Ecos y repeticiones en Los modernos

Seleccionar, mostrar y yuxtaponer en las salas de un museo los indicios de un momento de creatividad o de significación cultural, son procesos que  intervienen en la edificación y desmantelamiento de nuestras ideas sobre periodos artísticos, centros y periferias de creación, estilos personales, diálogos y ecos entre obras, valores y algunos porqués del arte. La exposición de Los modernos en el MUNAL busca identificar las inquietudes en común del arte europeo y el mexicano durante todo el siglo XX y el encuentro entre latitudes genera una reflexión distinta sobre el fenómeno cultural del modernismo y las vanguardias.

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Gracias a la colaboración entre el Museo Nacional de Arte y el Musée des Beaux-Arts de Lyon, artistas como Pierre Bonnard, Albert Gleizes, George Braque, Pablo Picasso, Henri Matisse y Francis Bacon dialogan con Saturnino Herrán, Ángel Zárraga, Dr. Atl, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Germán Cueto, Remedios Varo y Roberto Montenegro. Se percibe un afán por descentralizar el arte moderno europeo y observar qué se hizo fuera de las grandes sedes. En este caso, se observa su forma particular de permear en México.

Las obras reunidas dan testimonio del rico intercambio cultural de nuevas propuestas estéticas que se dieron a lo largo del siglo XX. Los modernos rastrea la respuesta que dieron las artes plásticas a la adversidad de  la Primera y Segunda Guerra Mundial en Europa y la Revolución en el caso de México. Varios artistas mexicanos viajaron y vivieron estancias en Europa, cultivaron amistades, colaboraciones e influencias de todo tipo. Por su parte, algunos artistas europeos como André Breton, Leonora Carrington o Remedios Varos visitaron e incluso vivieron parte de su vida en México, lo cual exacerbó el intercambio.

El término de “los modernos” es bastante difuso, remite al modernismo pero no es sencillo definir cuáles son las características de tal movimiento cultural. Aunque su origen se puede localizar tentativamente en el impresionismo, que rompe con los estándares académicos y empieza a cuestionar la moral burguesa, hay múltiples puntos de vista sobre qué es el arte moderno.1 Quizás en esencia implica algo muy plural que se manifiesta en distintos “ismos”. Entre sus características, se suelen enumerar una subversión frente al realismo y la monotonía del naturalismo, una conciencia enfática de los aspectos formales y las posibilidades al experimentar con ellos, un subjetivismo exacerbado y la celebración de la expresión individual e introspectiva.2

Tomando en cuenta esta problemática inherente, la exposición no se constriñe a una definición singular de arte moderno y más bien lo explora e interroga a partir de nueve núcleos temáticos. Los primeros tres, paisaje, desnudo y retrato, se pueden caracterizar como géneros clásicos de pintura. El cuarto núcleo de surrealismo responde a la manifestación de esta vanguardia en particular. Luz y color, línea, espacio y abstracción son ejes de reflexión más fluidos y son núcleos que hasta cierto punto enfatizan aspectos formales y muestran a qué grado se fue alejando el arte de la tradición figurativa. Las categorías a su vez están poco definidas y la elección, sobre todo de las últimas, resulta arbitraria.

La disposición de las piezas entrecruza el arte mexicano y el europeo de tal manera que para el visitante sea fácil percibir los elementos en común. La ficha introductoria de cada núcleo se complementa con una cédula que comenta la contigüidad de dos piezas de esa sección. Parece que se trata de darle un peso equivalente al arte europeo y al mexicano, tratar de desmentir que Europa encabezó un monólogo y sugerir que hubo dialogo y espejeo en ambas direcciones. En la noche de museos, las cédulas se tapan y se invita al visitante a una cita a ciegas. Dado que conocía la exposición previamente, me pareció interesante que la identidad europea o mexicana de algunos cuadros fuera intercambiada en la mirada de los asistentes. Parece que es una estrategia de mediación que manifiesta un anhelo por eliminar la idea de la superioridad de los artistas europeos y ciertos estereotipos del arte mexicano.

Los modernos deja ver pinturas juntas que difícilmente se verían al mismo tiempo, ayuda a identificar preocupaciones simultáneas en el arte europeo y el nacional. La cercanía incita a comparar, contrastar y, bajo esa luz, volver a mirar el arte frente a nuestros ojos. Resulta sencillo darse cuenta de las semejanzas entre las pinceladas gruesas y los colores primarios de Georges Rouault y David Alfaro Siqueiros en el Cristo que pintan cada uno de ellos. El boceto para el mural tiene un formato más pequeño de lo que acostumbramos ver de Siqueiros, pero el rojo y el escorzo conservan su dramatismo. La cara flotante de La Santa Faz plasma un momento anterior al de la cruz y el rostro flotante es el de un hombre que aún no ha sufrido tanto.

En la siguiente sala lo que quizás llama la atención son los retratos familiares femeninos, bastante naturalistas y figurativos. La gama de grises de Dos niñas de Alfredo Zalce contrasta con las blusas coloridas de las mujeres en La esposa y la hija del artista de Gino Severini. Severini reúne distintas texturas y estilos pictóricos mientras que Zalce es más sobrio. Ambos remiten a las fotografías familiares, hay una sensación de estar posando en un estudio fotográfico. Aunque la proximidad de Pierre Bonnard y Éduoard Villuard sea más natural por el movimiento nabí, sin duda vale la pena volver a mirar sus escenas domésticas de espacios íntimos, vislumbrar cómo cada uno pinta de una manera muy suya esa cotidianidad.

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Sin embargo, en ciertos momentos el diálogo propuesto por la yuxtaposición de obras no genera una resonancia contundente. El ejemplo más evidente es el de Pescado sobre un plato de Pierre Bonnard y El pescador de Mallorca de Roberto Montenegro. A pesar de que se puede reconocer cierto “estilo luminoso”, como señala el comentario, el eco es forzado y pensar que están juntas porque ambas recuperan el elemento del pescado no es un vínculo suficiente. Por otro lado, incidentes como éste terminan enriqueciendo la experiencia individual de la exposición. Hay un gozo particular en tener disidencias con el discurso curatorial propuesto. Entender cómo funciona la exposición en términos generales es valioso, pero lo es más construir un contrapunto a través de las arbitrariedades personales. Detenerse a mirar con el bagaje personal de cada uno establece vínculos que pueden transformar el recorrido en una experiencia significativa.

Es recomendable deambular por la exposición completa y tratar de entender qué querían decir los curadores con la selección de obras. Disfrutar con lo que uno está de acuerdo y pensar por qué algunos aspectos no están tan bien logrados. Más allá de eso, lo mejor es poder revisitar piezas que llaman la atención de manera caprichosa. A lo mejor al mirar el pescado descansando pienses en la esposa Marthe de Bonnard, tan retratada por él bañándose, y te imagines que tal vez hay algo de ella en aquel pescado. Prestar atención para después perderse en las asociaciones libres. Dejar que te remitan al libro de Barnes que te regalaron en tu cumpleaños. Keeping an Eye Open reúne ensayos sobre arte primordialmente francés y la exposición se enriquece con los fragmentos que aún conservas bastantes frescos y con otros de los que ya sólo quedan impresiones imprecisas. En la introducción de ese libro, Barnes advierte que somos criaturas verbales y que si nos ponen frente a una pintura o cualquier pieza de arte nos gusta parlotear con idiosincrasia, aunque sea en silencio y con nosotros mismos.

Por eso, al seguir caminando, en la parte de abstracción ves Sans titre (Le Cheval majeur) de Van Velde y a lo mejor te acuerdes de los diálogos que escribió Beckett sobre pintores, en donde parece decir una disparidad cuando comenta que la pintura de Van Velde es inexpresiva. La disparidad no es tal viniendo de Beckett pues en Van Velde encontraba una pintura que hacía lo que él buscaba con la literatura. Beckett tenía un proyecto estético en el que incesantemente expresaba la imposibilidad de expresar. Al ver los cuadros cubistas, piensas en la idea de sinécdoque de Jakobson y te distraes con Gertrude Stein. Ante el Violín de Georges Braque es clara la idea de que cada uno de los puntos de vista desplegados y traslapados son sinécdoques del violín. Te vuelves a distraer con la bailarina flamenca, pues conoces a alguien que recién bailó en un festival. El parloteo es persistente.

Y quizás no es hasta que al final ves El estudio para una corrida de toros y la Carcasa de carne y ave rapaz de Francis Bacon que encuentras una de esas pinturas especiales que Barnes dice que te pasman y te obligan a guardar silencio aunque sea por unos instantes. Son pinturas poderosas que logran asir una energía vital. El silencio mental dura poco y de nuevo regresas a pensar en la problemática de la expresión y la representación. Y es ahí cuando se puede pensar que todos visitan la exposición llevando consigo ecos y repeticiones particulares y privados que resonarán de manera distinta con el discurso curatorial, que las piezas que le llaman a uno atención no necesariamente serán las mismas que pasmaron a quien camina al lado. Gracias a estos ecos personales, sin importar cuán banales o nimios parezcan al otro, en cada uno de los visitantes se dan procesos de edificación y desmantelamiento de las ideas sobre periodos artísticos, centros, periferias, estilos, diálogos, valores y porqués que hacen que una exposición sea realmente memorable y vaya mucho más allá de las conexiones que el discurso curatorial quería plantear.

A finales de abril, la muestra se traslada al Museo de las Artes en Guadalajara. 


1 El diagrama que sugiero ver fue diseñado por Alfred Barr para la exposición de cubismo y arte abstracto de 1936 en el MoMA recién fundado. A pesar de tener casi 80 años, sigue siendo una explicación gráfica iluminadora para entender la multiplicidad del fenómeno del arte moderno.

2 Możejko, Edward. “Tracing the Modernist Paradigm: Terminologies of Modernism.” Ed. Astradur Eysteinsson yVivian Liska. Modernism. Amsterdam: J. Benjamins Publisher, 2007. 12. PDF.

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Publicado en: Curadero

Un comentario en “Ecos y repeticiones en Los modernos

  1. Muy buena nota su redacción es impecable. Me pareció particularmente interesante la propuesta de buscar coincidencias y paralelismos entre la plástica Nacional y Europea. Enhorabuena cualquier coincidencia que enriquezca la cultura y las artes.

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