El ajolote en boca de todos

El ajolote ha sido objeto de fascinación para escritores y artistas, pero también para biólogos. En este texto el autor hace un recuento de las apariciones literarias del extraño animalito y conversa con una de las investigadores líderes de la ciencia del ajolote.

Florencio, el ajolote del autor

Ahora que esperamos su próxima inclusión en el billete de cincuenta pesos, y ahora que una serie de equipos realiza un estupendo trabajo para alivianar su delicada situación debido a los problemas ambientales en Xochimilco, el ajolote, ese fascinante animal endémico con rasgos humanoides, genera cada vez más interés en el mundo. La fascinación por el ajolote se percibe en múltiples niveles: desde la creación en varios paises de grupos de Facebook dedicados a brindar consejos para su crianza hasta la investigación científica y la aparición de libros, películas y videos que, de alguna forma u otra, lo representan.

La referencia ineludible es La jaula de la melancolía, el ensayo del sociólogo y antropólogo Roger Bartra, quien define al animalito como “un héroe mítico de la decadencia de México” y utiliza la figura del ajolote para explicar la identidad mexicana. Pero la carrera literaria del ajolote no termina allí: ha aparecido en textos de autores tan renombrados como Primo Levi, quien en su cuento “Mariposa angelical” lo retrata como “un animalejo de nombre imposible responsable de un escándalo biológico: porque se reproduce en estado de larva”. También está el célebre cuento de Julio Cortázar, “Axólotl,” un texto que a juzgar por las cartas del escritor era quizás uno de sus preferidos.

Lo que pocos saben es que es posible que Cortázar, además de haber visto ajolotes en el acuario del Jardin des Plantes de París, ya supiera de ellos gracias a su lectura de El Golem, la novela más conocida del escritor alemán Gustav Meyrink. Escribe Cortázar en una de sus cartas: “Leíste El Golem de Meyrink? Estaba todo: las callejas misteriosas, la atmósfera un poco, cómo decirlo, metafísica, angustiante, y al caer la noche esos paseos por los barrios viejos donde te pierdes en vagos pasajes”. Y en efecto, al principio de El Golem aparece también el ajolote: “Sentí que debía tener una carne tan esponjosa y tan blanca como la del ajolote que acababa de ver en la jaula de las salamandras de la pajarería”.

Más recientemente, el ajolote ha vuelto a ser tema literario en la novela Axololt Roadkill, un best seller de la joven autora alemana Helene Hegemann. En ese texto, que también se adaptó al cine, la figura del ajolote se convierte en una metáfora de la decadente escena berlinesa, y se lo describe como “un bicho de pequeños y graciosos tentáculos, ojos azules brillantes y la sonrisa más amigable que jamás haya visto”.

La investigadora estadounidense Elly Tanaka conoce esta última novela, pero su preferido de todos los textos sobre ajolotes que ha leído es el cuento de Cortázar, al que admira por lo que llama “el gran aspecto misterioso de la historia”. Tanaka es una bioquímica especializada en la regeneración de salamandras y ajolotes, una investigación por la que obtuvo en 2017 el prestigioso Premio Ernst Schering, otorgado desde 1991 para destacar las más importantes contribuciones a las ciencias médicas, químicas y biológicas. La estudiosa lidera un grupo de trabajo en el Instituto de Investigación de Patología Molecular de Viena, donde cuenta con mil ajolotes adultos y casi innumerables bebés. Su esfuerzo se centra en la genética molecular del ajolote y busca identificar las células madre responsables de sus complejos procesos de regeneración, así como las señales que inician su proliferación.

Hace no mucho tuve la oportunidad de conversar con Tanaka sobre el animal que nos apasiona a ambos. A continuación presento una transcripción ligeramente editada de nuestra entrevista.

Juan Pablo Bertazza: ¿Cómo y cuándo empezó a dedicarse a este tema?

Elly Tanaka: En 1999, cuando formé mi propio grupo de investigación. Al principio, investigábamos la regeneración de miembros en otra especie de salamandra, pero el ajolote nos atrajo porque se puede reproducir en cautiverio y permite obtener muchos huevos, alrededor de quinientos por vez. Por supuesto, contamos también con la experiencia de muchos otros investigadores que han trabajado el tema de la regeneración de miembros de los ajolotes en el pasado. 

JPB: ¿Cómo resumiría la importancia de los últimos descubrimientos en este campo?

ET: Creo que la lección más importante de los últimos años es que distintas células en las distintas capas del cuerpo del ajolote regresan a un estadio celular anterior, a células madre o células embrionarias. Por ejemplo, las células de la piel que recubren el borde del miembro amputado se transforman nuevamente en células embrionarias; es decir, el tipo de células que encontrarías en un miembro en desarrollo del ajolote. Lo que nosotros investigamos son las células llamadas “fibroblastos”, que son las que en los humanos forman el tejido de la cicatrización. Sin embargo, en el caso de los ajolotes es distinto: migran a las células de la piel y forman una célula madre en vez de crear una cicatriz. Ese es un trabajo que publicamos en 2018.

JPB: ¿Y actualmente cuál es el objeto de estudio?

ET: Aún seguimos haciendo mucha investigación con ajolotes. Ahora mismo estamos trabajando mucho en lo siguiente: cuando se le corta una mano al ajolote, regeneran solo la mano, pero si se le corta el brazo entero regenera todo el brazo completo. Lo que estamos intentando entender es cómo sabe el miembro hasta dónde tiene que regenerarse; es decir, cómo es que se evitan, por ejemplo, duplicaciones innecesarias. Creemos que el tejido tiene algún tipo de sistema de memoria y que estas células fibroblastos de la parte alta del brazo tienen algún tipo de sello o firma molecular que les dice “soy la parte superior del brazo”, mientras que las células de las manos tienen una firma molecular diferente que las define de manera específica. En definitiva, las células de la mano sólo pueden regenerar la mano, pero no pueden regenerar la parte superior del brazo, mientras que las células del brazo superior pueden regenerar también el brazo inferior y la mano.

JPB: Esa cualidad tan curiosa de los ajolotes ¿los vuelve una especie compleja?

ET: Depende del punto de vista. Creo que mucha gente diría que los humanos son más complejos que los ajolotes. Pero es difícil decidirse, porque el hecho de que se puedan regenerar es sorprendente, y en el campo de la biología la gran pregunta es si la regeneración es una vieja habilidad que el ajolote mantiene al día de hoy y que otros animales perdieron de alguna manera, o si, por el contrario, se trata de una habilidad que el ajolote fue desarrollando. Eso todavía no está claro. Nosotros creemos que tal vez se trate de una situación mixta: quizás los animales antiguos podían regenerarse y el ajolote mantuvo esa habilidad básica, que a su vez pudo haber potenciado con algún tipo de gen o propiedad que hizo que el proceso fuera más complejo. Pero la verdad es que estas ideas no dejan de ser especulación y aún no hay manera de saberlo.

JPB: ¿Hay posibilidades de que ese conocimiento sobre la regeneración pueda aplicarse de alguna manera en humanos?

ET: Se está empezando a utilizar biología molecular para comparar, por ejemplo, los mismos genes en el ajolote y en mamíferos para entender cuáles son las diferencias. Eventualmente, cuando las tengamos en claro, quizás estaremos en condiciones de modificar células humanas para que se puedan regenerar. Todavía estamos muy lejos de eso, pero esa es la dirección a la que se dirige nuestro esfuerzo.

JPB: En medio de semejante investigación, ¿queda tiempo y lugar para encariñarse con los ajolotes o es imposible?

ET: Tuvimos una ajolote muy especial a la que llamamos Jackie. Fue una de las primeras en llegar al laboratorio. Cuando empezamos a crear la colonia intentamos aparearlos mezclando machos y hembras. Jackie era nuestra mascota y todos los demás eran parte oficial de la colonia. La verdad que estábamos muy ansiosos. Finalmente, Jackie fue la primera en aparearse y dar los primeros huevos, así que diría que  era nuestra favorita. En la actualidad les pusimos nombre a varios ajolotes y tenemos dos favoritos que están en exhibición en un acuario increíble lleno de plantas y peces.

 

Juan Pablo Bertazza
Es autor de varios libros de poemas, de la novela Síndrome Praga (Adriana Hidalgo), traducida al checo, y de un ensayo sobre las polémicas del Premio Nobel de literatura: La furtiva dinamita. Cursa el doctorado en Literatura en la Universidad Palacký de Olomouc.

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Publicado en: Corresponsal