Más que a una mesa de diálogo, la semana pasada fui a un círculo de diálogo. Los organizadores, Nodo Periférico, se describen como un “colectivo de artistas que impulsan dinámicas de pensamiento colectivo y empoderamiento ciudadano a través del arte.” El tema de la reunión: «El cuerpo como espacio de resistencia.» La cita era en el Juglar, Centro Cultural y librería en la colonia Guadalupe Inn. De pronto me vi compartiendo anécdotas e ideas con un grupo de gente al que nunca había visto. Todos éramos jóvenes.
Los panelistas fueron Alejandra Castro, Enma Obregón Garrido, Manuel Amador y Lorena Wolffer. Fue una mesa diversa: una dramaturga, una feminista y activista, un profesor de Pensamiento Crítico, y una artista y activista cultural, respectivamente. Ángel Hernández, dramaturgo cuya obra (“The Frozen Cities to Survive the End of the World”) se presentaba en el Cuadrienal de Praga, también estaba convocado al panel, pero a la mera hora no se pudo conectar por Skype. Lorena, una de las organizadoras, explicó con tono ligero que seguramente se quedó dormido pues estando en Praga, era hora de que lo estuviera. La atmósfera del lugar se sentía amigable y accesible.

Foto: Guillermina Navarro y Dolores Galindo
http://www.lorenawolffer.net/00home.html.
Alejandra Castro, dramaturga, expuso la creencia chamánica de que el cuerpo tiene propiedades enérgicas, receptivas y desprendibles del cuerpo. Enma Obregón se pronunció, casi rapeando, por el respeto al cuerpo de la mujer. Lorena Wolffer, artista y activista cultural, desde hace unos años se pregunta ¿cómo acceder al cien por ciento de los derechos de las mujeres de manera pública, segura y gozosa? En el performance “Estados de Excepción” en Querétaro, eligió aleatoriamente a un grupo de mujeres transeúntes y las invitó a comer en una mesa en vía pública. En vez de menú, sobre la mesa había leyes que detallaban nuestros derechos fundamentales. Nos platicó que le tocó sentarse junto a dos mujeres indígenas. Ellas le contaron que nunca habían sido servidas en la mesa. El performance de Wolffer tiene la intención de que cada una de las mujeres “opere como un espacio gozoso y fortuito de reconocimiento, encuentro y diálogo, tanto entre las participantes como con el público;” busca romper con las imágenes establecidas de quien accede a sus derechos; “y que además recupere determinados espacios públicos —a menudo demarcados como territorios «masculinos»— para las mujeres.”
Más tarde en la reunión, Dania, una de las asistentes al Juglar, nos hacía reflexionar: Como mujeres, ¿cómo hacer para asumir nuestro cuerpo como espacio de resistencia, si éste se objetiviza, estereotipa, minimiza y violenta?
Manuel Amador, sociólogo y profesor en Ecatepec de la Preparatoria Oficial 128 General Francisco Villagrupo, nos presentó lo que ha hecho con sus alumnos y alumnas de la materia Pensamiento Crítico. Él estuvo detrás de la “marcha” de quinceañeras que colmó nuestras páginas de Facebook la misma semana que el tráiler de la graduación del Cumbres lo hacía (“Ellos en el Cumbres y ellas en Ecatepec”). No era una marcha sino también un performance en donde las chicas levantaban la voz para hacer visible el hartazgo frente a los feminicidios y la violencia en general dirigida a las mujeres que ocurren en su vecindario. Manuel promueve el performance para empoderar a las mujeres de su municipio desde el salón de clases. Cuestiona a sus alumnos, hombres y mujeres preguntándoles ¿cómo construir una sociedad disidente? ¿Cómo deconstruir el machismo? En el salón de clases, hacen imágenes congeladas que los ponen en su propio contexto de género y violencia. Después Manuel les muestra las fotos que crearon: “Ellos, al verse, dicen: podemos disentir”.

Foto: Archivo Manuel Amador.
Asistir al Juglar el pasado jueves 25 de junio significó en sí un acto opositor al caos de una semana lluviosa en la Ciudad de México. Creamos un círculo, con galletitas y café, para hablar de derechos humanos. Nos vimos a los ojos hablando del cuerpo femenino, nos dimos un rato en el día para considerar a los hombres y mujeres jóvenes de nuestro país, nos preguntamos cómo detener la violencia de género que termina en tantos feminicidios. Todo, a partir de la experiencia de un panel que ha puesto de su parte para penetrar estas inquietudes a través de nuestro –a veces aparentemente frágil– cuerpecito. Y bien dijo Rafael, otro de los asistentes, que en reuniones de este tipo las participaciones a veces se quedan en el desahogo y no llegan a la propuesta concreta. “¿Cómo cooperar de manera sostenida?”. Buena pregunta.
