La poeta estadunidense Lorine Niedecker (1903-1970) cosechó grandes alabanzas por parte de sus pares. Su obra fue muy admirada por Marianne Moore, William Carlos Williams, Edward Dahlberg, Charles Reznikoff y tantos otros. Aquí una selección de poemas en versión de Hernán Bravo Varela, con un fragmento introductorio también de su selección.
“Las [hermanas] Brontë tuvieron sus páramos, yo tengo mis pantanos”, escribió Lorine Niedecker [1903-1970] sobre la acuosa y anegadiza Isla Blackhawk cerca de la ciudad de Fort Atkinson, [en el estado de] Wisconsin, donde vivió buena parte de su vida. Aunque pocos toleraban las privaciones estacionales de vivir en la isla, el apego de Niedecker por el lugar era profundo. Su vida junto al agua ya no se apartaría jamás de la escena poética de vanguardia, donde también hizo su casa.
[…]
En vida, [Niedecker] cosechó grandes alabanzas por parte de sus pares. Su obra fue muy admirada por Marianne Moore, William Carlos Williams, Edward Dahlberg, Charles Reznikoff […] y tantos otros. El 5 de enero de 1971, seis días después de su muerte, el Wisconsin State Journal [El Diario de Wisconsin] publicó la siguiente carta, escrita por [el poeta británico] Basil Bunting en su casa de Wylam, Reino Unido:
Lorine Niedecker […] será recordada por largo tiempo y con calidez en Inglaterra, un país que nunca visitó. Ella, según el juicio de muchos, era la poeta más interesante que los Estados Unidos haya producido jamás. Su obra fue austera, libre de todo ornamento; descansaba en los ritmos fundamentales de una declaración concisa, lo que para muchos lectores debió parecer extraño y descarnado.
—Jenny Penberthy, “Vida y escritura” (fragmentos),
prólogo a las Obras reunidas de Lorine Niedecker
* * *
Cuando el éxtasis es inconveniente
Finge una gran tranquilidad;
los traslados felices pronto acaban.
Canta: porque quién sabe
si el vuelo es el final o el vuelo es el principio
para una gaviota que descansa.
Corazón, tú, tranquilo.
Di que hay dinero aunque esté oxidado,
di que el tiempo lunar no es el propicio para escabullirse.
Es el color del cielo más abajo,
saturado en exceso,
o el viento que sopla en mi moño.
Conoce con asombro
qué tan frecuentemente una
hace locuras por su propia mano
y se las queda.

[Dos hombres viejos…]
Dos hombres viejos
—uno propuso que vivieran juntos—
se turnan para cocinar y lavar platos
ambos estaban solos.
Dice el amigo: “Nuestra manera de vivir
es tan distinta:
tú escupes
y yo no”.
[¿Podemos convenir…?]
¿Podemos convenir que el saber no se siente?
Pero si ése, el transporte, es el problema
—me dicen que me haga de un trabajo y me gane yo sola
un automóvil—, yo prefiero ir juntando mis partes
mientras voy: silla, escritorio, casa
y cigüeñales de la marca Shakespeare.
Niño generador, Paul: el amor es llevado
al sostenerlo.
[A la luz de Leonardo]
A la luz de Leonardo
nos preguntábamos
si el sol no ama
Mi sombrero
consiguió
perder peso
Estoy tranquila
Tú igualmente
tienes un doctorado
en calidez
[Propiedad es pobreza…]
Propiedad es pobreza.
Ya pagué la hipoteca.
Soy dueña nuevamente
de estas paredes tan delgadas
como el reverso
del bloc en el que escribo.
Más aún:
lo que vive aquí
—la mesa de juego donde como,
la cama rota—
se sacrifica por algo menos
que arte.
[El sueño alcohólico]
El sueño alcohólico
que hacía que él huyera
lejos de casa
para regresar
tambaleante
lo mismo que la casa
en esta parte antigua
de la ciudad lo deja
lamentándose:
¿por qué
te hago daño a ti
a quien yo amo?
¡Tienes fría
la oreja! —Ven
y bebe
[¿Quién era Mary Shelley?]
¿Quién era Mary Shelley?
¿Cuál era el nombre
que tenía de soltera?
Huyó con el tal Shelley
montó un burro
hasta que el burro debió ser cargado.
Mary creó a Frankenstein
su ojo amarillento
antes de que se ahogara su marido
Creó juegos de espantos
en homenaje a Byron, Shelley
hizo bajar las velas.
¿Quién era Mary Shelley?
Ella leía en griego, en italiano
dio a luz a un hijo
Que murió
y de nuevo a otro hijo
que murió.
Swedenborg
Y bueno él vio que el hombre fue creado según
la dinámica de los elementos. Halló
el alma: en la sangre. Por fin,
se jubiló en una casa por la que pagaba
impuestos a ventanas. (¡Por aumentar la luz!)
Vivió con sencillez. Hizo de jardinero. Vio visiones.
Y nada de merienda salvo té.
Ahora bien vio al alma de su “Reza,
porque qué es la materia” abandonarse ante los tipos
—¡cielos!— delicados de cosas como una rosa azul.
Es muy extraño —pues cultivó rosas azules,
no sé si sabías.
[En Otoño]
En Otoño de joven yo decía: los pájaros
están en sus más altos pensamientos
de huir
A mitad de mi vida nada dije
—condenada
a un sustento
En la vejez —una reunión donde farfullan mucho
antes de despedirse
de cuanto conocemos
Ejecución hipotecaria
Que tiren mis paredes desnudas
mis pilares de cemento
sus en lo sucesivo
sus cláusulas de clausurar
Déjenme a mí la tierra
Tachen: la tierra
Que la prosa y la propiedad se extingan
y a mí déjenme en paz
Poemas provenientes, en orden de aparición, de las secciones y libros Poemas 1928-1936 [“Cuando el éxtasis…”], Poemas 1945-1956 [“Dos hombres viejos”], Para Paul y otros poemas, ca. 1949-1953 [“¿Podemos convenir…?], Poemas 1960-1964 [“A la luz de Leonardo”, “Propiedad es pobreza” y “El sueño alcohólico”], Poemas hechos en casa / hechos a mano, 1934 [“¿Quién era Mary Shelley”], Poemas 1965-1967 [“Swedenborg” y “En Otoño”] y Clavicordio y salazones de pescado, 1970 [“Ejecución hipotecaria”], en Obras reunidas de Lorine Niedecker (Universidad de California, 2002, 471 pp.)
Hernán Bravo Varela
Poeta y ensayista