En George Steiner: lectura y catarsis, el ensayista Adolfo Castañón entrega varias claves de lectura sobre el escritor inglés. Entre otras, la atención a su faceta narrativa, desatendida por la crítica.
Del influjo que ha ejercido sobre mí la escritura de Adolfo Castañón, dan prueba las no pocas citas y referencias que he hecho de su obra crítica en mis propios ensayos o, digamos, en mis propios papers. Este es el caso de la compilación ofrecida en George Steiner: lectura y catarsis. Doce papeles y una bibliografía, de la cual he espigado varias claves de lectura fundamentales para penetrar, con una mirada mejor provista, la luz resplandeciente de los libros del escritor extraterritorial. Y es que, es cierto, aunque suene paradójico, se puede echar una especial luz para atenuar el fulgor que emana de los textos originales del maître à penser (París, 23 de abril de 1929 – Cambridge, Reino Unido, 3 de febrero de 2020). Siguiendo una expresión de Pushkin sobre sus traductores, Steiner se definía a sí mismo como un “cartero”. ¿Estamos entonces ante un “cartero del cartero”? Este es un asunto que, en la elaboración de Castañón, pierde sentido, porque no se limita a reseñar lo que el autor dice en sus libros, sino que cuestiona, expone dudas, agrega preguntas y sugiere rutas para recorrer otros territorios, especialmente los nuestros, los de Hispanoamérica, con las luces de aquel poliédrico prisma occidental y europeo.
Así ocurre cuando, para sólo citar dos casos, Castañón propone documentar la idea del texto como fundador de la comunidad en la cultura hispanoamericana, específicamente mexicana, citando el elogio fúnebre de Cervantes hecho por el obispo don Ignacio Montes de Oca a principios del siglo XX (pp. 60-61). O cuando, en el ensayo “Al margen de las lecciones”, Castañón inquiere por la situación de los maestros en México, la idea y la práctica de la enseñanza en estos lares, la (casi) ausencia de discípulos, volviendo, de la mano de Steiner, a la descuidada pero determinante cuestión: “Las ideas de George Steiner se podrían trasladar a la cultura española, a su literatura, pero antes habría que hacerse una pregunta: ¿ha sido la hispánica una cultura propicia para la transmisión del saber o más bien —o mejor o peor— no lo ha sido realmente?” (p. 93).
En la steineriana acepción de la palabra, Castañón es un “responsable respondiente”. En Presencias reales, Steiner escribe: “Llamaré responsabilidad a la respuesta interpretativa bajo la presión de la puesta en acto. La auténtica experiencia de comprensión, cuando habla otro ser humano o un poema, es una responsabilidad que responde. Somos responsables ante el texto, la obra de arte o la ofrenda musical en un sentido muy específico: moral, espiritual y psicológico al mismo tiempo”. La creación literaria o artística es una ofrenda: se ofrece al lector responsable, quien le corresponde, como dice el Steiner de Tolstoi o Dostoievski, asumiendo una “deuda de amor” con la obra. Y Castañón tiene muy claro que los actos de la crítica son también actos de creación, actos propiciadores de la catarsis que hace posible su “ingestión” (George Steiner dixit), convirtiéndolos en savia nutricia de la propia experiencia de vida.
Por eso, además, en este libro se puede encontrar un abordaje precursor, por lo menos en América Latina (y me arriesgo a decir que, en general, en Occidente), de la narrativa de ficción de George Steiner. Una faceta suya que, ciertamente, ha sido injustamente relegada por la del crítico. Habiendo leído todo lo que el polímata escribió como creador literario en sentido estricto (sobra aclarar que me refiero a lo hasta ahora publicado), no puedo más que convenir con las palabras de Castañón: hay en los relatos de Steiner “concisión, inquietante sentido del humor, musicalidad, brío narrativo, destreza teatral y, sobre todo, una voluntad de ir al fondo y atacar hasta la médula, hasta el finis terrae mental e imaginario las diversas historias contadas” (p. 66).
La guerra, el amor y la amistad, la presencia sentida de lo inefable, lo inconmensurable y lo abisal, son algunos de los misterios que visitan al Steiner narrador. Y un tema, la “cuestión judía” y el horror que la acompañó durante el siglo XX, que Castañón aborda en el análisis de El traslado de A. H. a San Cristobal, quizá la novela que más aproxima al Steiner crítico con el Steiner narrador —aunque yo incluiría aquí el cuento “Un fragmento de conversación” sobre el debate de los eruditos judíos acerca del episodio del sacrificio de Isaac mandatado por Dios a Abraham: el reproche de Sara a Abraham (habría que decir de las mujeres “Saras” a sus hombres “Abrahames”); en este relato, se emparenta con el discurso de Hitler cuando echa en cara a sus captores la obsesión de los hombres judíos con la palabra (la “infección de lo trascendente”), tema que aparece en su autobiografía intelectual Errata y en los textos de En el castillo de Barbazul y Los libros que nunca he escrito.
Con este libro, pero también con sus ensayos y compilaciones de autores como Montaigne o Alfonso Reyes, para no hacer muy larga la lista, he tomado la lámpara que Adolfo Castañón ha puesto en mis manos para avanzar menos a tientas, con ojos más despiertos por los arriscados senderos de la literatura. Particularmente en mi acercamiento a George Steiner, sus artículos, ensayos y traducciones de libros como Después de Babel y de varios cuentos y escritos de crítica, me han permitido entender mejor la relación del políglota con la música, sus diferencias con Emil Cioran (“Canción del aspirante a hijo de verdugo”, traducido para la revista Vuelta, marzo de 1998) o la propia manera en que, a través de sus relatos, Steiner ha abordado la relación entre la poesía, la violencia y lo inefable en latitudes latinoamericanas (“A las cinco de la tarde”, cuento traducido por Castañón y publicado en Letras Libres, diciembre de 2004, en el que él mismo inspira a un personaje, el poeta mexicano “Roberto Casteñón”. Por cierto, sucumbo a la tentación de preguntar: ¿cómo revela el misterio de la poesía al misterio de aceptabilidad del horror? En su relato, Steiner mandó al Castañón-Casteñón a enfrentar esto, lo-indecible, con un puñado de jóvenes poetas mexicanos a Medellín, Colombia).
He aquí, pues, “doce papeles y una bibliografía” que son parte de una carta de navegación por el ancho océano de la creación y la crítica steinerianas. Que son eso y más, hay que decir, pues descubren nuevas vías para explorar y enriquecer el monumental legado, como lo definió el mismo Castañón, de “una de las figuras clave de la crítica y las humanidades de nuestro tiempo”.
• Adolfo Castañón, George Steiner: lectura y catarsis. Doce papeles y una bibliografía, Bonilla Artigas Editores/Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2022, 159 pp.
Ronaldo González Valdés
Ensayista, su último libro publicado es George Steiner: entrar en sentido, Prensas de la Universidad de Zaragoza, España, 2021.

He seguido con puntualidad las múltiples colaboraciones del autor, Ronaldo Gonzalez, sobre el Mtro. George Steiner y todas han sido reveladoras sobre la vida y obra de este excepcional escritor. Especialmente en este Páramo de ideas que a veces asfixia en Sinaloa.