Los días pasan lento. En marzo, cuando inició la cuarentena y todavía creía que el encierro implicaría sólo algunas modificaciones temporales a mi vida “normal”, los días eran todavía más largos.
Covidiario
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1 de junio, 2020
Afuera, las vitrinas tienen letreros con variaciones de dos temas: Closed for now o Closed for an unknown period of time. Juntos sugieren que el “ahora” es un misterio y que, bien dice un poema griego, nada es más permanente que lo temporal.
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31 de mayo, 2020
No tenemos cortinas y la persiana está en lo alto desde que nos mudamos para poder ver el mar desde la cama, como cuando vivía en Lanzarote a finales del siglo pasado. Casi quince años sin mar, en Mánchester, Varsovia y Marrakech, hacen que merezca la pena que la luz nos despierte a las cinco de la mañana; por eso nuestros días terminan también temprano.
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30 de mayo, 2020
Habitar la catástrofe. Lo pienso todos los días. Han pasado meses, obvio. Para mí empezó en marzo, a la mitad del mes. Escuché las noticias y lo creí. También lo volví una muy mala pinta en mi barrio. No tenía idea de nada, como no la tengo ahora.
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29 de mayo, 2020
Mi día es un vaivén desbalanceado de emociones y estados de ánimo, y reconozco nuevos sentimientos tanto como espacios polvorientos en mi hogar. Hoy desperté con la fuerza de reconocer a dos compañeras que se alojan en mi casa, que me son incómodas y he evitado a ultranza: la angustia y la melancolía.
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28 de mayo, 2020
Esté despierto o no sobre la cama, la perrita Schnauzer que tenemos, Mika, viene hacia mí a las cinco. Si estoy despierto, es que ya puse la televisión en silencio para no molestar a la Bióloga que duerme a mi lado; si no estoy despierto, pongo la televisión. Le hago un rascadito a Mika en la cabeza y le susurro que espere.
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27 de mayo, 2020
Los miércoles son, por definición, por agenda y por ritual, días de pensar; no son días en los que haya tiempo para sentir. Pero justo hoy me tomó por sorpresa un sentimiento: el desconcierto ante la idea de que los miércoles son realmente una bendición.
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26 de mayo, 2020
La primera alarma suena a las 6:31 de la mañana. La segunda, en caso de que algo falle, está programada quince minutos después. El teléfono me hace saber que he fallado en mi meta de dormir seis horas diarias, mi tiempo promedio de sueño es de tres horas y cincuenta minutos. Yo tengo otros datos.
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25 de Mayo, 2020
Así que empezaré este diario de los días que no pasan con una confesión que me avergüenza: estoy disfrutando el encierro. Digo eso con todos los calificativos necesarios: que el mundo nos pesa, que el futuro es incierto y que irremediablemente cargamos con las penas de todos los prójimos que quisiéramos resolver sin ser capaces. Pero tengo que confesar que llevo toda mi vida ensayando para no salir de mi casa.
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24 de mayo, 2020
Al lado del lugar donde escribo he instalado, frente a un sofá, un trípode para el teléfono celular que me sirve de cámara, de modo que, atrás, se vea un estante de libros. Este es mi lugar de trabajo. Y este es un set, organizado para las comparecencias públicas, los chats literarios, las entrevistas de prensa.