poemas periódicos

Una mascota improbable

Durante años quise tener por mascota una gallina llamada Palindroma. El plan era construir un corral en la azotea, junto a los tinacos. Encontraba cierta justicia poética en la idea de que un pájaro impedido para el vuelo por los injustos rigores de la domesticación pudiera acercarse un poco al cielo gracias al amor humano por la verticalidad.






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Las reglas de la transformación

Aquí pondré mi esperanza: en la primera hora de la misa del miércoles. Las dos: faldas a cuadros y calcetas altas y ella toca con el índice las palabras de la Biblia. Bajo su huella digital las sílabas se encienden en el misterio de la Transfiguración. Divino oficio, divina liturgia: aunque ella esté a mi lado, está tan lejos porque no puedo tocarla. Aquí pondré mi esperanza: trabajamos juntas en clase de química.


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Todo lo que se aleja es rojo

Una vez, en mi temprana juventud, tuve una fijación con un hombre zurdo que escribía a mano. Sería fácil decir que me enamoré, pero no fue tan simple. El hombre escribía con tinta roja y la orilla externa de su mano siempre estaba manchada porque la deslizaba sobre cada palabra manuscrita. En las notas y cartas que me daba en secreto, las palabras se corrían, trazando una estela hacia la derecha, perdiendo la nitidez de lo instantáneo y adquiriendo la forma alargada e insistente de estrellas fotografiadas durante mucho tiempo.


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Señas particulares

La violencia de la foto más atroz de los últimos meses en México promueve una serie de reflexiones y confesiones en torno al feminicidio, la memoria, lo visible, los puntos de fuga y desaparición, la muerte que acecha en nuestro país de manera cotidiana. Un acto de presencia y recordatorio genuino remodelan aquí la perspectiva sobre el caso de Debanhi Escobar, otro más que no deberíamos olvidar.