El arte de la descomposición:
poesía ucraniana contemporánea

Estas páginas, esta poesía, son para Fátima, mi ahijada, deseándole un mundo sin guerras (o al menos que no la sacudan en su hogar). Y que ella, elija la vocación que sea, contribuya a la paz colectiva.

24 de febrero de 2023: un año cumplido del día en que el ejército ruso recibiera directamente del Kremlin la orden de cruzar la frontera ucraniana. Ese país, su cultura, su gente, su territorio, fue atacado frontalmente una vez más, debido a la codicia de una de las potencias vecinas. En efecto, a lo largo de la historia, Ucrania ha padecido los intereses expansionistas de Rusia, Polonia, Turquía (que la ha asediado desde el sur del Mar Negro), y, anteriormente, el Imperio Austrohúngaro. Uno de los poemas aquí presentados dio título a un espectáculo de la misma autora, Lyuba Yakimchuk, que fuera presentado en 2016: Descomposición. Es decir que la referencia es la primera “anexión”, acontecida en el 2014. Desde entonces la población ucraniana así como los observadores internacionales más sensibles —incluyendo a algunos comentaristas y reporteros rusos— temieron que el señor Putin echara a andar una escalada. Cosa que acabó por suceder el 24 de febrero de 2022.

En efecto, la poesía, las artes, no pueden “recomponer” pero tampoco pueden dar la espalda a la urgente realidad. No, las artes no tienen la misión de recomponer lo que desgaja la acción bélica; su reto es enorme; generación tras generación, los artistas de países como Ucrania se ven enfrentados a ese dilema. Los poetas devuelven una imagen en el espejo, imagen astillada, en pedazos, tal como vuelve a serlo el incierto lindero entre Asia continental y Europa del este.

Seguramente el país sobrevivirá, acaso mutilado en su territorio y diezmado en su población. Son incontables las ocasiones en que activistas sociales, aliados internacionales, artistas, humanistas, científicos, periodistas libres y otras figuras prominentes de esa nación participan para que su país subsista, resista y preserve con celo su identidad histórica. No, esa parte del mundo, su gente, su tierra y naturaleza no forman parte de aquel inmenso oblast de Kaliningrad (antiguamente llamado Königsberg, tierra natal de Immanuel Kant y de E. T. A. Hoffmann), región que en el siglo XIV Yuri II Boleslav denominara “Malorrussia” o “Pequeña Rusia”. En la guerra como en la paz, dentro y fuera de sus fronteras, reconocidas o violadas, la identidad ucraniana es una realidad y esta antología pretende honrarla trayendo al lector una muestra del lirismo de que ha sido capaz en los tiempos recientes.

Las versiones de los poemas que siguen son indirectas, a través del inglés. Provienen del libro de Oksana MaksymchukMax Rosochinsky (editores), Words for War: New Poems from Ukraine, quienes se apoyan en diversos traductores. Los poemas, las lenguas y su poesía, forman parte de la residencia en la tierra. Presentamos, pues, tres poemas de tres poetas ucranianos contemporáneos. El poema que redondea la decena es mío, se fue escribiendo conforme hacía este trabajo.

Ilustración: Patricio Betteo
Ilustración: Patricio Betteo

* * *

Viktor Neborak (1961). Vive, es decir vivía, en Lviv, hasta antes de la invasión rusa de 2022. Desde los años ochenta se fue consolidando como uno de los más importantes poetas del país. Vitalidad, humor y poesía: fundó junto con Yuri Andrukhovych y Oleksander Irvanets el grupo Bu-Ba-Bu de performances literarias. Bu: burlesque, Ba: balahan (espectáculo de marionetas), Bu: bufonería. El lector percibirá que la suya es una obra en la que el humor es sensibilidad y tiene los pies en la tierra. ¿La cabeza en el aire? Sí: el irrefrenable deseo de vida. Sus traductores y comentaristas coinciden en señalar que en su dicción equilibra soltura y sencillez de verso libre con una factura precisa. Algunos de sus títulos: Cabeza voladora, Alter ego y Charla con un sirviente (1990, 1993, 1994, respectivamente).

En el tercer poema, los personajes hacen algo común a todo el mundo: cenar entre amigos en un restaurant modesto, en este caso para degustar una especialidad popular en varios países de esa región geográfica: vareniki, es decir cierto tipo de empanadas, que pueden ser saladas o dulces (de papa, pescado o carne, hongos con queso; de frutos rojos o quesos suaves). ¿Cuándo volverá a ser eso posible, no en el exilio, los que se reencuentren en tierra ajena, sino en su propio país?

Un cadáver de perro, amigos jugando a discrepar, el mundo del otro lado transparente de la pecera: la vida está en la otra punta de la hebra de los días. Es en ese α – ω que el poema ha de ser escrito e inscrito contra la realidad. Hacerse una voz mediante el ejercicio de adiestramiento de la mirada hasta que comprenda sin darse explicaciones. Extraño corroborar gracias a este poeta (sumamente conocido en su lengua) que la poesía sólo pueda instalarse en una dimensión virtual, al otro lado del vidrio de la pecera.

 

Monólogo con pretexto canino

El cuerpo del occiso fue encontrado en una zanja;
en medio de un patio, colgado
de un gancho y lo enterraron detrás del jardín.

Fido se colgó… ¡perro suicida!
El alma de Fido será expulsada del cielo.
Le dirán: “¡No gruñiste como deberías haberlo hecho!”
lo tomarán de la cola y…

Fido se colgó con su cadena, en la noche.
Ésa es la película de horror… ratas televidentes
suspirando, cortejando,
encrespándose, haciendo el amor.

¡Se colgó Fido! ¿¡Estás oyendo!?
¿Estás leyendo Hojas de hierba?
¿A García Márquez, a Borges o a Hesse? ¿El I Ching? ¿Eh?
¡Fido se colgó! ¡Esa es la novedad!

Te dices poeta
       y él es… un perro
Un poema te mordisquea
       A él, una cadena.
Algún día serás un poetastro profesional,
¡Fido no escogió la carne sino el espíritu!

¿Cuánto tiempo puedes aullarle a la luna?
¿Qué tanto puedes esperar tu sueldo?
¿Por cuánto rascarte los costados?
¿Por siempre?
¡Hasta la muerte!
Vaya profesión esquizofrénica,
guardar cabras y gallinas
y luego mandarlas al matadero.

La Constelación del Perro
atraviesa el cielo y la tierra.

 

Peces

seres de sangre fría
viviendo el resto de sus días
en nuestras tinas
sus cuerpos flexibles
rematan en colas transparentes
sus ojos, protuberantes
tal como ellos, se proyectarán algún día
de sus cabezas tronchadas

sobreviven del oxígeno en el agua
una pared los separa de mi cuarto
y otra de las hojas, de la bruma
de la calle, edificios, autos
entre los que vivo

les importan el agua y la comida
pero tal vez no les interesa
la fuente de la luz y da lo mismo
si viene del sol o de un foco

les importan el agua y la comida
pero tal vez no les interesa
enterarse de que morirán algún día ni de sus parentescos
con otros cuerpos flexibles

y así van las cosas

sus cuerpos se estremecerán en el piso
golpes agudos aplanarán sus cerebros
cuidadosamente les extraerán las tripas
las echarán a la basura con todo y escamas
el pez será transformado en pescado cocido
echarán su cabeza en la sopa

no se trata de un hecho aislado
la humanidad entera está involucrada
las plantas procesadoras de pescado trabajan con sangre
mientras tanto algunas personas escriben poemas,
pintan o ruedan películas de protesta,
la mayoría dice “buen provecho”

y todo esto lo observan silenciosos espíritus de peces

 

Cena

Éramos siete
a la mesa
en un vacío restaurant de vareniki

el viento sopló las hojas en la niebla

éramos siete
entre los parlanchines y los silenciosos
amigos y viajeros en tránsito
vivos y muertos

cada cual en su propio marco temporal
cada cual tenía su propia ventana al mundo
cada quien su propia disposición
hacia la comida

un estudiante de artes
un artista a punto de recibirse alistándose para el ejército
un surrealista de cabellos extremada
mente largos
el baterista de una banda de rock con una ceja pintada
el tecladista del grupo
yo
y una muchacha con la que me ilusionaba

cada cual frente a su plato
expresando ocasionalmente una suerte de pensamiento

Andrii dijo que era el momento de fumar
Petro hacía la cuenta regresiva para enrolarse
Dem comía vareniki
Henri rugía carcajadas
Yurko criticaba los vareniki
yo los defendía y miraba a la muchacha
que me ilusionaba
ella nos escudriñaba a todos

era dorada su cabellera
sus ojos del color de la noche
la besaría en sus labios de fresa
habría sucumbido
de no ser por el vareniki de queso

 

* * *

Ivan Malkovych (1961). Su formación de escritor incluye haberse graduado en filología por la Universidad Nacional Taras Schevchenko, de Kyiv; cuenta, además, con diploma de violinista. Un dato importante: a sus 19 años fue electo el mejor poeta juvenil, la votación era clandestina, por supuesto. De entonces en adelante ha recibido numerosos elogios, ha sido traducido a las principales lenguas occidentales (aunque muy poco al español, lengua en la que al parecer aún no existe ninguno de sus libros). Su intensa sensibilidad lo condujo a aventurarse a fundar la primera editorial privada, en ucraniano, de libros para niños (A-BA-BA-HA-LA-MA-HA). Títulos como Con un ángel en mi hombro (1997) expresan su orientación anímica. ¿Con cuánta fuerza hemos de preguntarnos ubi sunt, en este tiempo de guerra, su vida, su poesía, sus libros para niños?

Es clara la voluntad de Malkovych: ni poesía para niños y ni siquiera sobre ellos sino en su búsqueda. Un buscar consciente de que no ingresará en su intimidad, pero en cambio —tal el poeta— se labrará una imagen. Ejerciendo una operación simpática, el lenguaje se despoja, procurando volverse hondo. En el fondo del hombre está la frescura del niño. Que ha dejado de ser transparencia. Tal la labor de este poeta: que la lengua sea infancia. Sabia, enigmática edad en la que el hombre acoge el Tiempo que se apresta a empezar a corroerlo. El niño, el poeta, la lengua: una triada. ¿Y si el verdadero heroísmo del hombre se encuentra en su sedimento de infancia? (No podemos dejar de asociar a qué edad tan precoz se enrolan voluntariamente tantos muchachos para ir al frente de guerra, tanto ucranianos como rusos, siguiendo las consignas ideológicas de sus líderes políticos.)

 

Detente y mira

“Detente y mira
que ya camino sin ti”
me dice
“y grita grita”

Grito
y susurro:
“¿Y ahora qué voy a hacer
sin ti?”
pregunto sin esperanza

“Te bañarás en lágrimas”
dice, subrayando la palabra “lágrimas”

mi grito linda con la carcajada

“Grita de una forma
que me guste”
me ordena Yaya
mi sobrina consentida
de tres años

La familia entera
trata de contener la risa
yo tampoco lo logro —reviento
arruinando
nuestra escena
de despedida

Yaya no queda satisfecha
así que la alzo
y la aviento al cielo
al principio llora
y luego ríe

La siento en el coche
y la regreso a casa

En el camino
cavilo cómo en cada rasgo
de esta niñita
brota una encantadora
y exuberante mujer

buena suerte
hombres de su vida
pienso sonriendo

entonces recuerdo su última frase
me detengo abrumado

qué fantástico título
para un libro…

Grita
como a me guste

 

Elegía del pájaro

semejantes a los pájaros
son los niños
hermanos de los ángeles

aún no han aprendido a volar
revolotean sin peligro en el nido
surgen gorjeos de sus voces

ustedes recordarán la desconcertante
pasión de los niños: enterrar pajaritos
y construirles

una cruz hechiza en la tumba
(como si en el helado montículo de las aves
levantaran un santuario a su propio espíritu de pájaros)

…….

pero recuerden las pupilas dilatadas
los ojos hinchados de sufrimiento
por el pájaro —y entonces esa cruel locura

se aminora en los niños— y la ternura
de pronto y subrepticiamente brota de aquello
que llamamos alma —es el momento culminante

cuando un ángel se vuelve persona
alcanzando la perfección…

pregunten a sus amigos y dejen después
que ellos se interroguen asombrados
así comprenderán la cantidad

de tumbas de pajaritos cubiertas
por las manos de niños —en otras palabras
cuánta ternura debiera existir en la tierra— y díganme

¿a dónde se va? ¿por qué no crece con uno?
¿por qué sólo nos sucede una vez
y por qué sólo un puñado por cada alma?

es así que los albañiles dentro de las vértebras
levantan nuestros huesos con tenacidad
elevando nuestro corazón cada vez más alto

(como si así el corazón pudiera mirar más lejos)

…….

a lo largo de los años esta tristeza sin consuelo
tristeza sin límites en la mirada del niño
que se escurre dentro de uno – lenta e irrevocablemente –

se va sustituyendo a sí misma
en nuestra alma arruinada reinando
sobre nuestro corazón sosegado

…….

legamos en testamento
un alma cada vez más triste

más solas más abatidas
se van volviendo las generaciones

de gente
pajaritos
árboles

 

La lección del profesor del pueblo

Ésta puede no ser la más esencial de las cosas,
pero ustedes, oh niños,
están llamados a defender con sus manitas
la frágil velita de la letra “i”,

y también,
estirados sobre las puntas de los pies,
proteger la lunita creciente
de la letra “E”,
tallada en el cielo
con un hilito.

Pues dicen, oh niños,
que nuestra lengua es como el canto del ruiseñor.

Y tienen razón.

Pero recuerden
que un día
llegará el tiempo
en que nuestra lengua
será olvidada
hasta por el más pequeño ruiseñor.

Es por esto, niños,
que no pueden depender sólo
de los ruiseñores.

* * *

Lyuba Yakimchuk (1985). Resalta la diversidad de actividades y medios expresivos de esta poeta. Es oriunda de la región minera de Luhansk, donde hizo estudios universitarios. Además de poeta es guionista, periodista y animadora de actividades culturales. En escena (cantando), forma dueto con el bajista Mark Tokar. Juntos han montado una versión del segundo libro que abajo mencionamos y de otro título que la retrata: Mujeres, humo y otros peligros. Si cada lengua tuviera una poeta como ella, alabada sea esa lengua. Femenina, es decir vigorosa y aguda, sin lastrar su poesía de consignas ni proclamas, de suerte que logra penetrar más hondamente en lo que significa ser mujer y poeta en un país acosado. Donde quiera que ella esté, la poesía ucraniana persistirá con vigor. Dos de sus libros más notorios son iak MODA (como MODA) y Chabacanos (Albaricoques) de Donbás. El oriente de Ucrania: región rica en minerales, por ello y por su localización, es estratégica; el mundo entero está ahora dolorosamente al corriente de lo que significa pertenecer al Donbás, tan codiciado por Rusia.

En efecto, poesía femenina la suya, por su forma de unir sensibilidad, violencia, recuerdo de la belleza y desamparo. Una voz que contempla y consigna, sin caer en peroratas; pero no es una voz pasiva: su decir es una acción que nos interpela a todos. Mujer: el ser humano con busto, y su realidad corporal, como la de cualquier otro, sometida a la vida cotidiana de una región minera. Al envejecer descubre otro tipo de cuentos que la abuela, una abuela real, podrá contar a sus nietos, no para adormecerlos sino para explicarles el mundo en el que viven. Lyuba Yakimchuk es mujer y es poeta. Las palabras, en ella, son carne y materia; que se desintegran hasta la literalidad. El lector verá cómo vuelan en pedazos los topónimos que para ella son referencias inmediatas: Luhansk, Donetsk, Pervomaisk, Debaltsevo. Sobre decir que los suyos son poemas escritos y publicados antes del 24 de febrero de 2022, pues la nación ucraniana sufre, intermitente y persistentemente, acciones bélicas.

 

Amontonaderos de escoria de pechos

Como tiza colorida son
estos peciolos
pegoteados a lo largo del camino
de vez en cuando pasa un camión
por entre las arboledas de la estepa
¡Donbás!¡Donbás!
silba la humareda
en la concha auricular del sol

Estás parada
vistiendo el uniforme
de agente de la carbonera
y hueles el perfume
de los reactivos:

—Soy una mujer
mi elemento es el agua
no sólo para hacer té o lavar la loza —¡no!
aunque no trabajen en los tiros las mujeres
vaya que trabajan en las fábricas
manipulando el carbón
yo lo lavo
tal como lavo mis trenzas
machaco el carbón
como corto las papas
o muelo la carne
en la mezcladora de la fábrica
y la rocío con aceite
derretido…
Es decir que vierto reactivos
sobre esta sopa de borscht

Escuchen, todos los elogios
sobre la belleza de las chicas del Donbás
adquieren sentido
si se miran las fábricas
si se baja a las fosas
o se baña uno en el agua contaminada
de los sumideros
donde se vacía el caldo
del borscht de la mina

Tienen sentido —los piropos—
si sube usted a lo alto de la pila de escoria
y cae debajo de su manta
para más exactitud, de su colon,
pero antes
mira el capullo de chabacano
el flexible capullo de chabacano
y en la caída
desde lo alto de la góndola de la mina
que arranca estrepitosamente
mira los rizos amarillos

 

Chabacanos con cascos industriales

Los capullos de chabacanos del Donbás
han empalidecido
en todos los matices del cielo
los chabacanos se han puesto
sus cascos protectores
la primavera ha terminado

Veinte
buenos hombres
menores de treinta años
Las leyes de la ecuación
los redujeron a veinte
pero no hay con que igualarlos:
se agarraron
al cable de acero
de la jaula, se sostuvieron
como del Arca de Noé
después del diluvio

Cayó sobre la jaula
una tonelada de concreto
se cayeron
fueron aplastados en caída libre
cayeron libremente
sin ataduras
como árboles de chabacano
desgarrados desde la raíz

Eran veinte
y veinte fueron abandonados
ojos a la izquierda, ojos a la derecha,
por las leyes de la ecuación
cuando se formó la fila
en el cementerio

Pero mi padre no logró
mantener el paso
lo atrapó el carbón
conforme se apilaban
cada vez más altos
en sus botas de hule
y con botellas sin agua
cuerpos como botellas
se elevaron hacia los ángeles
más allá…
Y ahora las abuelas cuentan
un cuento a sus nietos
sobre chabacanos
que usan cascos protectores

 

Descomposición

sin novedad en el frente este
bueno, ya me harté
al momento de morir, el metal se calcina
y la gente se enfría

no me hablen de Luhansk
hace mucho se convirtió en –hansk
el Lu fue arrasado
en el pavimento al rojo vivo

mis amigos son rehenes
no puedo estar con ellos
no puedo do netsk
sacarlos de los sótanos
bajo el cascajo

pero hete aquí, escribiendo poemas
melifluos poemas ideales
elevados áureos poemas
bellos como bordado
no hay poesía sobre la guerra
sólo descomposición
restan letras
que forman un único sonido –rrr

Pervomaisk ha sido desgarrado en pervo y maisk
reducido a partículas de flujo primordial
de nuevo la guerra ha terminado
pero no ha vuelto la paz
¿dónde están mis deb, alts, evo?
ningún poeta volverá a nacer ahí
ningún ser humano

Escruto el horizonte
se ha estrechado en un triángulo
girasoles remojan la cabeza en el campo
negro y reseco, como yo
tanto he envejecido
ya nunca más Lyuba
apenas –ba.

* * *

Esto es Ucrania, su poesía, su gente. Una posibilidad de camino hacia la paz es que sea aceptada como miembro de la Unión Europea. No sólo lo pide o demanda el presidente Volodymyr Zelensky sino también voces múltiples y diferentes entre sí. Por ejemplo, así se elevó la de la diputada independiente Liudmyla Buimister en el solemne marco de la Cumbre Unión Europea-Ucrania: “Pienso que es el momento de que Europa comprenda que existe un muro entre dos mundos: el mundo totalitario y el mundo democrático, y la frontera, ahora, es Ucrania.” (La diputada se expresó en francés, ante la prensa de ese país; France Info, 3/II/23.)

Y vayan estas otras palabras, estos versos que desean lo mejor para los pueblos ucraniano y ruso.

 

Algunos libros

Conozco mis libros
no quiero traer nuevos a casa
—llámenle desidia o anuncio de vejez—
yo le nombro fidelidad

Me convencí hace años
que ya no habría amigos nuevos
cada quien llegó a su lugar
por lo que resta del trayecto

Los conozco nos conocemos
a menudo el azar en los minutos de tregua
me lleva a la página correcta
cada uno es mi I Ching cintilando señales

Entre ellos algunos poetas rusos y ucranianos
sé dónde se anida el título
de los montoncitos de la tiza de los días
marchando con la gracia de torpes gansos

Sé dónde está la imagen
de un puñado de hierva y estiércol entre un zueco
y el piecito sucio de un niño campesino
De dónde sacó eso Alberto ?

Sigo oyendo la voz de Elizondo
trompeta nasal cruzando el Hades

Y qué es de mis poetas ucranianos?
Dónde están ahora además de en estas líneas?
Flotando están en la sucia tiza oscura
de tantos escombros apilados

Volverán a Lviv a Kyiv?
A salpicarse del mar de Odessa?
Cuándo? Cómo?
Amigos por distantes
cercanísimos
sus libros —patria común—
seguirán esperando

 

Referencias mínimas

Bohdan Boychuk and Myrosia Stefaniuk. A Hundred Years of Youth: A Bilingual Anthology of 20th Century Ukrainian Poetry. Lviv: Litopys, 2000.

Anatoly Kudryavitsky (editor and translator; bilingual edition). The Frontier; 28 Contemporary Ukrainian Poets. Tilburg: Glagoslav Publications, 2017. (Kudryavitsky es ejemplo vivo de cómo la cultura literaria trasciende fronteras entre los países eslavos: nació en 1954, en Moscú, su padre era nativo de Dnipro, Ucrania, y su madre de ascendencia irlandesa. Vive en Dublín desde donde forma parte del Irish Writer’s Centre. Además de su obra personal, ha traducido al inglés poesía alemana, rusa y ucraniana. The Frontier pertenece al catálogo de las Glagoslav Publications, particularmente interesadas en las culturas eslavas, con sede en Holanda. www.glagoslav.com )

Oksana Maksymchuk and Max Rosochinsky (editors). Words for War: New Poems from Ukraine (Ukrainian Studies). Academic Studies Press – Harvard Ukrainian Research Institute, 2017. (El lector puede consultar el portal del que participan estos dos autores: https://www.wordsforwar.com/poems. Otro sitio de interés: https://www.poetryinternational.com/en/ )

 

Alberto Paredes
Investigador de la FFyL y escritor. Autor, entre otros, de Las voces del relato y Rubén Darío: Retrato del poeta como joven cuentista.

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Publicado en: Florilegio