El banco Citibanamex posee una de las mejores colecciones privadas de arte mexicano. Aquí presentamos la reseña de la reapertura de su espacio cultural en el centro de la Ciudad de México tras un año de pandemia.
El Foro Valparaíso, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, reabrió sus puertas después de más de un año de mantenerse cerrado debido a la pandemia de covid-19. El recorrido consiste de una exposición fija, en el primer piso, que promete retratar la evolución de la identidad mexicana, y una sala temporal, en la planta baja. Una de las características de este foro cultural son los espacios dedicados al emprendimiento, en el sentido de alentar a los grupos que visitarán las salas, sobre todo a los jóvenes, a emprender para crear un México mejor.
El Palacio de los Condes de San Mateo de Valparaíso es un edificio barroco construido en el siglo XVIII. En 1884 el Banco Nacional de México fue fundado en este mismo edificio y hasta la fecha lo mantiene como la matriz, aunque ahora lleva el nombre de Citibanamex. Hace tres años, el banco decidió dedicar tres mil metros cuadrados del espacio para ofrecer al público un foro artístico que consta de veintidós salas. El banco ha remodelado sus interiores, conservando la esencia de esta gran obra arquitectónica con ayuda del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Una de las características más llamativas de este edificio es la escalera helicoidal, única en todo el continente americano.

Foto cortesía de Citibanamex
El acervo de Citibanamex cuenta con más de dos mil obras, de las cuales fueron seleccionadas 117 para la exhibición fija. El trabajo curatorial lo realizó Angélica Velázquez, investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Las obras abarcan un gran periodo, comenzando en el siglo XVII, con obras de Miguel González, hasta la década de los setenta, con obras surrealistas como Historia del futuro (1975)de Julio Prieto. En las palabras de Alberto Sarmiento Donate, director del patrimonio artístico de la institución bancaria, el objetivo es “recuperar la historia artística del país”, esfuerzo que incluye buscar la repatriación de obras artísticas mexicanas que se encuentran en el extranejero.
La primera obra que apreciamos al subir a la exhibición permanente es un paisaje del Valle de México del pintor británico Thomas Egerton. Vale la pena preguntar: ¿por qué comenzar con una pintura de un extrajero si se trata de la identidad mexicana? Egerton, como muchos otros extranjeros, logró retratar una fracción importante de la sociedad mexicana con los ojos frescos de un foráneo, pintando una escena que tal vez sería demasiado cotidiana como para que un mexicano considerara retratarla.
La identidad mexicana, en parte, fue construida con la ayuda de gente de fuera que nos enseñó a valorar la importancia de nuestra cultura y la riqueza natural de nuestro país. El contexto de este primer cuadro se ubica en el año 1838, cuando México era una nación recién creada. En ese momento, nos acababa de reconocer tanto España como el Vaticano como país. Este paisaje del Valle de México nos cuenta dos historias: la grandeza natural del valle, con la vegetación tropical llena de tonos verdes y, detrás, el volcán nevado y las montañas que rodean el valle. En un segundo nivel, el lienzo nos muestra una ciudad a lo lejos y, de cerca, grupos de personas: algunos mestizos, otros criollos. Esta obra expone la belleza del valle junto con la sociedad multiracial de la capital y marca la pauta de la exposición.
Enseguida, con la ayuda de la realidad virtual, podemos experimentar un acercamiento interactivo a la historia a través de un cuadro de Francisco de Paula Mendoza en el que podemos apreciar la vista desde el Castillo de Chapultepec en 1880. En una sala oscura, la proyección —en el lapso de unos cuantos segundos— nos permite ver cómo sería el paso de un día en aquél entonces, desde el amanecer hasta el anochecer.
Las siguientes dos salas —que rompen un poco el ritmo de la exposición— son la sala original del consejo de administración del banco y un espacio en el que se cuenta la historia de Citibanamex en seis etapas. La primera se distingue por ser un espacio interactivo que conserva los detalles de cuero y muebles de madera oscura que aluden a épocas pasadas, con la ayuda de luces y sonido nos muestra una breve representación histórica de las más de trece décadas de la institución bancaria celebra las decisiones acertadas de sus directivos, comenzando por la crisis de la Ley Monetaria de 1931, pasando por la crisis de 1995 y terminando en la actualidad.
Las obras que siguen se enfocan en el carácter civil de la sociedad mexicana, a pesar de que al principio del recorrido aparece un puñado de obras religiosas. Entre ellas destacan: la Magdalena de Juan Tinoco, que se calcula que se pintó entre 1670 y 1685, y la Virgen del Carmen (ca. 1750-1790), retratada por Miguel Cabrera. A mí parecer, la más especial de las representaciones religiosas es el lienzo de Nuestra Señora de Guadalupe, no necesariamente por la ejecución de la obra, sino porque se cree que es la primera obra firmada por una mujer en México. La pintura fue realizada en 1798 por María Guadalupe Moncada y Berrio, quién vivió en el palacio donde hoy se encuentra la exposición, ya que fue hija de los condes de San Mateo. También cuenta con una pequeña sala que conserva los retratos de la familia.

Foto cortesía de Citibanamex
Las siguientes salas se recorren con un aire ligero y veloz, pues cada una se enfoca en las diferentes vertientes que conforman la identidad mexicana. Hay una gran variedad de artistas: podemos encontrar paisajes de Eugenio Landesio, retratos de Julio Ruelas, más paisajes de Egerton y de otros extranjeros que trazaron México y sus costumbres. También hay obras de artistas que abarcan retratos de rostros criollos, mestizos, afromexicanos e indígenas, así como postales de lugares de los que sólo quedan recuerdos, como el Gran Teatro Nacional, demolido en 1904. Por último, están los paisajes de José María Velasco, donde encontramos la unión entre la ciencia y el arte.
Después, damos un brinco a un México más moderno, pero no sin antes pasar por una pequeña sala que alberga pintura costumbrista, en la que podemos apreciar figuras como un pastor del Valle de México, un vendedor de aguas, una mujer de Campeche, una china poblana, entre otros.
Enseguida, tenemos a los bodegones y la naturaleza muerta, una pequeña pero hermosa sala en la que se agradece que la obra de Frida Kahlo, para variar, no esté puesta en el centro de los reflectores. En este pequeño rectángulo podemos encontrar una obra de Eulalia Lucio, una de las grandes artistas mujeres que han sido ignoradas por la historia, y El Alhajero de María Izquierdo, una obra escalofriante tanto por sus colores como por la firmeza de las pinceladas.

Foto cortesía de Citibanamex
La siguiente sala está dedicada a las Alegorías femeninas. En este espacio se esconden tesoros que parecen de otros mundos. Como resultado, se pierde un poco la idea de la identidad nacional, pero los sentidos agradecen la presencia de la obra de Germán Gedovius titulada Dama con cántaro, pintada en 1915, en plena Revolución. Dado que el país estaba desolado por la guerra, los campos de batalla serían la más obvia representación de aquél momento, pero Gedovius decide retratar a una dama en un jardín escondido entre enredaderas, con un vestido amarillo, haciendo una tarea cotidiana con tranquilidad.
Continuamos con el surrealismo, una de las corrientes que forman parte de los cimientos de la identidad mexicana. En esta sala podemos apreciar obras de Remedios Varo, Juan O’Gorman, Julio Castellanos, Leonora Carrington, entre otros. Por último, está la selección de obras que pertenecen ala Escuela Mexicana de Pintura, con obras clásicas como la Vendedora de alcatraces (1942) de Diego Rivera y el Guerrillero veterano (1958) de Jorge González Camarena.

Foto cortesía de Citibanamex
En la planta baja se encuentra la exposición temporal, en este momento el espacio presenta Alas de Ensueño, una exhibición de alebrijes de la familia Linares. Hoy en día es común ver alebrijes de grandes tamaños, pero el taller de los Linares comenzó esta tendencia de alebrijes monumentales con una especie de dragón de dos cabezas que está aparece como la obra más importante de esta primera sala, ubicada en lo que antes era el patio interior del edificio.
En la parte emprendedora del Foro Valparaíso, descubrimos una sala grande con pantallas y mesas interactivas en las que se intenta reflejar el compromiso social de Citibanamex con México. Esta parte del recorrido incluye diferentes actividades diseñadas para ayudarnos a descubrir al emprendedor que todos llevamos dentro de una forma divertida y lúdica. En mi caso, salió que el emprendimiento creativo es mi fuerte, por lo que me pareció bastante atinado.
Por el momento, es necesario hacer una cita previa para visitar el Foro Valparaíso. Aceptan grupos de todos tamaños que tengan interés por esta singular combinación de arte y emprendimiento. Vale la pena señalar la accesibilidad para personas con discapacidad, ya que todas las salas cuentan con rampas y elevadores. Próximamente tendrán recorridos para grupos de personas invidentes, ya que todo el recorrido fue traducido al braille. Los mediadores, aquellos que te acompañan en el recorrido, promueven la participación de los visitantes para que expresen su experiencia al contemplar las piezas de arte que forman parte del patrimonio cultural de México. Vale la pena visitar el Foro Valparaíso tanto por su arquitectura como por el arte que adorna sus paredes.
Melissa Cassab
Editora