Como polvo en el viento (Tusquets, 2020, 672 p.) es un retrato generacional, una fotografía de época. Un retrato que en términos pictóricos podríamos ubicar dentro de la corriente del neobarroco: lleno de detalles, casi manierista, luces y sombras. En términos literarios habría quizás que pensarlo más como una epopeya, la epopeya de una generación cubana en busca de un tiempo y una ilusión perdida, luchando por sobrevivir física y espiritualmente, sumergidos en una batalla por mantener los rasgos de identidad y los lazos de amor.
A la manera antropológica, Leonardo Padura retrata una época a partir de narrar la historia de un grupo de amigos. Eso son los personajes: una panda de cuates de los más diversos orígenes étnicos, sociales y culturales, unidos por el ideal de la gran transformación que supuso la Revolución cubana. Hijos ya de la era posrevolucionaria, educados y formados en el ideal del hombre nuevo, el clan está listo para enfrentar el mundo. Son unos cuantos, pero son todos. Son historias individuales y, sin embargo, es la historia de una generación completa.

Los personajes de Padura están tejidos con la finura de un gobelino: trama y urdimbre. Trama novelesca y personajes complejos entrelazados para construir una novela llena de detalles, historias personales con luz luces y sombras tejidas con la precisión de un maestro de Flandes.
Hombre y circunstancia. Lo que en la filosofía de Ortega y Gasset es el binomio existencial en literatura es laberinto del personaje. Cada vuelta de tuerca, cada decisión, cada duda, cada trago de alcohol, cada miedo, cada mentira, cada muro infranqueable, cada decisión política, cada cambio en la dirección del viento, va metiendo a los personajes de Padura en un laberinto que se ha de recorrer solo y que nos enseña eso que en la vida llamamos madurez y no es sino el inexorable recorrido hacia la vejez, o más precisamente, hacia la pérdida de la juventud. Cada personaje recorre su propio laberinto hasta que un evento insospechado, algo que siempre estuvo ahí, esa pequeña señal que esperan los malheridos, los hace reconocer que su laberinto es parte de un laberinto mayor del que todos son parte.
Como a las flores de diente de león, esos silvestres y pompones blancos a los que en la infancia soplábamos con fuerza para dispersarlos en busca de una mejor suerte, el vendaval de la historia golpeó a la Cuba de los años noventa y dispersó a este frágil grupo de amigos. Como polvo en el viento es una novela sobre la diáspora cubana. La caída del muro de Berlín y el derrumbe del sistema llamado del socialismo real es el contexto de esta historia que es al mismo tiempo una profunda crítica al sistema político y una tierna exaltación del sentido de la amistad; un thriller lleno de incógnitas, culpas y sospechas, y un retrato de época.
Biológicamente la diáspora es la dispersión de la semilla o espora como estrategia de sobrevivencia de las especies; la dispersión como forma de preservación. En los humanos la diáspora es una fuerza que rompe y dispersa, arranca y arrastra. A diferencia de la migración, donde las fuerzas de atracción hacia el destino son tan fuertes como las de expulsión del origen, en la diáspora es la expulsión la fuerza motor del movimiento y el destino incertidumbre. La migración trasplanta la identidad; la diáspora la lleva a cuestas como el caracol y tendrá que cargar el peso por largo tiempo. En la diáspora, como en ningún otro fenómeno migratorio, la identidad viaja de polizón, nunca se separa y encuentra el menor resquicio —una cafetera, una gorra de beisbol, una melodía— para hacerse presente. El que se queda atesora el recuerdo, pero también la incertidumbre; suya es la duda. Cito:
Qué era mejor: ¿saber o no saber? ¿Vivir en la oscuridad o descubrir que existen no solo las sombras sino también la luz (o viceversa)? ¿Creer sin dudar o dudar y luego perder la fe, o mantenerse en la fe y seguir creyendo a pesar de las dudas?
La diáspora cubana es la condición y el destino de Clara, Horacio, Elisa, Marcos, Darío, Bernardo, Irving, Joel, Walter, Guetsy, Adela. Todos ellos son parte del 1,7 millones de cubanos que han salido de la isla en los últimos treinta años y también de los once millones que aún viven en ella. Ahí están la ilusión y la corrupción, la amistad y la traición, el crimen y la maternidad, lo más sublime y lo más ruin de las relaciones humanas, la grandeza de un pueblo disperso. Lo dice Clara, uno de los personajes de esta novela, como una gran síntesis de lo específico de la diáspora cubana: “Somo polvo en el viento, hasta la victoria final”.
La epopeya del clan de Como polvo en el viento es la historia de Cuba y los cubanos del último cuarto de siglo magistralmente narrada por quien es hoy uno de los grandes exponentes de las letras hispanoamericanas: Leonardo Padura.
Diego Petersen
Escritor y periodista