Daniela Bojórquez Vértiz (ciudad de México, 1980) combina imágenes con texto en Óptica sanguínea (Tumbona ediciones, 2015). El curador Esteban King afirma: “Óptica sanguínea es un trabajo inusual y altamente sugestivo: las imágenes no ilustran al texto y los textos no describen a las imágenes; más bien, se teje entre ambos una suerte de relación complementaria”. En entrevista, Bojórquez Vértiz conversa sobre la imagen del testigo, el indicio en su calidad de huella, la idea barthesiana de la “suspensión de la incredulidad” y la conversación literaria.

Alejandro García Abreu: “Así que, desde este hoy, aquella casa necesita un testigo: un recordatorio de que esos días se parecían al que ahora sostengo en una fotografía mental. […] Tomo como ancla dos aspectos: mi testigo y un par de zapatos.”, escribiste en “El del viaje al pasado”. ¿De qué manera concibes la imagen del testigo en función del temor de que los recuerdos “se deslaven hasta que el pasado deje de ser lo que era”?
Daniela Bojórquez Vértiz: Justamente el testigo es en apariencia el que puede sostener una versión de los hechos, como diciendo yo vi, y así fue lo que vi. Me parece interesante esta serie de grados entre lo que ha sido, y lo que se dice de lo que ha sido. A la fotografía se le ha otorgado históricamente esta capacidad de “testificar”, que es una fe que se le profesa a la imagen fotográfica dada su condición técnica. Sin embargo, tanto las fotos como los testigos pueden mentir,crear sus propias versiones de los hechos, tal y como hacemos al recordar. Cuando recordamos, reescribimos.
AGA: “Todo lo que hay son indicios”, afirma el narrador de “Ficción del paranoico”. ¿Crees que la literatura parte de ellos?
DBV: Trabajo el indicio en su calidad de huella, de un tipo de signo plasmado sobre el papel. No creo que la literatura, aunque dependería cuál, parta de ellos, sino más bien genera sus propios indicios. Por ejemplo, suelen confundirse autor con narrador y personaje, sobre todo cuando la narración es en primera persona (como en el caso de este libro), y quizá haya quien desee encontrar indicios del autor por medio del texto, pero a mí me gusta pensar al texto como una realidad aparte.
AGA: Óptica sanguínea resulta una urdimbre de imágenes y texto. El procedimiento se radicaliza en “El interleph”, relato en el que las fotografías están en blanco. ¿Qué te condujo a sugerir imágenes, prácticamente inexistentes?
DBV: Esa serie es de hecho una pieza aparte, que he expuesto como pieza visual. La pieza partió del texto, que partió a su vez de “El Aleph” de Borges: estas imágenes “sin imagen” citan cierta lista de momentos (de Beatriz Viterbo) que siempre me pareció muy fotográfica. Quise hacer retratos de un personaje —Pilar— a través de la palabra, sin olvidar la condición fotográfica del álbum. Que el espectador o el lector generen sus propias imágenes es un fenómeno ineludible, aunque lo que hice aquí fue “dirigir” o especificar ese proceso. Los pies de foto sin foto llevan la información necesaria para imaginar retratos específicos, incluso con datos técnicos (Pilar de la Fuente en plano medio, blanco y negro, el destello de un flash, virado al sepia, etcétera). El procedimiento de crear imágenes con palabras es clave en literatura; sin embargo me interesó llevarlo hacia la fotografía, como parte de mi trabajo sobre la disciplina en sí y porque estamos en un momento de hiperproducción de imágenes donde parece más necesario prescribir sentido a las ya existentes que generar más.
AGA: En “Ataque de [teatro] pánico” se lee: “Es ficción, no pasa nada, ficción: adelgazar la ya delgada línea entre lo que pasa afuera y lo que pasa adentro, sobre todo tomando en cuenta que en teatro no es que esté pasando la realidad real”. ¿Cuál es el origen de tu exploración de la frontera entre realidad y ficción?
DBV: Me interesa esa idea barthesiana de la “suspensión de la incredulidad”. Barthes (que parte de la “fe poética” de Coleridge) lo ejemplifica justamente con el teatro, donde sabemos que no es cierto lo que vemos, pero se queda en la experiencia como un suceso “verdadero”. Algo similar ocurre con las fotografías: se quedan en el recuerdo como experiencia. Desde que empecé a hacer fotografía me interesó la distancia entre el objeto/sujeto representado; la idea de verosimilitud en literatura me interesa por igual. Por otra parte, y esto no es sino un pensamiento platónico, siempre he tendido a dudar de lo que conocemos como “realidad”; con mi trabajo intento contaminar niveles entre alguna realidad y sus representaciones.
AGA: ¿Por qué decidiste comenzar el relato “En lo que es ido” con un calambur (“En lo que es ido” / “en lo que he sido” / enloquecido”) y exhibir correcciones a mano?
DBV: Lo escuché-leí hace mucho y decidí apropiármelo porque ejemplifica muy bien estos equívocos posibles en el lenguaje articulado y noté que, de hecho, cualquiera de los tres títulos le vendría bien al texto. Las correcciones a mano son un comentario sobre la escritura en sí, quise hacer este desdoblamiento del propio texto que exhibe su proceso, transparentarlo de alguna forma.
AGA: “De la libreta romana” concluye con un signo de interrogación.
DBV: Sí. Se refiere a que las políticas de equipaje, conversiones de moneda, etcétera, en los viajes se mueven en terrenos bastante relativos; el texto consiste en una confusión mental del narrador-personaje en forma de crónica de viaje, supongo que terminarlo así acentúa su calidad de serie de interrogantes.
AGA: En “Distancia focal” abordas la “desesperación de la vista desenfocada”. ¿Cuál es el origen del texto, un sutil ejercicio visual?
DBV: Me interesa que un texto genere un gesto en el lector; incidir en el cuerpo del espectador es una estrategia propia de las artes visuales. En este caso, me gustó la idea de casar la forma con el fondo, un texto que trata sobre la vista y que es a la vez un reto visual.
AGA: “Speaking” constata que “hablar de las conversaciones” “es en sí una manera de conversar”. ¿De qué manera percibes la conversación literaria?
DBV: La conversación literaria es un diálogo con el emisor invisible al receptor y viceversa. Sólo el texto, dependiendo del tono o las búsquedas lingüísticas específicas de quien lo escribe encuentra a su lector, su escucha ideal. “Speaking” se refiere a la meta-conversación: una plática sobre sí misma que deriva en equívocos. Es sobre el lenguaje, sobre la dificultad de comunicar(se) aunque se esté en el mismo idioma. Me interesa el fenómeno de la conversación en tanto habita un código específico que sin embargo no es fijo (como ocurre con la lectura-escritura): las conversaciones son influidas también por la gestualidad del cuerpo. Por eso “Speaking”, un texto-foto-manuscrito, incluye imágenes de un hombre haciendo gestos propios de la comunicación en lenguaje de sordos y por esas mismas razones el título está en inglés.
AGA: ¿Por qué decidiste que “Speaking” fuera manuscrito?
DBV: Porque acentuaba la cualidad personal de un fragmento de conversación. Esas diferencias sutiles entre maneras de hablar, acentos, etcétera, decidí representarlas por medio de las características específicas de un texto manuscrito, que lleva la huella de la mano de quien “habla”. Otra vez el indicio.
AGA: El relato que da título al libro incluye dos tonalidades visuales (reflejas la ciudad de México y Berlín) y una reflexión sobre la sangre, el ruido y el silencio.
DBV: Desde hace algún tiempo en mi trabajo fotográfico abordo la posibilidad de captar las huellas de sucesos invisibles. Por supuesto, este trabajo necesita pasar por la representación, para que su resultado sea visible. Óptica sanguínea es un juego de palabras con el término “química sanguínea”: uso la cámara fotográfica como si fuera el instrumento médico que mide los niveles de glucosa, por medio de las fotos de un dedo índice sobre el lente. El resultado es una serie de representaciones cromáticas de la sangre, que hace referencia a la capacidad de las imágenes de connotar condiciones humanas internas,ya sean fisiológicas o psicológicas. La condición de la psique no es fija, por supuesto; al relacionar estas variaciones de rojo con cambios geográficos hago una crónica de viaje interna. El ruido y el silencio también están relacionados con este interés por ver, escuchar lo que no es visible ni audible; me interesa la línea delgada entre interior y exterior, en varios momentos del libro abordo estas tensiones.
Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.