La siguiente propuesta es un collage y también una instalación que podrá visitarse pronto en la Ciudad de México: una batalla psíquica que se resuelve en calma o vuelve como una marea violenta, un entramado de fragmentos poéticos en diálogo con una pluralidad de autorretratos.

Contra las olas busca reflexionar sobre los ciclos de la depresión. Es decir, ve la depresión no como algo fijo, “estable” dentro de la inestabilidad, sino más bien como algo que evoluciona, se mueve, se transforma, muta. Como las olas, tiene sus momentos más altos y sus caídas. Las imágenes son autorretratos impresos en cianotipias, muchas veces entrelazados, en collage, con otras imágenes y objetos. Los textos pertenecen al libro The waves, de Virginia Woolf. Mi intención fue la de despedazar las palabras, llevarlas al límite, mostrarlas incluso en su absoluta rotura. ¿Aún tienen significado? ¿Qué pasa con ellas cuando las saco del formato original para crear una pieza? Algo similar pasa cuando una está en estado de depresión: las palabras y las cosas parecen perder significado y, sin embargo, están diciendo siempre algo. Posiblemente algo que necesitamos ver desde muy cerca para reconocernos, como en un espejo. Finalmente, ¿no todo se trata de reconocernos en el arte o a través de él? ¿De buscarnos a pesar del mar?

Contra las olas contiene también imágenes, en algunos casos, tridimensionales. Quiero decir que algunas piezas sostienen piedras, pastillas o plantas.

 

La exposición completa consiste de veintiún piezas, que podrán verse a partir del sábado 24 de septiembre en la librería feminista U-tópicas (Coyoacán). [La inauguración será ese día a las 18:00 hrs].

 

Anaïs Abreu d’Argence
Poeta, artista plástica y editora. Es fundadora y editora de La Dïéresis.


Contra las olas de Anaïs Abreu

Valeria Matos

Cian. Azul. Azul Prusia. Azul. Ferricianuro de potasio, citrato de amonio férrico, química como extensión de Ella, dibujo de lo profundo gracias a la luz tenue solar. Azul. Blau. Recordamos a Anna Atkins, algas secas, azul acercándose al blanco.

Amalgama creativa, el testimonio de lo íntimo, de aquello encriptado, nebuloso, mapa de dolor; declaración del tabú: depresión, ideas suicidas, desesperanza, obsesión. Salvarse. Comprobarse viva, mutable.

Cobalto, añil y plomo lanzados como acto político al ámbito público, donde pertenecen también. Nos pertenecen como sociedad.

Anaïs Abreu d´Argence se multiplica y reconfigura en cuerpo / papel-hilo-imagen-aguja-nervio expuesto-goteo escarlata y azul, sobre todo azul. Quiero saber: ¿existe una relación emocional con los materiales en el momento en que ella se visibiliza públicamente?

Palabras a manera de figuras (también de filos listos para herir), habitantes de neuronas en ondulación como peces recién exiliados del mar. No es un proceso creativo; es su vida, La vida, también la mía, y muchas otras en el borde en ejemplos fragmentarios, componentes de un universo específico.

Hay quienes nos reconocemos en los fragmentos desordenados como lo habitual (parece que también Bowie…)

¿La artista enfrenta la angustia de una vida interior circundante al estallido? Convertirse en pavesa ante semejante riesgo creado tras las cuevas psíquicas, hendiduras enrojecidas, lastimadas gracias a un entorno poco apto para ser, y ser mujer, mujeres en vórtices de violencia. Pero ella se salva. Anaïs Abreu se salva no reordenando el caos, sino jugando con él, sosteniéndose en el desconcierto, encerrándolo en pequeñas vitrinas. Lo observa, tiene el poder de desubicarlo, de separar, fusionar, compactarlo en disposición diferente. Rompecabezas móvil acuoso bajo la espuma en rompimiento.

La melancolía hecha añicos: Un ejemplar de Las olas, obra de Virginia Woolf, despedazado no sólo por el tiempo (literalmente las hojas resquebrajadas, a punto de un estado polvo), sino también por la artista, quien lo redimió de la aniquilación. Fue ella quien lo intervino, cortes inexactos, reacomodó un todo junto con imágenes varias. Recuperó la esencia; se recuperó a sí misma a través de nuevas partículas indivisibles con probabilidades detonantes, el núcleo rescatado en posibles estallidos dentro la cabeza y células y vísceras de quienes miramos. Comprimió bajo presión máxima lo violento, la soledad, aflicción cosida en la carne, la tristeza habitante en el último tono de azul, lo atemporal, la desesperación. Confinó esos remolinos en cajitas con cristal al frente. Ver, contender con la otredad. La detonación está por ahora controlada. Contención cristal, respiración tranquila, vida, nosotras arrecifes, también olas que erosionan la roca a voluntad.

Debo recalcar: el sufrimiento emocional, resultado de la enfermedad, relegado a lo íntimo, calificada erróneamente como anormal en el sistema patriarcal nocivo (por decir lo menos), se presenta ahora como testimonio de un acto político, sin duda.

Mientras miro, escucho Las Olas, estallido en off:enfermedad / poesía visual / salvación / cambio continuum

La palabra-imagen: escalpelo sobre el cuerpo con el fin de mirarse en destinos ángulos, vectores esquivos de muerte. 

Belleza de la intimidad de lo terrible.

El cuerpo no se escinde del vértigo de la psique.

Necesito volver a la fracción. Leí en una cédula del Museo de Arte Moderno: “[Vicente] Rojo adoptó como método el trabajar varios cuadros de manera simultánea partiendo de la teoría general de sistemas, que postula que el todo es más que sus partes y que éstas interactúan entre sí”.1 En una publicación de la UNAM se advierte: “Las partes no pueden comprenderse si se consideran en forma aislada del todo”. Mas No hoy ni aquí: las partes, las piezas, son en sí mismas; pueden navegarse a manera de infinito, pueden ser unidad, interactuar o no, a distancia o no. Son un todo.

Virginia Woolf escribió: “En el jardín, donde las copas de los árboles se alzaban densas sobre los parterres, los estanques y los invernaderos, los pájaros cantaban bajo el cálido sol, y cada pájaro cantaba solo”.2 Nosotras, con alas, cantamos cercanas; cantamos en tono azul, voz azul, silbido azul.

Demostrarnos amor es más que político. ¿El amor es o lo invocamos ser? No importa. Somos sus partes, la totalidad de todas. Red amniótica.

Continúa mi curiosidad. ¿Existe una relación emocional, afectiva, con los materiales, tal vez no como materiales, sino como otra manera de materializarte, de multiplicidad?

Lo anterior, lo que verán en dichas obras, sumado a mi obsesión: Es la potencia del blue.

Con amor,

 

Valeria Matos

[Nota editorial: una versión de este texto se leyó en la inauguración de la exposición]


1 Exposición “La destrucción del orden” de Vicente Rojo en el Museo de Arte Moderno, 2022.

2 Virginia Woolf, Las olas, México, Tusquets editores, 2010, p. 83.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Curadero, Visuales