Es una obviedad: las series han modificado por completo el panorama de la creación audiovisual y la cultura cinematográfica. La mayoría de estos cambios arrolladores se han hecho cada vez más perceptibles. Entre éstos, las series de superhéroes inspiradas en cómics, tanto en forma como en fondo, están planteando toda una fresca forma de narrar y construir a sus sobrehumanos y atormentados protagoninstas. Legión, con un superhéore atípico es un ejemplo sintomático de este nuevo fenómeno.

Legion (Estados Unidos, 2017)
Dirección: Noah Hawley, Michael Uppendahl, Dennie Gordon, Larysa Kondracki, Tim Mielants, Hiro Murai
Guión: Noah Hawley, Peter Calloway, Nathaniel Halpern, Jennifer Yale
Reparto: Dan Stevens, Rachel Keller, Aubrey Plaza, Jean Smart
Fotografía: Dana Gonzales
Producción: 26 Keys Productions / 26 Keys Productions / Marvel Television
Cadena televisiva: FX
Las producciones televisivas llegaron para descolocar diversos lenguajes narrativos. Su reciente boom significó la apertura de los espectadores hacía una manera distinta de acercarse a las imágenes visuales y sonoras: si el cine enamora en formatos de tiempo relativamente cortos, la televisión ofrece un amor por entregas, perdurable e indefinido.
La intención no es calificar o descalificar qué lenguaje es el mejor. La vieja discusión sólo remitiría a las rancias percepciones sobre un canon que, considerando la velocidad de las transformaciones expresivas en el arte, es totalmente anticuado. La televisión y el cine son hermanos y, nos guste o no, hay poco que hacer ante eso. Sólo resta repartir nuestros días entre la butaca de la pantalla grande y el sillón de nuestra sala con un servicio de streaming.
Los nuevos clásicos
A pesar de la juventud de la televisión, la distancia temática entre estos hermanos se ha visto disminuida. Ahora, además de pensar en los grandes títulos de clásicos que han marcado la historia de la humanidad (desde Griffith hasta Haneke, por ejemplo), la historiografía de la pantalla chica ha encontrado producciones como Los Soprano, Mad Men, Twin Peaks, Breaking Bad, The Wire o The Leftovers, por mencionar algunos. Herederos indiscutibles de las ambiciones cinematográficas, series como estas aún se encuentran a la espera de un reconocimiento para señalar que la serialidad también puede ser el soporte ideal para grandes temas como la muerte, la fe, el amor y la violencia.
Sorpresivamente, y de manera contraria, pasa algo curioso cuando nos enfrentamos a este mismo pensamiento sobre la serialidad y el cine en relación con los superhéroes. Envueltos en la sombra de una maquinaria de superproducción hollywoodense, los dos mundos, el de DC Comics y Marvel, se han convertido en la nueva gallina de los huevos de oro que rescata, sin tapujos, una evidente crisis de ideas en el cine taquillero contemporáneo.
Pensemos en la larga lista de películas que han recaudado millones y millones de dólares alrededor del mundo. La espectacularidad ha dominado la adaptación de la vida y la muerte de estos seres con súper poderes que representan el ideal del hombre ante un mundo extraño y salvaje. La forma ha sufrido cambios importantes a través de los recursos tecnológicos, un arma de doble filo que prepondera los acontecimientos superficiales como las batallas.
Y aunque la decepción puede dominar a algunos fanáticos, es cierto que hasta hace unos años pensar en todas las implicaciones, formales y narrativas, vistas en la pantalla chica, no representaba mayor interés para los productores. Si bien hay un listado de adaptaciones televisivas dominantes de mediados del siglo pasado (Batman, ABC, 1966; La mujer maravilla, ABC, 1975; El increíble hombre araña, CBS, 1977; El increíble Hulk, CBS, 1978), muchas de ellas optaron por impregnar de cierto aire cómico la ya marcada carencia en la producción, una posición que los alejó aún más del trabajo previo realizado por los creadores de los comics: la esencia del cómic, una respuesta política y social al mundo, se limitó de manera significativa.

Producir al infinito
Años más tarde, con la tendencia noventera de las series destinadas a un público joven, las cadenas televisivas pasaron de la esencia cómica a una en donde el lado humano de los superhéroes era materia ideal para dramas románticos adolescentes. Smallville, de The WC, trazó los amores y desamores de un Superman jovencísimo bajo la estructura lacrimógena de su hermana de cadena televisiva, Dawson’s Creek (1998- 2003).
Gran parte de los superhéroes cuenta con una historia de vida casi infinita que es, a ojos de las cadenas televisivas, el punto clave para alimentar las historias de la pantalla chica. Con Netflix a la cabeza como el productor monstruo contemporáneo (seguido por HBO, The WC y FX), hemos seguido muy de cerca la eterna lucha que ha heredado la pantalla grande: DC Comics vs. Marvel.
Producciones que nacen desde DC Comics como The Flash, Supergirl, Arrow, Legends of Tomorrow y Gotham, se enfrentan a los estrenos de Marvel como Jessica Jones, Agents of Shield, Daredevil y Luke Cage. La respuesta favorable fue casi inmediata, y después de la renovación por segundas y terceras temporadas, parecía que lo que se hacía en televisión era mucho más atractivo y arriesgado que las versiones para cine, pero ¿por qué?
El éxito de ciertas recetas
Cómplices incomprendidos, tanto las series de televisión y el cómic comparten una estructura por entregas, muchas veces con una voz coral que dota de un suspense narrativo que cierra cada capítulo como un gancho al hígado. Simplemente un cómic es un guión gráfico, casi la mitad del trabajo que se necesita para concebir físicamente una idea audiovisual. Los showrunners, inspirados o no en este recurso, hacen de este primer acercamiento, por medio de las imágenes, un punto de partida fundamental.
Así, la relación entre la pantalla chica y los cómics es intima y constructiva: como pequeñas escenas imaginarias, las viñetas ofrecen la posibilidad de transformación clásica de una adaptación, pero sin modificar la esencia de la historia. De esta manera, la representación gráfica se convierte en una guía creativa que no se basa en ataduras y da como resultado algo muy parecido a lo que conocemos como “cine de autor”.
A pesar de esta ventaja, es importante señalar que la mayor parte de las adaptaciones de cómics de superhéroes a la televisión sigue muy de cerca los pasos de su hermano mayor: los blockbusters. Al dar prioridad a la forma y la receta de la espectacularidad, se han negado las posibilidades que pueden aportar personajes de este tipo: seres no unidimensionales con una historia de vida que supera a la de los seres comunes y corrientes.
En este panorama, las recientes producciones televisivas dedicadas a los superhéroes o bien basadas en cómics, han descubierto que la mejor forma de equilibrar el éxito con la esencia primigenia del cómic no es sólo trazar una línea narrativa del bien contra el mal aderezada con la biografía de los protagonistas, sino entender que el universo capturado en cualquier comic es, casi por ley, una otredad que maravilla y asusta al mismo tiempo. Al final, el conflicto de estos personajes nace de la incomprensión de sí mismos o del mundo que está a su alrededor.
Legión: más allá de Hombres X
En 2017, con la unión entre Marvel y Fox, se dio luz verde a la adaptación de una de las historias paralelas del universo de los Hombres X: Legión, basada en el trabajo del guionista Chris Claremont y el dibujante Bill Sienkiewicz. Esta publicación de 1985 narra la vida de David Haller (Dan Stevens), un joven diagnosticado con esquizofrenia que en realidad sobrelleva los estragos de los superpoderes heredados por su padre, Charles Xavier, el Profesor X.

Legión es el mejor ejemplo de esta camada de adaptaciones televisivas que otorga mayor importancia a la construcción de su protagonista, un interés que también sucede en Jessica Jones; sin embargo, Legión destaca, en primera instancia, por estar bajo la supervisión de Noah Hawley, el creador de otra famosa serie de televisión, Fargo (FX), una adaptación libre de la película de 1996 de los hermanos Coen.
Al igual que en Fargo, la constante observación de los personajes genera un punto de tensión: Legión, a diferencia de sus contemporáneas, no pone a su protagonista a luchar con villanos de carne y hueso: la verdadera batalla sucede en su interior. Él es su propia amenaza, un punto de partida que desconcierta pues significa la supresión de la materia prima de las historias de superhéroes: el enfrentamiento, cuerpo a cuerpo, con otro individuo que representa a su contrario. Los superpoderes son más que efectos especiales y suponen la llave de acceso a un mundo audiovisual totalmente hilarante.
Sin dejar atrás el cometido del héroe que debe alcanzar su objetivo, Legión crea una historia completamente intelectual bajo una atmósfera caótica y surrealista. Cuando David Haller descubra sus poderes, deberá aprender a controlar su mente y evitar lo que supondría la destrucción del planeta, una misión que se representa, en cada capítulo, como una odisea perdida entre la realidad y las fantasías de Haller. La figura del superhéroe queda en segundo plano y nos convertimos en los observadores de un análisis detallado de lo que significa vivir con una condición mental.

Con una estética cercana a Utopía (Channel 4, 2013), de colores estridentes y saturados, la mente de Haller es el escenario para crear las ensoñaciones del cine de David Lynch o Michel Gondry. El despliegue audiovisual es particular y combina, por ejemplo, la cámara lenta con coreografías de videoclip. Esta refrescante mescolanza de estilos la convierte en una apuesta osada muy alejada de la estructura tradicional televisiva (al menos en lo que a superhéroes se refiere). Legión representa la otra cara de la homogeneización de los contenidos televisivos; en esa cara se integran, se superan y se retroalimentan aspectos audiovisuales y narrativos.
¿Hacia otra evolución creativa?
La lista de las series nacidas del mundo del cómic es inmensa. Además de los superhéroes, es importante no olvidar otras producciones como The Walking Dead, Preacher o Riverdale que nacen del mundo gráfico. Por ahora, Legión es una de las pruebas de que los estilos televisivos evolucionan y construyen sus propias insignias. Si esto sigue así, imaginemos el asombroso resultado de uno de los proyectos más ambiciosos de HBO: la versión televisiva de The Watchmen, el cómic escrito por Alan Moore, bajo la mirada de Damon Lindelof, uno de los responsables de Lost y la cabeza de The Leftovers.
Mientras ocurre esto, no perdamos de vista los alcances de Legión que ahora, con una segunda temporada que se estrenará en abril de 2018, continúa el objetivo máximo siempre a favor de los espectadores: descolocar el lenguaje narrativo a través del amor por entregas.
Arantxa Luna
Crítica de cine.
Twitter: @_loquefuimos