Covidiario

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2 de julio, 2020

Tras 50 segundos de oscilaciones y aún con el nudo en la garganta, nos cayó el veinte de que esto es una pandemia y nos movimos hacia otra avenida para tratar de distanciarnos de la gente, que comenzaba a sentarse en la banqueta, a llamar a los suyos, a calmar a los perros. Quisimos entrar al edificio por los celulares olvidados para saber cómo estaba la familia, pero el guardia, con una voz cargada de sentimiento de pertenencia y de cuidado, nos detuvo para decirnos era mejor estar afuera por si viene una réplica.


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1 de julio, 2020

Me despierto un poco tarde, los horarios en pandemia, al menos para mí, no han cambiado mucho. Tengo una rutina definida: por mi trabajo tengo que salir, me cuido lo que puedo, la sana distancia es algo que incluso disfruto, excepto con mi madre y las personas que quiero. Puebla es la ciudad que me adoptó —¿o yo adopté?, espero que el amor sea mutuo—.





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27 de junio, 2020

Todos los días son como domingo, como diría Morrissey en una mítica canción. Nunca más atinado. Quince semanas de domingos. Domingo en casa sin planes. Inventarse los planes, inventar estrategias para sobrevivir a éste confinamiento con la familia. Inventarse las maneras. Seguir haciendo.


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26 de junio, 2020

Mi intención era escribir acerca del errático mundo de los sueños, de sus reglas, que son las que parecieran regir y desordenar estos largo días del covid. De hecho, lo hice. Y como pasa en sueños, en que todo se desbarata cuando está a punto de suceder algo definitivo, di un clic equivocado y el texto quedó definitivamente borrado. Lo supe en el instante en que lo hice.



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24 de junio, 2020

La vida replegada. Afuera, en la calle, se sujeta a ritmos que no son los míos. Lo sabe el río Atoyac cercano a casa, que ruge tras la tormenta al caer la tarde del martes 23. También las pálidas milpas, jovencísimas, en lo que eran las ciénegas de Texmelucan y Tlaxcala en la ruta del río hacia la ciudad, se alegran tras la sequía que ha acompañado un temporal infame.


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23 de junio, 2020

Amanezco más temprano que lo habitual, al menos hoy que es domingo y Día del Padre, para escribir y compartir con ustedes. Tengo un amanecer maravilloso frente a mi ventana y veo el mar con sus primeros brillos. Me vine a la playa desde hace unos días.