Daniela Tarazona, rara avis de la literatura mexicana, premio Sor Juana 2022

La escritora Daniela Tarazona recibe hoy en la FIL de Guadalajara el Premio Sor Juana Inés de la Cruz por su novela Isla partida. El siguiente ensayo y entrevista la sitúa en una estirpe original de la literatura mexicana, fuera de los convencionalismos del mercado actual.


Detrás del anodino silencio, la araña laboriosa de la escritura de Daniela Tarazona teje una rara urdimbre. No es infrecuente que en las novelas de la escritora mexicana, que nació en la Ciudad de México en 1975, la rutina y lo cotidiano más que colapsar se deslicen suavemente hacia un despeñadero narrativo. Eso ocurre cuando una mujer comienza a mutar en reptil en El animal sobre la piedra (2008), la primera novela de Daniela; el cambio, un ajuste de piel, llega sin justificaciones excesivas, esas transformaciones en su pluma son naturales. Por esa senda camina Isla partida (Almadía, 2022), su más reciente novela, por la que le conceden este año el Premio Sor Juana. En esa isla, que más que escindida es una prolongación accidentada del cuerpo y la vida de una mujer que se desdobla, se juega la fragilidad y se reajusta su mundo.

“Creo que el cambio es una constante —dice la autora en entrevista—, ahora somos de una manera, y somos otros cuando nos levantamos, nos desenvolvemos de otra forma. Todo lo que nos ocurre nos modifica, nos altera. En El animal sobre la piedra el cambio es más expuesto, para enfrentarse al duelo y al dolor, Irma se convierte en reptil; la vida y la muerte y la resurrección de Hipólita son parte de El beso de la liebre (Alfaguara, 2012); en Isla partida la mutación está más llevada a la forma, en cómo se va desenvolviendo el mismo texto, como los fragmentos se van convirtiéndose en otra cosa. El cambio nos supera, es más fuerte que nosotros”.

Hay un matiz fantástico en las obras de Daniela Tarazona que pasan por un arco narrativo que recuerda y rebasa al surrealismo tardío de, por ejemplo, Ese oscuro objeto del deseo (1977), una de las últimas películas de Luis Buñuel. Ahí dos mujeres nada parecidas, una francesa y otra española, interpretan a un mismo personaje que destantea no sólo al protagonista del filme sino también al espectador. “Ella y tú son la misma persona. No es importante que cada cual encarne un cuerpo distinto. Las conjugaciones son irrelevantes. Dices ella y dices tú”, se lee en Isla partida, un destello que sintetiza bien el resto de la obra de la escritora mexicana. La novela se suma a un libro reciente: un ensayo dedicado a otra autora singular y sobre todo extraña y misteriosa, titulado Clarice Lispector. La mirada en el jardín (Lumen, 2020).

Las investigaciones que emprende Daniela culminan en obras de una breve densidad que ciertamente plantean una crisis en tanto que transformación. Para escribir otra de sus novelas, El beso de la liebre, ahondó en el tema de la cirugía plástica. En Isla partida no sólo recurrió a la neurología y a diversas interpretaciones médicas sino que incluso utilizó el “Análisis espectral del electroencefalograma y potenciales relacionados a evento”, que le realizaron en 2014, cuyas imágenes se reproducen en el libro, que, confiesa, dan cuenta de las descargas eléctricas exageradas de mi cerebro.

La mesura de su producción es notable, apenas tres novelas en 14 años. “Siempre he tenido trabajos de jornada completa —confiesa—, entonces para mí la escritura ha sido un espacio aparte, no es algo que me haya dado para vivir, escribo en otros tiempos, entonces quizá por eso me he tardado más. Pero tampoco me gustaría hacerlo de otra manera, para mí es muy importante tener una estructura cotidiana, tener un trabajo, ir y venir, ese diálogo con el mundo de una manera más funcional”.

Para Torodov lo fantástico es un momento de duda compartido entre un personaje de ficción y el lector de un texto. Las derivas fantásticas de su obra creativa se imponen a la ficcionalización del yo o la autoficción, que lleva tiempo desgastándose también en otras disciplinas del arte —ejemplos sobran y el paroxismo de ello en la generalidad es la película Bardo. Así, la autora emprende viajes que van más allá de sí misma, un desnudamiento que produce un escalofrío que no es el del espacio físico a la manera de Quiroga sino que proviene de un lugar indeterminado, donde, como ella misma apunta, “los hechos más temibles suceden en silencio”.

Daniela da pistas de su vecindad con otras raras, que vistas de cerca no son normales —nadie lo es, si se atiende su obra— por ejemplo Eunice Odio, Amparo Dávila y Elena Garro, que nunca estuvieron alineadas con los temas en boga y que, afortunada o desafortunadamente, su redescubrimiento es una tarea permanente de críticos, académicos y periodistas. “Cuando uno no trabaja con tendencias o temas a la mano, más presentes en lo inmediato, los textos toman más tiempo —asegura—, me tardo en escribir, pero no es algo que me incomode porque a la larga compruebo que las intuiciones eran posibles”.

Una imagena la Bachelard para terminar: “se había visto desnuda y sola, tirada sobre la arena como la concha de un caracol desgastado por el agua, el viento y la sal”. El oscuro significado de la transformación de la mujer de Isla partida es como esa concha, una cáscara que se desgasta, enquistada en su enigmático interior.

 

Carlos Rodríguez
Traductor y periodista cultural

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Publicado en: Ciudad de libros
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