El antiguo coro de los enamorados

Una nueva antología propone ubicarnos en el multifacético panorama cultural que ha intentado, desde hace decenas de siglos, definir y entender la naturaleza del amor. En este sentido, el modelo del amor juvenil ha ganado cierta hegemonía. A partir de este diagnóstico, doce autores de renombre internacional interpretan, buscan y comparten sus experiencias amorosas.

Amores locos, platónicos, místicos, filiales y románticos. Amores suicidas, eternos, poéticos y volátiles. Amores a primera vista, efímeros y desesperados. Amores imposibles, amores secretos y amores pudorosos… Quizá existan tantos amores como humanos hay en la Tierra, porque, si la luz del Amor (así con la mayúscula) alcanza el corazón humano, este refracta sus rayos en una variedad infinita de tonos e intensidades. Y son precisamente estos destellos e iridiscencias los que iluminan La experiencia del amor, la última antología publicada por la editorial Gris Tormenta.

Respecto a este tema —¡el amor! (ahora entre exclamativos exaltados)— pareciera que todos tenemos algo que decir. Cada quien tiene sus historias, opiniones y teorías, cada cual se enreda y desenreda en su muy particular madeja de plenitud, armonía y decepción; sin embargo, la historia de nuestra cultura le ha otorgado la voz cantante al amor juvenil. Nuestros modelos de amor (esta vez con la minúscula) suelen encarnarse en parejas jóvenes, virtuales y mediatizadas, y pareciera que este culto contemporáneo por la juventud se ha enquistado como un último resabio del romanticismo.

Basándose en el diagnóstico anterior, esta antología propone una mirada distinta: recaba testimonios y reflexiones de autores que transitan por el último tercio de su vida, elaborando un recuento de sus vivencias y lances amorosos. Como señala en el prólogo Francisco Segovia: lo que interesa en este libro no son las ponderaciones intelectuales sobre la naturaleza del amor, sino “cómo es la experiencia del amor”, entendiendo la palabra experiencia a partir de una de sus acepciones menos habituales: “Conocimiento al que se llega […] después de muchos años de vida”.

Las cuatro partes que estructuran La experiencia del amor: “Escenario”, “Consideraciones”, “Maduración” y “Recuerdo” son cuatro pilares temáticos que tejen una narración progresiva y coherente, la cual —en primer lugar— desafía al lector a abordar la lectura como una indagatoria profunda sobre los misterios del tema en cuestión.

El texto que abre la antología se titula “¿Qué es el amor?”, como queriendo soltar cuanto antes ese gran enigma que a cualquiera deja perplejo. En este primer ensayo, el teólogo y psicoterapeuta Mark Vernon relata que, entre las preguntas del tipo “¿Qué es…?”, la más consultada en Google durante 2021 fue precisamente “¿Qué es el amor?”, lo cual dice mucho sobre las formas en las que nuestra sociedad confronta uno de los grandes misterios de la experiencia humana. Para ahondar en la incógnita, Vernon se remonta a la mitología y nos recuerda a Eros, aquel célebre hijo de Afrodita que ha pasado a la historia como dios de la atracción sexual, y que en su forma latina conocemos como Cupido. Para complementar su relato, rescata de los entretelones míticos a Anteros (hermano de Eros, hijo de Ares y Afrodita), quien aporta un contrapeso y contribuye al equilibrio del triángulo conformado entre los dos hermanos y su madre. Dice Vernon: “Anteros pone el valor que se requiere para resistir la fantasía oceánica de desaparecer en los brazos de alguien más y, en vez de eso, se embarca en el difícil proceso de construir una vida a partir del amor”.

¿Construir una vida a partir del amor?

Sí, precisamente: antes que el subidón fugaz de los romances desesperados y posesivos, la serenidad de la amistad recíproca; más que el idilio ensoñado, un realismo redimido por la ternura. Así lo describe Natalia Ginzburg en su texto “Él y yo”, un ensayo cadencioso en el que retrata su relación con el profesor Gabriele Baldini:

Él tiene un gran sentido de la orientación; yo, ninguno. En las ciudades extranjeras, al cabo de un día, él se mueve ligero como una mariposa. Yo me pierdo en mi propia ciudad; tengo que pedir indicaciones para volver a mi propia casa. Él odia pedir indicaciones; cuando vamos en coche por ciudades desconocidas, no quiere que pidamos indicaciones y me ordena que mire el plano. Yo no sé mirar planos.

Otros levantan túmulos a sus difuntos. En “La pérdida de la profundidad”, Julian Barnes se aventura a ensayar sobre la asimilación de la muerte del ser amado. “Descendemos en sueños y descendemos en el recuerdo —dice Barnes—, y lo hacemos en buena medida para perpetuar la conversación (¿otra forma del apego?), víctimas del Sehnsucht germánico, esa añoranza de algo que ha desaparecido”. Porque “¿qué es el ‘éxito’ en el duelo? —se pregunta Barnes—: ¿Reside en recordar o en olvidar? ¿En quedarte inmóvil o en seguir caminando?”.

Ingenuamente, en nuestro deseo por consumir narrativas sentimentales, olvidamos que el amor se compone y se sostiene (a veces casi exclusivamente) de relatos y palabras. Es entonces cuando preguntamos: ¿quién escribe esos relatos?; pero, sobre todo: ¿es realmente amor (así, en bastardillas suspiradas) lo que profesan tantas canciones, tantas promesas y cartas sentidas?

En su ensayo “Amor: estado de gracia”, la crítica cultural bell hooks apunta a la desproporción entre el número de “grandes obras amorosas” firmadas por hombres y por mujeres. Escribe hooks:

Recuerdo que en mi doctorado en literatura solo se ensalzó a una mujer como gran sacerdotisa del amor: Elizabeth Barret Browning, pero se la consideraba una poeta menor. Sin embargo, entre nosotros, hasta el más inculto conocía el primer verso de su soneto más famoso: “How do I love thee? Let me count the ways” [“¿De qué modo te amo? Deja que cuente las formas”]. Esto sucedía en tiempos prefeministas. Ahora que estamos en la estela del movimiento feminista, hasta Safo es vista como una gran diosa del amor.

Para quienes disfrutan la deriva y la elucubración filológica, esta antología presenta un ensayo de Elvira Hernández y otro de Carmen Boullosa. En el primero, “Endebles pasos tras el anagrama de Roma”, la poeta chilena desmenuza el pololeo, ese verbo coloquial de su país empleado para referir “el acercamiento amoroso masculino”; Boullosa, por su parte, en “La mujer que tocó la flauta”, dibuja un ensayo lírico y rizomático partiendo de un verso de Silvina Ocampo —“¡Si tengo un corazón es para que arda!”—, y tiende puentes entre la poética de Lope de Vega, la mitología griega y la mística.

Hay textos de ánimo retrospectivo y poético —como los de Leonardo Padura y Raúl Zurita—; otros netamente filosóficos y políticos —George Steiner y Eduardo Milán—; y otro más, insuflado de coraje y carnalidad, la “Carta de amor e ira” de Nélida Piñón. A modo de complemento, el libro incluye una sección de “Fragmentos” y otra de “Bibliografía relacionada”, para quienes busquen extender su lectura en otras latitudes.

Al igual que en anteriores antologías editadas por Gris Tormenta en su colección Disertaciones, la propuesta aquí es un ejercicio de pensamiento colectivo: la suma de voces convocadas sugiere un paisaje mental y, simultáneamente, deja una huella emotiva en el lector. El libro interpela al cuerpo, al corazón y al intelecto, y en este balance se aleja de la tentación de volverse explicativo o doctoral.

Está claro que detrás de este trabajo de recopilación arde la inquietud de los editores, que no le temen al desafío de ir tras esos grandes temas que siempre nos rebasan —el silencio, el lenguaje, la identidad, etcétera— y que apuntan al centro vital de nuestro paso por el mundo, al pulso expansivo del corazón.

 

• VV. AA. La experiencia del amor. Tentativas y miradas interiores a lo largo de una vida. Querétaro, Gris Tormenta / Universidad Veracruzana, 2023, 192 p.

 

José Manuel Velasco
Escritor, actor y profesor de Historia del Arte.Es autor de ¿Por qué poemas?, editor invitado de Viajes al país del silencio y colaborador en Ayotzinapa. La travesía de las tortugas.

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Publicado en: Ciudad de libros

Un comentario en “El antiguo coro de los enamorados

  1. Quiza los besos de G. Mistral es la definicion perfecta del amor. Me libro de encadenarme a un solo instante.

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