Es sábado como casi todos los días. Trapear es lo único que hago más que leer en esta apatía que alcanza su punto más álgido más o menos cada tercer mañana.
Covidiario
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22 de mayo, 2020
Soñé un lenguaje nuevo que no significaba. Quiero decir: unos hombres sin rostro, etéreos, caminaban, flotaban, vigilando unos signos que iban a ser identificados por mí, y justo en ese momento eran corrompidos hasta llegar a ser absurdos —pero sin dejar de ser algo, algo que yo no entendía radicalmente, algo que solo contemplaba, un mirar estéril.
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21 de mayo, 2020
Por desgracia, en este momento no tengo nada sobresaliente que contar. Ninguna revelación fundamental sobre la vida, los tiempos, la mente, la nostalgia o cualquier otra Verdad con V mayúscula que me llegara como aforismo corolario a un día infernal.
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20 de mayo de 2020
No tengo miedo de morir. Un paso y se acabó, todo empieza y termina. No voy a presumir: ver de cerca a la Muerte te transforma en otra persona. En cambio, temo al dolor, a los pasillos de los hospitales, a la soledad del camastro, a la tristeza de las despedidas, al balance de la vida, al cuerpo herido.
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19 de mayo, 2020
Hoy enterraron a Chaneca y no pude ir al panteón a despedirla. Su hija Aline me dijo que sólo podían ir dos personas, que mejor prenda una vela en casa, que ya habrá tiempo de hacer una ceremonia con sus amigas de los viernes. Chaneca no murió de COVID-19. Tenía 92 años y llevaba un rato enferma.
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18 de mayo, 2020
A todos los pacientes que están entubados actualmente, les envío, en traducción libre y a sabiendas de que no podrán leerme ahora porque están sedados, esas bellas palabras con las que Dante Alighieri concluye la primera parte de su Divina Comedia, la que está dedicada al infierno, y con las que refiere el hecho de salir finalmente de una situación que parecía insoportable, intolerable, invivible: “Y así salimos avante y logramos contemplar las estrellas otra vez”.
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17 de mayo, 2020
Se me salió el corazón por el pie izquierdo. Por alguno de los dedos, el anular, creo. Tenía una ampolla como cilindro, rodeaba por completo la yema y buena parte de la uña. Apretaba la pústula con fuerza, me dolía, ardía; el líquido expulsado salpicaba a la persona a mi lado (¿una amiga?, ¿mi hermano?, ¿alguien que no conozco?) Después, el corazón evacuaba por ahí, por el hueco de la ampolla del dedo de mi pie izquierdo.
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16 de mayo, 2020
Los goliardos / —esos bardos / traducidos por Requena— / no dejaron / ni cantaron / sino al mundo en cuarentena.
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15 de mayo, 2020
Quédate en casa, quédate en casa… todos repetimos el mismo mantra, pero no logro convencerme de que represento un peligro para los demás, no oculto malas intenciones. Me he portado bien, no he visto a nadie. Mi único pecado (respecto a la pandemia) es salir todos los días de 5 a 5:30 de la tarde a caminar por mi calle.
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14 de mayo, 2020
Paradójicamente mi pequeña familia nunca había pasado un periodo tan largo de buena salud como el que hemos tenido estos dos meses de pandemia.