El zen podría considerarse el arte interior y la concepción de Oriente. Transcritos por Nyogen Senzaki y Paul Reps, los textos incluidos en 101 cuentos zen (Galaxia Gutenberg) relatan experiencias reales de maestros chinos y japoneses de zen a través de más de cinco siglos. Publicamos una nota y la adaptación del prefacio a la primera edición de estos cuentos en inglés. El título es de la redacción de Nexos.

Estos relatos [incluidos en 101 cuentos zen] fueron transcritos en inglés a partir del libro Shaseki-shu (Colección de piedra y arena), escrito a fines del siglo XIII por el maestro de zen japonés Muju (“el que no mora”), así como de anécdotas de monjes zen tomadas de varios libros publicados en Japón hacia comienzos del siglo XX.
Para los orientales, más interesados en el ser que en la actividad, el hombre que se descubre a sí mismo ha sido el más digno de respeto. Ese hombre propone abrir su conciencia tal como lo hizo Buda. Estos relatos tratan de tales descubrimientos de uno mismo.
El texto que sigue es una adaptación del prefacio a la primera edición de estos cuentos en inglés.
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El zen podría considerarse el arte interior y la concepción de Oriente. Arraigó en China gracias a Bodhidharma, quien llegó allí, procedente de la India, en el siglo VI, y en el XII se extendió hacia el este, hasta Japón. Lo han descrito como “una enseñanza especial sin escrituras, más allá de las palabras y las letras, que señala la esencia mental del hombre, ve directamente la naturaleza de uno mismo y alcanza la iluminación”.
En China el zen se conocía como Ch’an. Los maestros de Ch’an-zen, en vez de ser seguidores de Buda, aspiran a ser sus amigos y situarse en la misma relación sensible con el universo, como lo hicieron Buda y Jesús. El zen no es una secta sino una experiencia.
El hábito que tiene el zen del examen de conciencia a través de la meditación para realizar la propia naturaleza verdadera, dejando de lado el formalismo e insistiendo en la autodisciplina y la vida sencilla, llegó a obtener el apoyo de la nobleza y las clases dirigentes en Japón, y el profundo respeto de todos los niveles del pensamiento filosófico en Oriente.
Los dramas Noh son relatos zen. El espíritu del zen ha llegado a significar no sólo paz y comprensión, sino también entrega al arte y el trabajo, el valioso despliegue del contentamiento, la apertura de la puerta a la intuición, la expresión de la belleza innata, el encanto intangible de lo incompleto. El zen conlleva muchos significados, ninguno de los cuales es del todo definible, pues si se definen, no son zen.
Se ha dicho que si el zen forma parte de la vida de un hombre, éste se ve libre de temor, duda, anhelos innecesarios y emociones extremas. No le turban ni las actitudes intolerantes ni las acciones egoístas. Uno sirve a la humanidad humildemente, respondiendo a su presencia en este mundo con una amabilidad afectuosa y observando su paso por la vida como un pétalo que cae de una flor. La serenidad le caracteriza y goza de la vida con una dichosa tranquilidad. Tal es el espíritu del zen, cuya vestidura son millares de templos en China y Japón, sacerdotes y monjes, riqueza y prestigio y, a menudo, el mismo formalismo al que habría de trascender.
Estudiar zen, el florecimiento de nuestra naturaleza, no es tarea fácil en ninguna época ni civilización. Muchos maestros, verdaderos y falsos, se han propuesto ayudar al prójimo en esa empresa. Los relatos […] han evolucionado a partir de aventuras innumerables y reales en el ámbito del zen. Ojalá el lector actual las ponga por obra en su experiencia vital.
Nyogen Senzaki
Erudito budista de renombre mundial.
Paul Reps
Fue autor de varios libros, tanto en poesía como en prosa, inspirados en el zen.
Traducción del inglés de Jordi Fibla.