum de las novedades, las redes sociales y la publicidad. Debe posibilitar una nueva experiencia de lectura, iluminar resquicios, trazar genealogías y contextos, despertar el gozo, amplificar el pensamiento, ofrecer herramientas de lectura, inaugurar perspectivas y alimentar o desestabilizar cánones.

No obstante, las respuestas en torno a la segunda pregunta son muy dispares. Participan quienes defienden la existencia a cuestas de la crítica en el país, como Ana Clavel, Martín Solares, Geney Beltrán y Luis Muñoz Oliveira; pero también escritoras como Malva Flores y Rosa Beltrán que presienten su desaparición. Están, por supuesto, las voces que matizan la pregunta haciendo énfasis en sus subgéneros o en los cambios que ha experimentado la crítica con base en sus condiciones materiales, como Isabel Zapata y Jorge Comensal, para quienes existen cada vez menos espacios mediáticos propicios a su desarrollo y las circunstancias de precarización de la prensa la vuelven poco atractiva para los especialistas. De igual modo, hay posturas como las de Armando González Torres o Enrique Serna, que aluden a la mercadotecnia como obstáculos para la crítica e impulsos para la opinología.

Pocos personas, como Rosa Beltrán, creen que actualmente la crítica en México está encausada en la confrontación; mientras que otros, como Guillermo Núñez o Hernán Bravo Varela, opinan que este género está más dedicado a la cursilería, a repartir aplausos e intercambiar favores, que al análisis literario. Alberto Ruy Sánchez y Julia Santibáñez afirman que la crítica ha dejado de ser una actividad limitada a algunos miembros de grupos privilegiados y se ha convertido en una tarea más horizontal, lo cual puede suscitar un mayor diálogo entre los lectores, aunque no forzosamente discusiones más rigurosas.

La falta de espacios periodísticos dedicados a la crítica literaria y, al mismo tiempo, el crecimiento de las redes sociales parecen alimentar a una clase discutidora con opiniones superficiales que demerita a la crítica profesional y diluye las lecturas sustentadas. No obstante, para las escritoras Carla Faesler y Socorro Venegas, esta descentralización no es del todo un problema, pues también esas lecturas no especializadas comparten impresiones sobre lo que es el mundo de los libros. Sumado a esto, para Gabriela Jáuregui es importante reflexionar sobre qué entendemos por crítica y dejar de asimilarla exclusivamente con ciertos sujetos, tradiciones y espacios de difusión. En cambio, posturas como la de Karla Zárate afirman que faltan voces calificadas a la altura de una tradición mexicana que solía contar con grandes plumas, una tradición que, según Marco Antonio Campos o Sara Poot-Herrera, hacían o hacen aún de la crítica una variante de la creación.

Ilustración: David Peón

Con él ánimo de contrastarlas y mostrar cómo dialogan unas con otras ordenamos a continuación las respuestas de esta veintena de escritores. Ojalá sirvan estas líneas para retomar un debate más que necesario en nuestro país, y en la antesala de la FIL de Guadalajara.

¿Existe la crítica literaria en México? ¿Cuál es su estado? ¿Cuál debería ser su función?

* * *

Enrique Serna

Hay dos clases de crítica en México: la informal, que son los comentarios de libros entre amigos, y la publicada en revistas o suplementos. La primera, por desgracia, es más influyente que la segunda, pues tiene más credibilidad. La gente no cree en la crítica seria y especializada, porque el medio literario tarde o temprano se las ingenia para cooptar a los críticos más independientes, que una vez fagocitados por la república literaria tienden a quedar bien con sus amigos y conocidos, en especial con los que tienen puestos importantes en la burocracia cultural. Para colmo, los espacios para reseñas se han ido reduciendo mucho, de modo que una buena cantidad de libros pasan inadvertidos para la crítica. Los youtubers han empezado a llenar ese vacío, pero como tienen una formación muy rudimentaria, son poco exigentes y tienden a transigir con la literatura barata.

En condiciones ideales, la crítica debería contrarrestar el poder de la mercadotecnia editorial, por ser la única brújula que puede indicarle al lector cuáles son los libros que vale la pena leer entre los cientos de novedades que aparecen cada año. Cuando un crítico dice lo que piensa en vez de hacer relaciones públicas puede desempeñar esa función orientadora. Pero yo he observado, no sólo en México, sino en España, que la mayoría de los críticos no son confiables cuando escriben sobre autores nacionales (sí dicen la verdad, en cambio, cuando reseñan libros de autores extranjeros). Por lo tanto, la mercadotecnia editorial puede manipular a su antojo los gustos del público, sin un contrapeso que denuncie sus abusos y tropelías. El mundillo literario adolece, pues, de una deshonestidad que propicia la mediocridad y la falta de rigor. Los francotiradores ajenos a ese tinglado hacen más falta que nunca.

Hernán Bravo Varela

Hace 150 años, Ernest Hello definió la crítica literaria como una tarea “urbana, correcta, melosa y mediocre [que] sólo tiene opiniones convenidas, admiraciones prudentes [y] entusiasmos oficiales”. La frase aún es útil para advertir la corrección política, cursilería intelectual y tibieza estética de la crítica de hoy. La que sobrevive en revistas y suplementos lo hace, junto con la poesía, en espacios claustrofóbicos: notas al pie de una literatura sin adjetivos. Hello propone que la crítica “debe hablar en el presente la palabra del porvenir”. Sin embargo, salvo contadas excepciones, la crítica literaria en México fue tomada por los reseñistas, que hablan en el presente la palabra del presente. Y el tiempo apremia. El crítico literario mexicano ha dejado de hacer apuestas por temor a una ingrata posteridad. Es el Fantasma de las Novedades Pasadas, Presentes y Futuras.

La crítica literaria debería ilustrar sin pedagogías. Ponderar sin tendencias. Atinar con dudas y equivocarse —contradecirse, incluso— con entusiasmo. Asumirse como una literatura argumental y, a la vez, hipotética. Y, claro, redoblar las apuestas: su materia de estudio, incierta ya de por sí, lo obliga a ello.

Marco Antonio Campos

Hablemos de lo que ha sido la crítica periodística. Es muy difícil hacer una evaluación porque mientras más medios digitales hay es más difícil hacer un juicio, pero por lo que he leído hay un declive. Cuando imperaban los medios impresos se podía seguir lo que se escribía de crítica cada semana; se seguía una crónica o una columna, siempre muy bien escritas, como la de Xavier Villaurrutia, fino y exacto, Emmanuel Carballo, que por su sinceridad se ganaba un enemigo cada semana, o José Emilio Pacheco, que parecía saberlo todo y procuraba señalar lo mejor de los mencionados. Ellos hicieron de la crítica una obra de creación.

Un crítico debe ser un lector tenaz de lo mejor de cada género literario; debe escribir bien; tener los cinco sentidos despiertos y viva la imaginación para que la lectura de lo que ha escrito sea un deleite para el lector. En caso contrario, se queda en opinión o en un mero recuento de lo que es el libro o la obra. El crítico debe tener juicio y saber definir por qué un libro es malo, regular, bueno o excelente. Qué es lo que vale y qué es paja u hojarasca; ser un guía de los libros o las obras que le gustan. La crítica puede ser también una pieza artística. Yo prefiero escribir sobre los libros o las obras que me gustan, y más, si me entusiasman o me apasionan.

Daniel Saldaña París

La crítica literaria existe en diferentes niveles. Están los pocos reseñistas que sobreviven en los pocos espacios que hay y que más o menos han ido trazando una idea de la literatura. El problema es que muchas veces basta conocer su idea de la literatura para saber qué van a escribir sobre cada libro. Eso no sería un problema si hubiera, más allá de la opinión crítica, un trabajo sobre el estilo; es decir, que el crítico o la crítica, además de proponer una lectura, proponga también una escritura; que reclame un espacio de autonomía para su texto. Los buenos textos críticos se disfrutan con independencia de la idea de la literatura que defiendan. Luego está la crítica académica que suele ser inaccesible, farragosa e instrumental, y rara vez busca tener lectores fuera del sistema académico. Está también la crítica en redes y las videoreseñas, que cumplen una función social distinta (y necesaria), pero que suelen quedarse en la superficie. Y claro, está la crítica que sucede en los libros: una novela o un ensayo puede contener crítica literaria, en la medida en la que se escribe, en parte, en oposición a una cierta idea de la literatura (o de la cultura). Esta última crítica es la que más me interesa.

La crítica literaria debería tender puentes entre obras, entre disciplinas artísticas, entre periodos o corrientes. Iluminar un texto con otro. Generar conocimiento sobre una obra y generar, también, un gozo intelectual en quienes leen la propia crítica. Enseñarnos a amar una frase, una idea, un personaje. Subrayar creativamente. Privilegiar la pregunta sobre el blurb.

Rosa Beltrán

Hace tiempo que la crítica literaria se acabó en México. O quizá yo ya no fui capaz de encontrarla, de leerla. Lo único con lo que empecé a encontrarme eran certificados, declaraciones del brillo inmarcesible de ciertos autores —siempre los mismos— o de la invalidez de otros, generalmente de otras. Me aburrí. Por bien escritas que estuvieran esas reseñas no dejaban de ser opiniones subjetivas y poco profundas. Prefiero pensar ahora en el ensayo. Es un género que siempre ha estado vivo en nuestra tradición y que por fortuna se empieza a escribir más. Un ensayo tiene el espacio y, generalmente, el rigor suficientes para ahondar en el sentido de una obra, en la construcción, la riqueza verbal o temática, y en la complejidad de los personajes. Los ingleses y norteamericanos —aunque otros autores en lengua inglesa también, como Coetzee— escriben espléndidos ensayos literarios sobre otros autores. Desde Virginia Woolf hasta Vivian Gornick sucede con las autoras también. Pueden ver la influencia de ciertas obras en la historia del pensamiento, o el lugar que ocupan en la literatura y los imaginarios. Hoy empieza a ocurrir lo mismo con distintas autoras en nuestra lengua, algunas con libros inclasificables como El infinito en un junco de Irene Vallejo o los libros sobre literatura de Marta Sanz y María Teresa Andruetto. ¿Se trata estrictamente de crítica literaria? No lo sé, pero me interesa mucho más.

Creo —pero esto quizá no tenga que ver más que con un interés personal— que la crítica literaria no debe ser el réferi de una pelea imaginaria; debe ser una puerta para entrar a los mundos narrativos de otros autores y autoras y comprenderlos. La llave para acceder a la literatura en un sentido más amplio; para saber qué se ha escrito en las distintas épocas y de qué manera los contextos históricos, sociales, y la construcción de un canon han determinado y determinan las obras y nuestra forma de leerlas. Alfonso Reyes decía que la crítica no sólo descalifica, la crítica encomia y aplaude. Eso parece que se nos olvidó en este país, que sólo quiere vivir desde una única narrativa: la confrontación.

Alberto Ruy Sánchez

Mi impresión personalísima es que sí hay crítica literaria, que la hacen más y mejor mujeres y hombres jóvenes; y que, por fortuna, ha hecho explosión la imagen setentera del crítico "partidista de un grupo" que reparte condecoraciones y condenas. Se le ha destronado. La nueva incertidumbre de la crítica, de inmediato, me parece sana. Pero tiene retos de calidad y rigor grandes.

La crítica para mí es ante todo desciframiento. Ayuda a leer una obra, en el sentido que sea. El crítico es un lector con agudos instrumentos personales, adquiridos de diferentes maneras, que puede compartir con su público. Claro que siguen existiendo, aquí y allá, críticos que miden las obras con supuestas leyes de lo que debe ser un género o una idea precisa del mundo social o político. Pero este dogmatismo, muy común en ciertos egresados de escuelas soviéticas y similares (políticamente correctas) es, por suerte, cada vez más rechazado; aunque siempre tratará de regresar e imponerse.

Martín Solares

La respuesta a esa pregunta no ha variado al menos en los últimos cuarenta años: desde tiempos de Nezahualcóyotl los suplementos literarios se adelgazan o desaparecen de modo preocupante y unas cuantas personas convencidas de la necesidad de conservar el diálogo a propósito de la literatura luchan por mantenerlos a flote.

Además de continuar con la crítica literaria convencional sería estupendo leer literatura sobre literatura, bien escrita y argumentada, de modo que atraiga a los lectores más diversos y los convenza de leer no sólo las novedades sino obras remotas, extrañas, desconocidas o experimentales. La crítica literaria y los ensayos sobre literatura son más urgentes que nunca, ahora que una o dos personas del gobierno pretenden decidir qué se edita, distribuye u obsequia. Si se impone un sólo criterio en el mejor estilo dictatorial y nadie lo objeta, estaremos condenados a ver especialistas en aliens en el Congreso en lugar de a las madres buscadoras, a maestras de primaria bailando aeróbicos de dudoso gusto en los informes mañaneros y libros de texto gratuitos al estilo Marx Arriaga.

Julia Santibáñez

La crítica literaria en México ha sufrido cambios importantes. Por un lado se ha vuelto horizontal: ya no existe un puñado de críticos de prestigio a los que todos reverencian, sino que autoras y autores comentan los libros de colegas en medios de comunicación, incluidas las redes sociales. En general, se trata de una visión benévola y de formato breve. Por otro lado, están los clubes de lectura, conducidos por personas jóvenes en su mayoría, cuya aproximación es de tipo impresionista, sin bagaje académico. Y finalmente están los suplementos y las revistas, además de los libros especializados, donde voces informadas desmenuzan las novedades literarias de una forma crítica, que cuestiona la idea inamovible de canon imperante.

Considero que la crítica literaria puede servir como guía sobre qué leer, a la manera de un acompañamiento en el proceso de lectura, por ejemplo, para notar ángulos y giros estéticos que de otro modo pasarían desapercibidos. Puede enriquecer la experiencia en su conjunto (para el lector lo mismo que para el autor), al ponderar las fortalezas y debilidades de un libro. Además, puede abrir puertas a otras obras por comparación o contraste. Me gusta pensar en el crítico actual como una voz que aporta, que añade, más que en alguien que destruye una obra con la que no comulga.

Malva Flores

La crítica a la que estábamos acostumbrados a fines del siglo XX prácticamente ha muerto. La paulatina desaparición de revistas y suplementos; la emergencia y afirmación de las redes sociales como centro distribuidor de opiniones y, sobre todo, el reinado opresivo de la crítica que tiene el vaho supuestamente reparador y progresista del cubículo, han contribuido para que esto suceda. Ahora es muy difícil criticar una obra literaria sin considerar de antemano el perfil identitario o social del escritor: no importa cómo escriba, lo que importa es juzgar si ha sido víctima o victimario.

Para honrar el sistema víctima/victimario actual, propongo reconocer que leemos y escribimos conforme a lo que la crítica universitaria norteamericana —ese ente colonialista— nos ha impuesto y nosotros seguimos de rodillas. A partir de ahí, es forzoso abrir los ojos, volver a las obras y asumir nuestra lengua por encima de la uniformadora jerga académica. Es grande el temor a ser insultados por las “buenas personas” disfrazadas de críticos literarios (¡y hasta de escritores!) que se dicen inclusivos pero que, irónicamente, no respetan otra ruta que la suya. Aún con miedo, hay que insistir.

Ana Clavel

Por supuesto que sí existe la crítica literaria, pero al ser un ejercicio a contracorriente en un medio cultural cada vez más depauperado, se convierte en un acto de resistencia heroica.

Frente a la banalización de opiniones de neófitos y ególatras de las redes sociales, frente a la mercadotecnia rampante y feroz del medio editorial que lanza novedades que saturan las mesas de las librerías, el papel de la crítica —ya sea a través de suplementos culturales, revistas y páginas especializadas, incluso las de corte académico que publica libros temáticos—, es la de orientar con conocimiento de causa al lector, ofrecerle una criba para que no se pierda en el océano de lecturas anodinas y desechables.

Ilustración: David Peón

Armando González Torres

Existe una larga tradición de crítica literaria en México que se consolidó en el siglo XX. Se trata, por un lado y en primera instancia, de una crítica que provino de los propios escritores: Alfonso Reyes, Xavier Villaurrutia, Octavio Paz, Gabriel Zaid, y que buscaba definir un canon literario. En una segunda instancia, la crítica se consolidó en la academia, que ayudó a reforzar este canon. Aunque, son formas del enfoque literario muy distintas en su naturaleza y en su propósito, ambas trincheras tienen su espacio y su importancia y en las dos pueden mencionarse personajes y trayectorias ejemplares. El estado de la crítica en México es saludable y hay profusión de buenos lectores; aunque llaman la atención dos fenómenos: por un lado, la disminución de los críticos no académicos, lo cual se explica por los menores incentivos para que los escritores realicen crítica literaria (necesidad de producir en serie, utilización de la mercadotecnia en lugar de la crítica para crear los prestigios). Por otro lado, la disminución de espacios en las revistas y periódicos para la publicación de crítica literaria.

Como nunca antes, la concentración editorial y la abrumadora aparición de novedades literarias pueden inducir la uniformización del gusto e impulsar el poder casi omnímodo de la mercadotecnia y la propaganda. La crítica tiene la función de extender la memoria lectora; vincular la novedad con la tradición; discernir y distinguir los valores estéticos; hacer visible la heterogeneidad y riqueza de la producción literaria, y representar un contrapeso a la influencia excesiva de la publicidad en la creación de los panteones literarios.

Karla Zárate

Existe la crítica literaria en México, sin embargo, no está al alcance de todos, considero que es solamente para un círculo limitado de lectores. Faltan especialistas en este difícil oficio que, como dijo Alfonso Reyes, es una criatura paradójica que enfrenta, confronta y pide cuentas. No son suficientes los espacios en la prensa y otros medios que difundan opiniones calificadas. En otras épocas contábamos con excelentes críticos, mientras que hoy en día hay solo unos pocos de esa categoría. Debe promoverse con mayor intensidad esta actividad tan necesaria para el análisis y el desarrollo de la literatura.

 

La función de la crítica literaria debería ser, como dijo Saint-Beuve, enseñarle a leer a los demás y ejercer la capacidad de juicio sobre una obra. Una invitación a la lectura desde una aproximación abierta, a recorrer el texto por todas sus hendiduras y colinas, ir adelante, atrás, de lado, abordar todo lo que sugiere nuevas perspectivas. De esta manera se descubrirían y redescubrirían escritores y tendencias estéticas; se contribuiría a formar un gusto, una aguda apreciación de los autores y sus publicaciones. La crítica sería entonces un factor importante para entender la historia y la tradición literaria.

Sara Poot Herrera

Marta Gallo, entrañable colega argentina de la Universidad de California en Santa Bárbara, me dijo: “Los franceses nos dan ideas; los españoles, bibliografía”. ¿Y los mexicanos? Antes, podemos recordar las propuestas de lectura (eso de propuestas es un decir) de Alfonso Reyes, Octavio Paz, Carlos Fuentes o Tomás Segovia, por ejemplo. Incluso nos podemos acercar a la teoría a partir de la creación si realizamos un corte en la producción de la llamada “generación de medio siglo”. La crítica literaria en México existe en varios niveles. En su diversidad hay crítica literaria institucional y con esto me refiero a los estudios especializados y para especialistas; y hay otra de circulación más amplia, de “divulgación”, la que leemos en los periódicos. Más que crítica literaria son ensayos (o críticas literarias en forma de ensayos). Uno y otro caso están en la esfera de los estudios, son aproximaciones a la creación, lecturas que proponen una toma de distancia de cualquier texto, no para volverlo a contar sino para contextualizarlo. La crítica literaria (mexicana o no) está “a caballo” entre la creación y la teoría, más cerca de la interpretación. Tal vez la crítica literaria en México se acerca más al contexto, incluso a la anécdota. Proporciona una especie de “materialidad” de los materiales, su gestación, su relación con el momento de su creación, sus relaciones con otros textos.

Creo que su función tendría que ser más horizontal, proponer lecturas que puedan ser entendidas por especialistas y no especialistas; sencillas sin ser simples, con un conocimiento profundo que dé lugar a una explicación nada densa ni complicada. Retar (¿sería esa la palabra?) a la teoría que, desde fuera y sin contexto y a veces sin conocimiento del texto en cuestión, propone lecturas homogéneas, distantes. No es una oposición a las teorías (históricas, cambiantes, incluso “porosas” en algunas ficciones), de ninguna manera. La función de la crítica literaria en México sería más integral si propusiera lecturas interdisciplinarias, exigentes incluso a la creación. Que la crítica fuera menos “de comentario”, menos complaciente también (tampoco agresiva); más rigurosa frente a la creación, nada personal, objetiva —respetando, sí, subjetividades.

Carla Faesler

Hay empeño académico y hay quehacer profesionalizado fuera de lo universitario. Al margen de estas dos esferas —ligadas a la historia y teoría literaria— y de la comercial, hay tantos textos críticos como ideas sobre qué es la crítica. Así como hay columnas en el periódico, comentarios en la radio y entradas de blog, también hay posts en Facebook e Instagram o tuits. Todo es, de alguna manera, crítica literaria aunque esté fuera del ámbito especializado. Es subjetiva, caprichosa, interesada o como se le quiera llamar; pero nos da pistas y señales sobre el medio literario y sobre uno que otro libro.

No creo que la crítica literaria “debería ser“ de alguna manera. Cualquier comentario crítico teje, borda y remienda en la discusión sobre lo literario. A mí me gusta la crítica que abre la puerta a emociones, pensamientos y sensaciones que habitan el texto, sin juicio de valor; y que despierte al mundo de su proceso narrativo y textual, sus herramientas y materiales. Algo así como un ejercicio de Queneau.

Gabriela Jáuregui

A primera vista parecería que el estado de la crítica en México es uno de emergencia. Cada vez hay menos espacios para la crítica de libros. Pero esta primera respuesta comienza a matizarse si procuramos mirar desde otro lado: ¿Qué significa la crítica literaria? ¿Es algo académico? ¿Es algo de divulgación? ¿Ambas? Y entonces, ¿tiene que suceder en medios impresos como revistas o periódicos de renombre y circulación nacional? ¿Lo que sucede fuera de estos espacios acaso no es crítica literaria? ¿Quién valida y autoriza lo que es y no es crítica? ¿Tirar un hilo con vitriolo en redes es crítica? ¿Un TikTok que analiza un libro es crítica? ¿Un pódcast que dedica ocho episodios a analizar un libro es crítica literaria? Supongo que la respuesta más breve es: depende. Hacen falta espacios para crítica de largo aliento pero esa falta de espacios no es por falta de personas que quieran o estén capacitadas para hacer crítica, la crítica existe, sólo que es silenciada por el mercado. Es urgente dejar de pensar que la "verdadera crítica literaria" solo la hacen ciertas personas (varones), en ciertos espacios dedicados a validar cierto tipo de literatura (nacional aspirando a universal, ambos conceptos limitados, con sesgos y llenos de ausencias y borramientos).

La crítica, en México y cualquier lado, es una puerta al diálogo y la reflexión; una modalidad de discurso que permite e invita a la amplitud y la generosidad.

Isabel Zapata

La crítica literaria existe, pero me temo que es escasa y que su papel está opacado debido a una serie de razones estructurales. La mayoría tienen que ver con la precarización de los oficios de la industria editorial en general, que dificulta la formación de personas que puedan tomarse el tiempo de hacer una lectura atenta, indispensable para un acercamiento crítico a la literatura. Además, con la crisis de suplementos culturales, los espacios para publicar son cada vez menos y peor pagados. En ese mismo sentido, resulta relevante que las nuevas tecnologías —redes sociales, booktubers, etcétera— hayan transformado la dinámica del intercambio público de opiniones. Si bien hay voces enormemente valiosas en estos nuevos espacios de conversación, hay otras que cumplen más con el papel de influencer que con el de crítico.

La crítica literaria debería leer el presente. Una lectura concentrada en desmenuzar verdaderamente un libro —más allá de amiguismos y rencores privados, incluso de preferencias personales— va construyendo el andamiaje indispensable para que en el país se escriba más y mejor. No se trata de leer "bien" o "mal", se trata de leer con la mente abierta y a profundidad. La crítica literaria debe hacernos sentir la textura de los libros, lo cual es también mostrar el lugar que ocupan en el mundo, aquello que los sostiene y los impulsa.

Socorro Venegas

Creo que existen algunas voces interesantes compartiendo sus experiencias de lectura, y que no necesariamente se asumen como críticos literarios —una forma de nombrar el poder. Ante la extinción de los suplementos culturales en los diarios mexicanos, hay otros espacios como revistas digitales o impresas que mantienen la publicación de reseñas o ensayos que buscan desentrañar, para los lectores, una obra. La existencia de las redes sociales también ha descentralizado el lugar de la crítica, que a veces no puede ser profunda ni extensa por las condiciones de estos medios, y que por esto mismo a veces tampoco alcanza a ser crítica sino una mera recomendación para leer algún libro o autor. De todos modos me gusta y me interesa que en esos lugares se puedan ver portadas, se hable con pasión de la poesía o de una novela o se mencione el arte editorial. Es una democratización que debería también trasladarse al acceso al libro, pero ese es otro tema.

Pienso en lo que no debe ser la crítica literaria: prescriptiva. No tiene que ver con el rigor con que se lee y se escribe sobre una obra, sino más con el lugar del crítico que al asumirse como tal puede tratar a una obra injustamente. Cada lector es una constelación que alimenta y condiciona su mirada. Si la persona que hace crítica reproduce las convicciones de una sociedad heteropatriarcal, por ejemplo, no va a leer escritoras o lo hará excepcionalmente o pensará que en 2023 hay un boom de escritoras. Si es racista pensará que está bien que en un país donde se hablan más de 80 idiomas predomine la publicación en castellano. El ejercicio de la crítica literaria tendría que abrazar la curiosidad, el reconocimiento de otras personas, una diversidad que nos enriquece y que en toda su complejidad abre gozosas posibilidades de lectura y conocimiento.

Eduardo Huchín Sosa

Dos de los deportes favoritos de la comunidad cultural mexicana son anunciar, cada cierto tiempo, la muerte de la novela y, en momentos todavía más aciagos, la inexistencia de la crítica. Pero no creo en ninguna de esas dos leyendas. Que el comentario de libros haya dejado de ser exclusivo de las publicaciones culturales y ahora tengamos booktubers, usuarios de Substack o gente que hace videos de TikTok acaso cree esta sensación de una crítica que ya está muerta, pero no le han avisado. Sin embargo, la cantidad de buenos lectores que encuentro, en publicaciones formales e informales, me hacen ser optimista. Quizás hagan falta mayores espacios, o mayor atención, para esos otros ejercicios críticos.

La crítica literaria debería poner a discusión las obras. Eso a veces se confunde con ser un aguafiestas, levantar ampollas y animar polémicas, todo lo cual está muy bien, pero puede dar una idea bastante restringida de sus alcances. Me parece que la crítica se inserta siempre en una conversación más amplia: enriquecer, matizar, incluso desestabilizar esa conversación son posibilidades de la crítica. Y, dado que no se gana mucho dinero ni prestigio ejerciéndola y sí a algunos enemigos (la vida de un crítico es sencilla pero no en muchos aspectos), la crítica debería obedecer a una pasión. Y, ya luego, seguro le encontramos funciones sociales a la crítica bien hecha.

Guillermo Nuñez

Sí, existe la crítica literaria en México. Sobre su estado no creo que pueda agregar mucho al diagnóstico que realizó Nicolás Cabral en “La crítica, otra vez”; y en un tono más emocional y un poco más impreciso, a lo que yo escribí en un estado de psicodeflación en “Tiempo de guardar silencio”. Pero intentaré ser positivo: da un poco igual si está funcionando o no, en sus términos más óptimos (como un filtro entre la esfera privada y la conversación pública, a menudo, idealmente, en contra del poder). Y da igual porque la literatura ya se inventó y creo que, silenciosa o no, hay gente que sigue interesada en ella y a la que no se le puede engañar. Eso no va a cambiar en un sentido cualitativo. Los números son otra cosa.

La función de la crítica en México es hacer como que se cuestiona a escritores o escritoras, para poder participar en foros públicos de cualquier tipo; si es en video, mejor; si se cobra por participar, fantástico. Y también es llevar agendas a favor de lo malo y en contra de lo bueno. Su función en México es no incomodar, intercambiar favores, decir que todos los libros son excelentes y hacerlos éxitos de ventas, aunque nadie los lea. Si uno se atreve a hablar de cómo está escrito un libro, como si se tratara de una disciplina artística, se vale decir que la prosa es clara y el tema importante.

Geney Beltrán

Sí existe. El estado de la crítica es bueno, con sus asegunes, pues estamos leyendo bien el pasado mas no el presente. Hay varias generaciones de autores dedicados a la crítica que conviven desde distintas trincheras, con predominio, eso sí, de la académica. La crítica hoy se manifiesta en la publicación de ensayos críticos, investigaciones y recopilaciones de textos de autores valiosos según la tradición literaria, así como en cursos y conferencias a través de las plataformas electrónicas. Sin embargo, mucho de esta crítica circula poco y mal. Además, hay una carencia: el ejercicio frontal de lectura de las obras contemporáneas. Falta más reseña.

La crítica es discernimiento. Es el ejercicio del juicio en torno a la creación. La crítica relee la tradición y ofrece nuevas perspectivas; cambia nuestra visión del pasado literario. También examina la producción contemporánea y orienta al lector sobre nuevas propuestas. Lo que echo de menos es la presencia de este ejercicio en los suplementos y revistas. Así, la crítica no puede alcanzar su función democratizadora. Idealmente, la crítica dotaría a los lectores de argumentos y mejores herramientas para leer en profundidad la literatura de antes y de hoy.

Jorge Comensal

Distingo dos vertientes de la crítica literaria: la académica, que se publica en tesis, introducciones, artículos y libros especializados; y la “cultural”, que sale en suplementos culturales, revistas como Nexos y portales de internet como Goodreads y Youtube. La primera es mucho más abundante que la segunda, porque es un requisito para la formación e interacción de los estudiosos de la literatura; la segunda está pasando por una crisis bastante compleja, que en parte asocio con la pérdida de la autoridad cultural del crítico (a favor de la democratización de las reseñas en internet) y en parte con la falta de espacio y de remuneración, asociadas a la crisis general de la prensa escrita.

 

La crítica que he llamado cultural debería, además de reseñar y discutir el valor de una obra, ofrecer a los lectores herramientas humanísticas para interpretarla por sí mismos (su lugar en una tradición literaria, el análisis formal de la escritura, la discusión de las ideas planteadas por el texto), más allá de solamente calificarla en una escala de cinco estrellas o plasmar las impresiones personales sobre ella. Por otro lado, la crítica tiene la posibilidad de recordar a la sociedad cómo la literatura dialoga con los problemas públicos de nuestro tiempo.

Lorea Canales

La crítica literaria existe en la medida en que ésta sea publicada, remunerada y accesible a los lectores. México tiene una tradición tan vasta como su propia literatura; están, por ejemplo, las críticas escritas por Octavio Paz, Salvador Novo, Jorge Ibargüengoitia, Alfonso Reyes, Rosario Castellanos y las de los más contemporáneos, como Christopher Domínguez, Jesús Silva-Herzog, Tanya Huntington, Cristina Rivera Garza y Rosa Beltrán. Durante años, Sergio González Rodríguez tuvo una columna exclusivamente dedicada a la crítica de libros en el periodico Reforma, pero éstos espacios se han reducido y ahora hay que recurrir a sitios especializados. Por otra parte, se han abierto espacios en internet, Youtube y hasta TikTok, en donde se comentan libros, lo que ha llevado a una desprofesionalización de la crítica.

La crítica tiene la doble función de orientar al lector y dar valor a lo escrito. Los libros necesitan lectores y los críticos funcionan como lectores de primera fila, como centinelas. Se asume que son personas que han leído de forma portentosa, y cuentan con el contexto necesario para entender la tradición de la que los libros forman parte. Los críticos guían al lector y le informan; abren el apetito de la lectura; dan luz a autores o libros que no conoceríamos más que gracias a su empeño. Los críticos comienzan la conversación y por eso su función es tan delicada e importante.

Luis Muñoz Oliveira

La crítica literaria existe, sin duda, pero, en general, sin buenos espacios en revistas o suplementos. Su lugar es ocupado por opinadores, ya sea en los grandes medios o en Youtube y TikTok. Quienes hacen crítica publican ensayos en algunas revistas: Nexos, Letras Libres, Este País, Revista de la Universidad o La Tempestad, por mencionar algunas, y publican libros, sobre todo en editoriales independientes y universitarias. Se echa de menos un espacio para la crítica que sea referente, lugar para críticos "consagrados" y semillero. Lectores hay.

Los críticos definen su propia función. Ahora bien, ¿qué crítica me gustaría a mí? La que machaca con un punto de vista, porque es la forma en la que ese crítico ve el mundo, halla vínculos con tradiciones, explora a profundidad influencias y resonancias, ya no solo en lo que se narra (cuando se narra) sino en la forma. Crítica que desvele temas demasiado socorridos y trillados, que señale mecanismos repetidos y que, por supuesto, revise el estado de la propia crítica literaria.

Laura Baeza

Considero que hoy la crítica está polarizada entre la que se ejerce desde la academia (qué textos se ajustan a estructuras y cánones o son dignos de estudio), y la más accesible —pero no por eso superior— que es la que se ejerce en los medios de comunicación. Hoy confundimos opinión (la que sea) con crítica, y el exceso de opiniones en cualquier medio diluye una crítica objetiva.

La crítica literaria en México podría ayudar a generar una discusión en torno al producto artístico y su pertinencia o la falta de ella. La equivocación está en la recepción de la crítica: como lectores, algunos tendemos a ver en blanco y negro, acatar las críticas buenas o malas sin reflexionar; y como autores, corremos el riesgo de pensar que un texto debe ajustarse a ciertos cánones para tener una crítica aceptable.

 

Valeria Villalobos-Guízar
Editora de nexos en línea

Álvaro Ruiz Rodilla
Investigador y colaborador de nexos

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Publicado en: Con guante blanco