En el texto que aquí publicamos, Disfrazarse de “naco“, es claro que el disfraz, en la aparente inocencia de ser pretexto para hacer una fiesta, puede también ser refrendador de estereotipos y cómplice de actitudes reprobables. Lo que está detrás de disfrazarse en el caso de la fiesta relatada es, sin lugar a dudas, un acto de reafirmación de los jóvenes en relación a eso que identifican como “naco”. Buscan diferenciarse de lo que es “naco” a partir de que necesitan del disfraz para aparentar serlo.
En el caso descrito, el vestirse de determinada manera y simular ser algo más es una clara burla de ese otro. Pero el disfraz puede tener otros usos, entre los cuales está funcionar como parte fundamental en acciones de protesta. El disfraz tiene un poder simbólico innegable como lo exponen los siguientes ejemplos de manifestaciones en contra de la noción hegemónica de lo masculino y de aquello que le es propio. Reparar en esto consecuentemente señala la irresponsabilidad de creer que no significa nada disfrazarse para parecer lo que no se es.
En abril del año pasado un grupo de hombres de la comunidad kurda de Irán protestó por el trato que se les da a las mujeres en la región. ¿Cómo protestaron? Subiendo fotos a un grupo público de Facebook vestidos con ropa tradicional de mujer. La campaña “Kurd men for equality” fue lanzada después de que un juez del noroeste de Irán castigara a un hombre obligándolo a pasear por las calles precisamente vestido como mujer. Frente al precepto evidentemente misógino del castigo, los hombres que abrieron el grupo para protestar acompañaban sus fotos con el mensaje: “Ser mujer no es humillación ni castigo”. Estos hombres aparecen disfrazados, incluso con maquillaje y accesorios, pero en su caso eso que el juez pensó que era el castigo que se merecía un hombre condenado por cometer abuso doméstico es todo lo contrario. El disfraz se usa para identificarse con el otro, pero en una búsqueda por normalizarlo, por aceptarlo en su diferencia.
En el mundo del arte, la protesta por la prominencia de los hombres blancos en museos, articulada por el colectivo artístico feminista Guerrilla Girls, hace un uso distinto del disfraz. En su caso, lo aprovechan en una de sus principales características que es, antes de parecer otra cosa, evitar parecer uno mismo. A las Guerrilla Girls las identifica justamente haber mantenido su anonimato usando nombres de mujeres ilustres fallecidas pero sobre todo máscaras de gorila para ocultar su rostro. En una entrevista cuentan que las máscaras que usan tienen como principio distanciarlas de la realidad y así evitar que el público las tome menos en serio a partir de conocer su identidad. Además, presentarse como activistas con un mismo rostro les permite unificar el sentido de su protesta: no representan a una sola mujer, sino a todas las que puedan ocultarse tras una máscara de gorila. La elección del animal fue producto de un error ortográfico de una de las participantes, que escribió “gorilla” en lugar de “guerrilla”. Sin embargo, es cierto que el gorila también ha cumplido con el simbolismo del disfraz al poderlo identificar con la masculinidad y funcionando como la referencia de una historia de Kafka sobre monos domesticados por engreídos intelectuales, o artistas, dado el caso.
Sin embargo, es cierto que el disfraz en su acepción burlona –y en este caso, similar al uso que hacen los jóvenes de la fiesta de disfraces de “nacos”– también puede ser parte constitutiva de una manifestación en contra algo. Ejemplo de esto son los disfraces que usan los integrantes del grupo musical The Village People. Sus creadores Jacques Morali y Henri Belolo, vieron en una ocasión a Felipe Rose bailando en un disfraz de Indio Americano en Greenwich Village. Así surge un grupo que desde la década de los 70 se ha identificado con el público homosexual y cuya intención era llevar su actuación al extremo y parodiar a figuras “hipermasculinas”. Se convirtieron en parte fundamental de la cultura pop gay, entre otras cosas por su importante éxito musical Y.M.C.A. Cabe recordar que como parte importante de las manifestaciones de orgullo LGBTTTIQ están siempre los disfraces de los asistentes. Aquí se pueden leer algunos testimonios sobre el significado de distintos vestuarios, la mayoría de los cuales se relacionan con historias de la propia aceptación de homosexualidad de los asistentes a la marcha.
Ojalá, como en el caso de la marcha por los derechos gay, los disfraces siempre siguieran esa característica fundante que Bajtín identifica en el carnaval: la que promueve la familiarización entre todos los asistentes, a partir del contacto libre entre ellos, sin los estratos sociales que establecen jerarquías en la vida corriente. Probablemente la disolución de las diferencias con un sentido de celebración sea la mejor protesta. Si tan sólo fuera esto lo que rigiera la elección temática para disfrazarse en estas épocas…
A propósito de otros usos del disfraz, en este mismo espacio se publica una conversación con Luigi Amara sobre la peluca en la historia.

Nada que ver con disfrazarse para protestar, pero me permito enviar dos artículos recientes sobre atuendos académicos:.
Masculino:
http://www.theguardian.com/education/2014/oct/21/why-do-academics-dress-so-badly
Femenino:
http://www.theguardian.com/higher-education-network/blog/2014/oct/26/-sp-female-academics-dont-power-dress-forget-heels-and-no-flowing-hair-allowed?CMP=share_btn_tw
Saludos!
TBM