Tras 50 segundos de oscilaciones y aún con el nudo en la garganta, nos cayó el veinte de que esto es una pandemia y nos movimos hacia otra avenida para tratar de distanciarnos de la gente, que comenzaba a sentarse en la banqueta, a llamar a los suyos, a calmar a los perros. Quisimos entrar al edificio por los celulares olvidados para saber cómo estaba la familia, pero el guardia, con una voz cargada de sentimiento de pertenencia y de cuidado, nos detuvo para decirnos era mejor estar afuera por si viene una réplica.
Covidiario
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1 de julio, 2020
Me despierto un poco tarde, los horarios en pandemia, al menos para mí, no han cambiado mucho. Tengo una rutina definida: por mi trabajo tengo que salir, me cuido lo que puedo, la sana distancia es algo que incluso disfruto, excepto con mi madre y las personas que quiero. Puebla es la ciudad que me adoptó —¿o yo adopté?, espero que el amor sea mutuo—.
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30 de junio, 2020
Creo que mi gata está aprendiendo a hablar. Intentaré explicarlo. Teníamos un trato antes, supongo. O, al menos, busco creer que teníamos un trato. Por supuesto, en ese momento, mi gata no hablaba y no tenía la más remota posibilidad de saber que había accedido a un trato.
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29 de junio, 2020
Terminó mi cumpleaños. Cumpleaños pandémico. Cierro la década de los 30 encerrada en casa, con mi hija, mis padres, hermano y pareja; están también los vecinos que se han convertido en familia. Cumpleaños que tiene sabor a lo esencial.
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28 de junio, 2020
Después de veintiún días sin síntomas de covid-19, volví a tener un poquito de fiebre. Esto más las punzadas que he estado sintiendo en el pulmón: un tren exprés sin escalas a Villa Malviaje. El covid es un virus; para algunos, un bicho, un ser mitológico.
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27 de junio, 2020
Todos los días son como domingo, como diría Morrissey en una mítica canción. Nunca más atinado. Quince semanas de domingos. Domingo en casa sin planes. Inventarse los planes, inventar estrategias para sobrevivir a éste confinamiento con la familia. Inventarse las maneras. Seguir haciendo.
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26 de junio, 2020
Mi intención era escribir acerca del errático mundo de los sueños, de sus reglas, que son las que parecieran regir y desordenar estos largo días del covid. De hecho, lo hice. Y como pasa en sueños, en que todo se desbarata cuando está a punto de suceder algo definitivo, di un clic equivocado y el texto quedó definitivamente borrado. Lo supe en el instante en que lo hice.
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25 de junio, 2020
Son las 6:00 a. m. y suena Song for Someone en mi celular, Bono me invita dulcemente a comenzar mi día. Sesión de Zoom a las 7:00 a. m. para «asistir» al Congreso Argentino de Neuroliderazgo.
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24 de junio, 2020
La vida replegada. Afuera, en la calle, se sujeta a ritmos que no son los míos. Lo sabe el río Atoyac cercano a casa, que ruge tras la tormenta al caer la tarde del martes 23. También las pálidas milpas, jovencísimas, en lo que eran las ciénegas de Texmelucan y Tlaxcala en la ruta del río hacia la ciudad, se alegran tras la sequía que ha acompañado un temporal infame.
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23 de junio, 2020
Amanezco más temprano que lo habitual, al menos hoy que es domingo y Día del Padre, para escribir y compartir con ustedes. Tengo un amanecer maravilloso frente a mi ventana y veo el mar con sus primeros brillos. Me vine a la playa desde hace unos días.