El agotador trabajo de buscar trabajo

Buscar trabajo es un trabajo de tiempo completo. En este ensayo personal, la autora describe las frustraciones y los sinsabores del desempleo en tiempos de pandemia y crisis económica.

Piense en un trabajo, el que quiera. Ahora piense en un trabajo agotador. Déjeme decirle que ese empleo que pasó por su mente lejos se encuentra del verdaderamente fatigoso trabajo de buscar trabajo. La jornada inicia muy temprano, sin horario ni día de descanso: idas y vueltas a entrevistas que se despiden con el clásico: “nosotros nos comunicamos”. Al trajín diario súmele gastos de boletos de metro, pasajes de combis y camiones, alguna botella de agua si bien le va, impresión de currículum con foto a color —como lo piden—, compra de solicitudes de empleo si fuera el caso, ni hablar de darse el gusto de un desayuno o comida en el ínterin. Todo esto siempre y cuando lo requieran en persona, pero si la cita es vía Zoom la cosa se complica si no cuenta usted con computadora o con un celular no tan rascuache y, por supuesto, buena señal de internet. A algunos ya los tiene identificados: sabe que “alta tolerancia a la frustración” o “trabajo por objetivos” son sinónimos de utópicas comisiones y sueldo inexistente. Con otros oscila entre la risa y el llanto, como aquel que exige idioma certificado, estudios universitarios, disponibilidad de horario y en ventajas de la empresa sólo ofrece “estacionamiento gratuito”. ¿Pertenece usted a este gremio? Si es así debe coincidir conmigo en que este empleo es extenuante.

Ilustración: Víctor Solís

Empieza usted por contactar a sus “amigos” o “colegas”, incluso a aquellos que ingenuamente recomendó al puesto que ahora ostentan orgullosos. Por eso que llaman cortesía mexicana (que consiste en decir sí cuando saben que es no) le responden de inmediato que claro, que le van a avisar en cuanto sepan de algo. Al principio cree, espera, espera y espera. Pero la noticia de un posible empleo nunca llega. Los desecha, uno a uno.

Sigue por aquel otro que tal vez lo recuerde, ahora se metió a la polaca y está en contacto con mucha gente. Seguro él sabe de algo. Contacta al “licenciado” (aunque usted sabe que a duras penas terminó la secundaria) quien después de meses de espera se digna a responder: “claro que me acuerdo de ti, como no, dame chance y te aviso de algo”. Al principio cree, espera, espera y espera. Pero la noticia de un posible empleo nunca llega. Lo desecha. 

A esta altura reconsidera su curriculum. Tal vez es demasiado ostentoso, al cabo sólo necesita trabajar, de lo que sea. Quita el doctorado, total para qué, luego elimina la maestría, piensa mil veces si dejar licenciatura y por fin agrega “trunca” porque a esos casi siempre los llaman. Pero nada. Conserva preparatoria completa y hasta duda en quedarse sólo con secundaria porque es lo que más se solicita. Elabora varios, desde doctorado hasta secundaria para mandarlos según la ocasión por aquello de que “según el sapo es la pedrada”. A medida que desciende en la escala de estudios comprueba que más son los interesados en contactarlo. Funciona. O parecía que funcionaba porque cuando llega por el puesto en cuestión los empleadores, otrora entusiastas, lo frenan en seco cuando ven que en lugar de INE lleva FM —el documento que se le expide a los extranjeros residentes en México— y “no quieren líos”. En vano refiere que es un documento oficial pero no hay caso porque alegan que tienen un “titipuchal” de paisanos en la fila. Ni hablar.

Recurre a las redes, abre un Facebook sólo para eso, ve varios anuncios de empleos que parecen un paraíso del que se estaba perdiendo. Contacta uno que se acerca a su perfil: “Capturista de datos. Sueldo $8,000 mensuales de lunes a viernes”. Piensa que no está mal comparado con otros salarios que se ofrecen por ahí. Envía su CV con licenciatura trunca.  A los dos días recibe un mensaje que por un momento acelera su corazón: “Nos es grato informarle que ha sido seleccionado por la empresa, sólo queda que pase las pruebas psicológicas y toxicológicas. Como no estamos laborando de manera presencial debido a la pandemia las psicológicas las haremos vía internet, pero para las toxicológicas la empresa pide un depósito de $280 para asignarle un laboratorio al que deberá acudir con la clave que se le proporcionará, este monto le será reembolsado cuando se incorpore a nuestra nómina”. Hasta aquí llegó su ilusión.

Sigue, convencido de que no todos son fraudes, va por otro: “Importante empresa en expansión necesita empleados en diversos rubros, informes sólo vía WhatsApp”. Envía su pedido de informes pero nada. Cuatro días después, cuando ya hasta lo eliminó de sus contactos recibe un extenso mensaje donde le explican que “buscan gente seria y discreta” para incorporarse a un negocio a todas luces ilegal. Lo desecha, está desesperado pero no es un delincuente.

Sabe que su único delito fue creer que iba a vivir de lo que estudiara, iluso por demás al pensar que mientras más se esforzara mejor le iba a ir en la vida, porque así se lo enseñaron sus padres, ellos que no tuvieron ni la menor oportunidad. A pesar de todo se levanta con el despertador y sigue tomando las combis, camiones y metros, comprando más solicitudes de empleo que nadie lee, imprimiendo currículums con foto a color para llegar a entrevistas de filas interminables y en las cuales ya duda si es por edad, estudios, nacionalidad o maldita sea la cosa, pero nunca lo llaman.

Se le ocurre escribir un artículo sobre sus experiencias, que son las de millones. Tal vez así llegue a otros que quieran hacer públicas las suyas y, aunque sabe que ni siquiera le pagarán el mentado artículo porque no tiene recibo ni está inscripto en Hacienda, lo envía igual. Quizá alguien lo lea y se identifique con su peregrinar porque cada día somos más los desempleados en esa franja de la sociedad con la que cada político en turno se llena la boca: “el pueblo”. Por lo pronto, a seguir con el cada día más agotador trabajo de buscar trabajo. 

 

Sonia Peña
Doctora en Letras por la UNAM, donde recibió la Medalla Alfonso Caso al Mérito Universitario. Premio Ensayo José Revueltas 2013. Fundadora y directora de la revista cultural La oveja negra (2001-2010).

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Publicado en: Registro personal

4 comentarios en “El agotador trabajo de buscar trabajo

  1. Lo mas difícil es demostrar la brecha sin empleo que día con día se acrecenta y se vuelve como una loza mas pesada. Te preguntan qué que has hecho en ese tiempo, porqué no has encontrado nada, y una sarta de estupideces como si el maldito año perdido por la pandemia no contara. Todo el 2020 en las plaraformas de OCC e INDEED se repetían las ofertas y nunca aperecían nuevas, te postulaste en enero y te marcaban hasta junio, increíble ni siquiera recuerdo me había postulado. Quieren al mas calificado, experto y habilidoso, certificado en cuanta norma existe, ¡carajo! Si no tengo pa’ tragar menos pa’ pagarme un puto curso. “Es que ya hay cursos gratis”, sí, sin certificado. “Es que no estes llorando”, “nada cae del cielo”, “no sabes venderte” y pura pendejada. Es entendible que los negocios buscan cubrir su inversión pero es inconcebible que crean que no deben invertir en desarrollar a su personal, a su gente, al equipo, en certificarlos. Por eso México es tan improductivo, solo pagan horas nalga en vez de desarrollar a la gente e incentivar su crecimiento. Y de los de recursos mejor ni hablamos. Puñado de psicologos que creen que por saber categorizar a las personas ya van escoger al mejor o al peor, cuando el clima laboral establece la rapidez con la que el trabajador se va a desenvolver en el puesto. En fin, a 3 días de cumplir 2 años sin trabajo. Septiembre 2019- , Supervisor de Producción.

  2. Excelente artículo y plasma la realidad en, cuando menos la Ciudad de México. Es penoso que se tenga que vivir esa experiencia, primero es la falta de experiencia, después que te falta el título, posteriormente que si tienes posgrado y al final o es la edad o tienes muchas credenciales para el puesto.

    Es una amarga experiencia

  3. Si las cosas ya eran así de complicadas antes de la pandemia, y en descargo del actual régimen, ya estaban muy mal mucho antes ¿qué se puede esperar hoy, pero sobre todo qué podremos esperar mañana ante esto que sigue sin control?
    Sumado a lo anterior, una frase tan brutal como “Que quiebren los que tengan que quebrar”, nos da más datos de lo que puede venir cuándo esos que tienen que quebrar son quiénes proveen el mayor número de empleos.
    La entrada en vigor del tratado comercial con los vecinos del Norte, y la reforma laboral más reciente se diseñaron en un contexto totalmente distinto; la aplicación de normas internacionales sobre el trabajo y la democratización del mundo laboral en México serán un argumento qué pretenda justificar por parte de los responsables, las dificultades en la creación de empleos.
    Aquí nos tocó sobrevivir, toca trabajar para poder trabajar o para que los hijos de quiénes tengan la audacia de tenerlos puedan trabajar adecuada y satisfactoriamente en su propio país.
    Debemos optar por la la educación y la capacitación frente al desánimo propio y la descalificación contra los, las profesionales y la ciencia por parte de quien debiera apoyarles.

  4. Muy buena descripción,del desempleado urbano,falta la del rural,la falta de capital para sembrar,la ida de inmigrante y penurias más penurias,la falta de terminar la escuela,la vida de jornalero que no para más,y la transformación de generaciones que ojalá se eduquen y encuentren empleo

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