De niña pensaba que Laika había vuelto intacta a la tierra después de su viaje espacial. Hace algunos años, demasiado pocos, supe que murió en el espacio y nunca, ni siquiera, se planeó su regreso. En este número de Poemas periódicos les comparto un poema que escribí recientemente sobre su historia.
poemas periódicos
Visita nocturna al Hospital Británico:
mi primer acercamiento a Viel Temperley
Quizá todo buen poema revela la partitura de una melodía que escuchamos en sueños y no pudimos nunca registrar. Me fascina no sólo la clarividencia de sus imágenes, su no-se-qué de místico, sino también el contrapunto que establece entre ellas. Viel Temperley pasa de una a la otra con velocidad, acentuando los quiebres lógicos.
La edad oscura del universo
También el universo tuvo una edad oscura. En el comienzo de todo, al principio, alrededor del año cuatrocientos mil. No había manera, ni forma. El universo era un puño cerrado, un nombre distinto para la oscuridad. La materia no tenía. Los átomos estaban rotos. Pero, ¿puede estar roto algo que nunca ha estado completo?
Voces rotas: Safo, Carson y los poemas-ruina
En lugar de ocultar la ruina, de sacarle la vuelta y completar la falta, estos poemas de Safo-Carson o de Carson-Safo la exponen, la traen a primer plano, la cantan a plena luz del día.
Dido mi nombre, todos los martes:
Sobre un poema de Rosario Castellanos
En esta entrega la poeta reflexiona a torno a su relación con un poema entrañable de Rosario Castellanos: “Lamentación de Dido”.
Un problema de texturas:
reflexiones en torno a un poema de José Watanabe
Siempre aviva la curiosidad saber cómo leen y sienten la poesía quienes la escriben. Eso ocurre en esta entrega, donde la poeta envuelve con una mirada íntima, aguda y crítica un poema del gran autor peruano José Watanabe (1945-2007).
Cómo está el tiempo allá
Desde hace tiempo vivo en una ciudad que no conozco. Las estaciones abren y cierran su puño. La lluvia habla en su lengua callada de erosión y pequeñas cicatrices.
Ensayo para coser al envés de un abrigo
Algún filósofo tuvo una vez una epifanía —condición a la que esta especie suele ser vulnerable— y la escribió en una hoja que luego cosió al envés de su abrigo para llevarla consigo a donde fuera. Supe de esto hace años pero olvidé, durante años también, quién era el filósofo, cuál la revelación.
Cómo cicatrizar al aire libre
Ayer tu padre me enseñó a abrir un hueco en la palma de mi mano. Caminamos juntas hasta la boca del túnel y escuchamos el agua correr en la oscuridad. Junto al sonido del río, alguien había perdido un zapato. Sólo uno. Me dijeron entonces que, para creer en el corazón, hay que detenerlo primero.
Formas de buscar a Alaíde
Sin tumba, sin cadáver, sin huesos, falleció pocos días después de secuestrada. Un día más sin Alaíde, un día más sin un día. Alaíde dijo: incesante fuga y anhelo incesante. Era diciembre, siempre será diciembre. Ella caminaba por la larga acera de su último año.