Exterior. Rio Urumea .Tarde.
Hace 356 días, en medio de una noche fria y lluviosa me despedí de San Sebastián prometiendo volver el año siguiente.
Cumpliendo lo pactado hoy regreso y el panorama en Donostia es muy distinto.La tarde es soleda y la edición quincuagésimo octava de uno de los festivales de cine más importantes y antiguos del mundo se presenta como una verdadera incógnita.
Con una programación menos llamativa y mediática, al menos en el papel, 2010 se traduce en una inusual presencia del cine mexicano que pretende reanudar el romance que ha tenido nuestro país con el certamen.esta relación, se ha traducido en los repetidos éxitos de Arturo Ripstein que comenzaron en 1978 con el Premio especial del Jurado para EL LUGAR SIN LÍMITES, siguieron con el premio a mejor actor para Ernesto Gómez Cruz en EL IMPERIO DE LA FORTUNA (1986) y se consolidaron con las dos conchas de oro a mejor película con PRINCIPIO Y FIN (1993) y LA PERDICIÓN DE LOS HOMBRES (2000).
En el año de nuestro bicentenario el festival se inauguró con CHICOGRANDE, el más reciente largometraje de Felipe Cazals que dejó un buen sabor de boca y generó tan buenos comentarios como ABEL, ópera prima de ficción de Diego Luna, que se mostró muy satisfecho ayer después de la primera proyección de la película en el Festival.
La presencia de producciones nacionales este año se completará en los siguientes días con A TIRO DE PIEDRA de Sebastián Iriart y POST MORTEM de Pablo Larráin , coproducción con Chile y Alemania – que junto con ABEL compiten por el premio de Horizontes latinos-, y los proyectos ASALTO AL CINE de Iria Gómez Concheiro, EL LENGUAJE DE LOS MACHETES de Kizza Terrazas y ENTRE LA NOCHE Y EL DÍA de Bernardo Arellano que buscarán conseguir apoyos en el concurso Cine en construcción.
Tal participación de producciones mexicanas en el Festival sólo confirma que nuestro cine sigue siendo mejor valorado en otras latitudes que en dentro de nuestras fronteras.
Más allá del eterno síndrome de Farol de la calle obscuridad de tu casa… que parece perseguir a nuestra industria, la jornada sabatina de proyecciones encuentra en premisas perturbadoras e historias de personajes al borde del abismo un común denomidador en el que confluyen al menos tres de las películas del día.Tal es el caso de BURRIED (Rodrigo Cortés, España) interesante ejercicio de estilo de un personaje enterrado vivo en una caja de madera por unos terroristas, NEDS (Peter Mullan, Reino Unido) duro fresco social sobre los delincuentes juveniles en la Escocia de los años 70 y MARIEKE, MARIEKE (Sophie Schoukens, Bélgica-Alemania) sólido relato sobre una joven que trata de saldar cuentas con su pasado acostándose con hombres mayores y fotografiándolos.
Llenas de aciertos formales y con una factura interesante las películas de Cortés y Mullan no están a la altura de las brillantes elipsis de tiempo y la estructura circular de la cinta de la debutante Schoukens que sin duda se convirtió en lo más destacado de la jornada.
Pero un festival, y una ciudad como San Sebastián, es mucho más que películas. Es la euforia de los donostiarras que hoy llenaron las calles de banderas de su equipo de futbol, la Real Sociedad, que recién regresó a la primera división y recibía al odiado Real Madrid en el mítico campo de Anoeta -para su mala suerte terminaron perdiendo con los pupilos de Mourinho-. Es el bullicio de sus inumerables bares de pintxos como el NAGUSIA LAU donde la tortilla de chorizo, el solomillo con brie, el pimiento relleno de carne o el queso Idiazabal le recuerdan a uno que está en una capital gastronómica de nivel mundial.Es saber que existen hoteles temáticos como el ASTORIA 7, una catedral del cine convertida en el más interesante hospedaje para quienes gustan de las películas y que hace de Donostia un lugar único. Ahí, los cuartos no se identifican con un número si no con el nombre de alguna estrella, director o personaje relevante del mundo del celuloide que, tal y como se puede sospechar, ha pasado por la ciudad en los 58 años que tiene de existencia el certamen. Desde el cuarto Jeff Bridges, ganador del premio Donostia en 2004, escribo este texto. Nos leemos mañana.