Covidiario
25 de abril, 2020

En este diario colectivo varias voces irán compartiendo incidencias, sucesos, acasos, apuntes de una fecha específica. Son extractos de vida para acompañar el encierro.

Desde hace semanas me parece que dedicarse a la historia en estos momentos de encierro le añade una distorsión extra a mi percepción del tiempo. Sumida en lecturas sobre la década de los setenta, paso los días encontrando paralelismos infructuosos con la crisis de la OPEP durante el sexenio de Echeverría o preguntándome si la izquierda está condenada a autodestruirse mientras leo las desavenencias entre los grupos revolucionarios y el experimento democrático de la Unidad Popular chilena en una biografía de Beatriz Allende.

Los platos me recuerdan que sí pasa el tiempo. Dejé los de ayer y la pila es enorme, con todo y que hemos establecido la política de usar el tenedor del desayuno durante el resto del día (con sus enjuagadas intermedias, no crean). En este hogar nos hemos tomado muy en serio la división de cuidados y con algo de espacio para las preferencias: yo no cocino, sobre todo si es con la olla exprés, y tampoco lavo ropa. Lo segundo es medio irracional, considerando que el esfuerzo y la frecuencia son menores que los de barrer y trapear. Pero me rehúso a tener en la conciencia haber encogido una de las camisas de flores escogidas tan minuciosamente en Río de Janeiro.

Ilustración: David Peón

Mi hermana llama desde Barcelona. Fue su cumpleaños y quería agradecer las sillas para la playa que le mandamos de regalo. En lo que acaba su propio encierro, resolvió romper el candado que cerraba la azotea de su edificio para encontrar un poco del sol que no tiene espacio en los callejones del Born. Lástima que el aspirante a trovador que vive en el segundo piso se haya enterado y ahora tengan que compartir la azotea. Pienso que el espacio público tardará en volver a ser lo que era antes del coronavirus.

En mi repaso cotidiano de las noticias, que en estos días es muy poco sistemático, leo que el canciller ruso ha salido a defender a la OMS. Pide que no se politicen las reacciones tardías de ciertos países a la crisis sanitaria. Me hace pensar en un artículo que empecé a leer ayer sobre la historia del Organismo Internacional de Energía Atómica que desmiente los relatos de esta institución como árbitro de la no proliferación entre los bloques de la Guerra Fría, basado solamente en criterios técnicos. La autora cuenta que la IAEA estuvo sumida con la misma intensidad en el mundo que emergía de la descolonización africana, al punto de que, después de mucho cabildeo, Sudáfrica fuera destituida del board por sostener el apartheid y reemplazada por Egipto, cuya “nuclearidad” estaba lejos de ser comparable. El artículo argumenta que estas dinámicas influyeron en los significados de lo nuclear y explican en parte la insuficiencia de los esfuerzos actuales por la no proliferación.

Politizaciones aparte, me da pena la OMS. No ha de estar fácil ser el portador oficial de las malas noticias. La de hoy: que no hay prueba de que uno sea inmune después de haber tenido el virus. La meto al cajón mental de las noticias que mañana pueden ser otras.

Llega la comida rusa que pedimos. (No se tome como muestra de proselitismo. Nos emocionó leer que el borsch estaba al 2×1, y este es un lugar fantástico que incluso tiene su propio blog de difusión de la cultura rusa). Cuando bajamos a recogerla, ya estaba el músico del día de hoy tocando en la banqueta de enfrente. El repartidor se dirigía a darle su propina al trompetista pero se detuvo y persignó con ella cuando se dio cuenta de que M también había bajado dinero para el músico.

Desde que llegó el primer trompetista hace algunos días hemos tenido música casi diario en nuestra calle —hasta marimbas pasaron por aquí—. Supongo que se ha corrido la voz de que siempre hay alguien dispuesto a darles dinero. Probablemente un estímulo para hacerlo sea que estos músicos se sobrepongan al sonido del saxofón que le dio por tocar a uno de los vecinos que todavía no logro ubicar entre los edificios circundantes. Su repertorio se compone de unas tres canciones, de las que sólo identifico Bésame mucho. No que eso haga diferencia, porque todas las toca con errores y vuelve a empezar una y otra vez. Lo imagino arriba de un banco para sacar su instrumento desde el fondo de un closet. “Retomar el saxofón, un buen proyecto de cuarentena”, habrá pensado.

No lo juzgo. Cada quien tiene derecho a elegir su propio viaje al pasado en estos días que duran tanto, sobre todo si, como hoy, llueve a media tarde y la lluvia se detiene un par de horas después para declarar que el día puede seguir. Otras cuatro horas de luz para llenar un sábado que se volvió uno de esos sábados en los que antes hubiera sido una victoria atrincherarse en el sillón y no salir.

Emprendo mi último viaje al pasado del día con la transmisión por YouTube de la clase de ballet que da Tamara Rojo, del National English Ballet, en su cocina. Estoy tan oxidada como el vecino, pero también, como él, persevero. Hay algo valioso en volver a hacer las cosas que nos gustaban, en nuestros confines, lejos de las miradas ajenas.

 

Ana Sofía Rodríguez

 


 

24 de abril, 2020
Ricardo Bada

Está por terminar el día, el 38.º de mi confinamiento. Un día sin historia. Ni siquiera llamadas telefónicas, únicamente las que hace Diny apacentando a su grey, ella es la matriarca de los Hansen Kluitman.


 

23 de abril, 2020
Ángeles Mastretta

Riego las violetas que dan a mi ventana. Hoy es el día mundial del libro. Ayer empezó a llover. Esta noche cumpliremos un mes y una semana de retiro.

 

 

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Publicado en: Covidiario

3 comentarios en “Covidiario
25 de abril, 2020

    1. Maravillosa memoria para los días que vienen. El escrito tiene la virtud de cruzar el tiempo biográfico, privado, personal, con el tiempo del mundo, del país, de lo público. Se ve la mano historiadora.

  1. Estupenda compañía, a fe mía. Y qué raro (pero al mismo tiempo qué certero) sentir el encerramiento como una liberación: cuanto más confinado, tanto más libres del encierro, en el sentido más taurino de la palabra.

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