Cartas memorables de escritoras y escritores del siglo XX

Los intercambios epistolares entre escritores fascinan a críticos, editores, lectores y chismosos por igual. Será porque son la forma más discreta de entrar en las intimidades, tormentos, anhelos y demás batallas psicológicas, escondidas tras el velo de la creación literaria que tanto veneramos. Esta selección de cartas de escritores de primer orden del siglo XX hablan de amor y enamoramientos, sexo, angustia existencial, rompimientos, edición, censura y hasta robótica. Se dirigen a sus hijos, a sus amigos, examantes o a editores, profesores y lectores. En muchos casos, demuestran una vigencia asombrosa.


Ya no puedo luchar más

De Virginia Woolf a Leonard Woolf

Durante su vida Virginia Woolf padeció numerosos episodios depresivos, hasta que uno de ellos la llevó al suicidio. En una tarde de marzo de 1941, Woolf intentó matarse arrojándose a un río, pero no logró su cometido. Lamentablemente, persistió en el intento y, unos días después, el 28 de marzo de 1941, volvió a hacerlo. Es fama que logró quitarse la vida al cargar los bolsillos de su abrigo con piedras pesadas. A continuación pasajes de la carta de despedida que le dejó a su esposo Leonard.

“Tengo la certeza de que voy a enloquecer de nuevo. Siento que no podemos volver a pasar por una de esas fases terribles. Y esta vez no me voy a recuperar. […] Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has tenido una paciencia absoluta conmigo y una bondad increíble. […] Ya no me queda nada, salvo la certeza de tu bondad. No puedo seguir estropeándote la vida. No creo que dos personas pudieran ser más felices que nosotros”.

—Marzo, 1941

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Me niego a que me roben mi escena en el lecho de muerte

De Rebecca West a H. G. Wells

En 1912, la reconocida escritora y periodista Rebecca West expresó duras críticas hacia la novela Matrimonio de H.G. Wells, refiriéndose a él como: “la vieja solterona de los novelistas". En respuesta a este menosprecio, Wells decidió invitar a West a cenar. Sorprendentemente, ella aceptó la invitación y durante esa cena surgieron sentimientos románticos entre ellos. Mantuvieron una apasionada relación durante varios meses, a pesar de que Wells estaba casado. Eventualmente él decidió poner fin a la relación. West, devastada, reaccionó a este rompimiento con esta apasionada carta. Aunque amenazó con tomar medidas drásticas para terminar con su propia vida, finalmente se reconciliaron y llegaron a tener un hijo juntos en 1914. Sin embargo, su relación llegó a su fin nueve años después de manera definitiva.

“Durante los próximos días me pegaré un tiro en la cabeza o me causaré algún destrozo mayor que la muerte. En cualquier caso, seré una persona bien distinta. Me niego a que me roben mi escena en el lecho de muerte. […] Siempre he sabido que algún día me matarías de dolor, pero esperaba escoger yo el momento y el lugar. Siempre has tenido una agresividad inconsciente hacia mí y yo he tratado de contenerte recortando mi amor a machetazos, reduciéndolo a la pequeñez que sí estabas dispuesto a aceptar. […] Tu condición de solterona te hace pensar que una mujer irremediable y desesperadamente enamorada de un hombre es un espectáculo indecente y una inversión del orden natural de las cosas. Pero qué bien te va pensar eso”.

—Marzo, 1913

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El sexo no prospera con la monotonía

De Anaïs Nin a “El coleccionista”

En los años cuarenta del siglo pasado, la reconocida escritora Anaïs Nin mantenía una relación amorosa con el autor Henry Miller, a pesar de estar ambos casados. Durante este romance clandestino, Nin y Miller, junto con otros escritores de la época, encontraban una fuente de ingresos adicionales escribiendo ficción erótica para un enigmático cliente conocido como "el Coleccionista". En este contexto, surgió la emocionante respuesta de Nin ante el comentario de este misterioso cliente, quien sugería que abandonaran la poesía y se enfocaran exclusivamente en el aspecto sexual.

“El sexo pierde todo su poder y su magia cuando se vuelve explícito, mecánico, exagerado, cuando se convierte en una obsesión mecanicista. Se vuelve aburrido. Nadie ha contribuido tanto como usted a que aprendiéramos que es un error no mezclarlo con emoción, hambre, deseo, lujuria, carpincho, lazos personales, relaciones más profundas que cambian de color, de sabor, de ritmo, de intensidad. No sabe lo que se pierde con su observación microscópica de la actividad sexual al excluir otras que aportan el combustible necesario para hacerla arder. La fuente de la potencia sexual es la curiosidad, la pasión. […] Hay muchas sensaciones menores que discurren como afluentes hacie el torrente del sexo y lo alimentan. Sólo al latir al unísono pueden el sexo y el corazón crear el éxtasis”.

—Hacia 1940

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Olvida tu tragedia personal

De Ernest Hemingway a F. Scott Fitzgerald

Un mes después de publicar Suave es la noche, F. Scott Fitzgerald le escribió a su amigo Ernest Hemingway para pedirle su opinión acerca del libro. Hemingway redactó una misiva extremadamente honesta con valiosos ejemplos para quienes anhelen o se dediquen a escribir.

“La invención es lo mejor que hay, pero no puedes inventarte algo que en realidad no podría pasar. […] Maldita sea, te has tomado libertades con el pasado de la gente y con su futuro, y el resultado ha sido unos personajes que no son gente, sino ejemplos maravillosamente falsos. […] Olvida tu tragedia personal. Todos estamos fastidiados desde el principio y tú, específicamente, has de sufrir un dolor infernal para poder ponerte a escribir en serio. Pero cuando lo sufras, úsalo; no hagas trampas. Sé fiel a ese dolor como lo sería un científico, pero no creas que nada tiene mayor importancia por haberte ocurrido a ti, o a alguien cercano a ti”.

—28 de mayo de 1934

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Un hombre ha de ser algo, ha de importar

De Hunter S. Thompson a Hume Logan

Hunter S. Thompson, con apenas 20 años y aún formando parte de las fuerzas aéreas de Estados Unidos, redactó esta carta repleta de sabiduría para su amigo Hume Logan, cuando éste le pidió consejos cruciales para la vida.

“La respuesta y, en cierto sentido, la tragedia de la vida es que nos esforzamos por entender la meta, no al hombre. Establecemos una meta que nos exige ciertas cosas: luego las hacemos. Nos adaptamos a las exigencias de un concepto que NO PUEDE ser válido. Supongamos que de pequeño querías ser bombero. Me parece razonablemente inequívoco afirmar que ahora ya no lo quieres. ¿Por qué? Porque tu perspectiva ha cambiado. El que ha cambiado no es el bombero, sino tú.

Cada hombre es la suma total de sus reacciones a la experiencia. A medida que tus experiencias difieren y se multiplican, te conviertes en un hombre distinto y, en consecuencia, cambia tu perspectiva. Así ocurre una y otra  vez. Cada reacción implica un proceso de aprendizaje; cada experiencia significativa altera tu perspectiva.

[…] Me voy a desviar para apartarme de la palabra existencialismo, pero podrías tenerla en cuenta como una especie de clave. También podrías probar con algo llamado El ser y la nada, de Jean-Paul Sartre, y otra cosita titulada: Existencialismo: de Dostoievski a Sartre. Son meras sugerencias. Si estás genuinamente satisfecho con lo que eres y lo que haces, harás bien en esquivar esos libros. (No despertemos a la fiera.) Pero volvamos a la respuesta. Como decía, poner nuestra fe en las metas tangibles parece, cuando menos, imprudente. Así que no luchamos para ser bomberos, ni policías, ni médicos. LUCHAMOS PARA SER NOSOTROS MISMOS”.

—22 de abril, 1958

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Lo bueno nunca se escapa

De John Steinbeck a Thom Steinbeck

En 1958, cuando tenía 14 años, el hijo mayor de Steinbeck le escribió una carta a su padre para contarle de su enamoramiento por una chica de su edad llamada Susan. La respuesta de Steinbeck es un elogio del amor y el enamoramiento.

“Primero: estar enamorado es bueno. Es prácticamente lo mejor que le puede pasar a cualquiera. No dejes que nadie lo empequeñezca o le quite importancia. Segundo: hay varias clases de amor. Una es egocéntrica, malvada avariciosa, egoísta. Es la clase fea y mutiladora. La otra hace fluir todo lo bueno que tienes: bondad, consideración y respeto, no sólo en el sentido del respeto de las normas sociales, sino de un respeto mayor, que implica el reconocimiento del otro como alguien único y valioso. La primera clase puede convertirte en un ser enfermo, pequeño y débil, mientras que la segunda puede liberar en ti un caudal de fuerza, coraje y bondad, incluso sabiduría que ignorabas tener”.

—10 de noviembre, 1958

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Cosas a las que dar importancia

De F. Scott Fitzgerald a Scottie

F. Scott Fitzgerald y su hija Scottie se escribieron cuando la pequeña se encontraba de campamento a los once años. En esta carta entendemos lo que el autor de El Gran Gatsby considera verdaderamente importante en la vida.

“Me alegro que estés feliz, aunque nunca he creído mucho en la felicidad. Tampoco creo en la desgracia. Son cosas que se ven en los escenarios, en las pantallas, en las páginas impresas, nunca te pasan en la vida real. […] En esta vida, sólo creo en las recompensas de la virtud (en función de tus talentos) y en los castigos por no cumplir con tus tareas, que son doblemente costosos”.

—8 de agosto, 1933

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Ojalá mejoremos todos juntos

De Charles Bukowski a Hans Van Den Broek

Un periodista le pidió su opinión a Charles Bukowski respecto a la censura de su colección de relatos llamada Ordinaria locura. La respuesta del autor es una reflexión igualmente relevante en la actualidad como lo era en 1985, cuando fue escrita.

“La censura es la herramienta de quienes necesitan esconderse la realidad a sí mismos y a los demás. Lo único que temen es su incapacidad de enfrentarse a lo real, y yo no puedo enojarme con ellos. Sólo siento una horrible tristeza. En algún lugar, mientras crecían, los refugiaron contra la totalidad de sucesos de nuestra existencia. Les enseñaron a mirar sólo hacia un lado, cuando hay muchos. No me desanima que un libro mío haya sucumbido en la caza y lo retiren de las estanterías de una biblioteca local. En cierto sentido, me honra haber escrito algo que ha despertado a esa gente y la ha sacado de sus más bien leves profundidades”.

—22 de julio, 1985

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Soy muy real

De Kurt Vonnegut a Charles McCarthy

En 1973 Bruce Severy, un profesor de literatura del instituto Drake, en Dakota del Norte, dejó de tarea a sus alumnos leer Matadero 5, de Kurt Vonnegut, novela semiautobiográfica que ha sido prohibida en aulas y bibliotecas de todo el mundo. El director del instituto, Charles McCarthy, exigió que se quemaran los treinta ejemplares en la estufa de la escuela. Esta es la carta que Vonnegut le envió tras enterarse de la quema de su libro.

“Si se tomara la molestia de leer mis libros y comportarse como una persona culta, descubriría que no tienen contenido sexual, ni ofrecen argumentos a favor de ninguna clase de salvajada. Suplican a la gente que sea más amable y responsable de lo que puede ser. Es cierto que algunos personajes hablan con rudeza. Es porque la gente, en la vida real, habla con rudeza. […] Si usted y su claustro se deciden a demostrar que, de hecho, aplican algo de sabiduría y madurez cuando ejercen su poder en la educación de los jóvenes, deberían reconocer que, al criticar y luego quemar esos libros sin haberlos leído siquiera, dieron una lección perversa a sus niños. También deberían decidir exponer a los niños a toda clase de opiniones e informaciones, con el objetivo de que estén mejor preparados para tomar decisiones y sobrevivir”.

—16 de noviembre de 1973

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Es que no salgo de mi asombro

De Flannery O’Connor a un profesor de inglés

En 1961, un profesor de literatura decidió escribirle una carta a Flannery O’Connor para solicitarle —en representación de sus estudiantes— una aclaración sobre el significado de "Un hombre bueno es difícil de encontrar", relato de O’Connor que habían estudiado recientemente en clase y que les resultaba complicado de entender. La respuesta de O’Connor dejó claro que no se tomó a la ligera la petición del profesor.

“La interpretación de sus noventa alumnos y, más o menos, tres profesores es fantasiosa y no podría estar más alejada de mis intenciones. Si fuera una interpretación válida, la historia sería apenas un truco y su interés se reduciría simplemente a la psicología de la anormalidad. No me interesa la psicología de la anormalidad. […] Si los profesores practican el hábito de aproximarse a un relato como si se tratara de un problema de investigación científica cuya resolución es creíble sólo si no resulta obvia, creo que los alumnos nunca aprenderán a disfrutar la ficción. Sin duda, a la hora de interpretar, es peor pecar por exceso que por defecto. Y cuando no se le encuentra el sentimiento a un relato no hay teoría que pueda aportarlo”.

—28 de marzo de 1961

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No me dan miedo los robots. Me dan miedo las personas

De Ray Bradbury a Brian Sibley

Hace casi medio siglo, en 1974, Brian Sibley, un apasionado escritor inglés, tomó la valiente decisión de enviarle una carta a Ray Bradbury, su autor favorito de ciencia ficción. En esa carta, Sibley dejó clara su enorme admiración por las obras de Bradbury y también le planteó algunas preguntas intrigantes relacionadas con unos robots de Disney. La respuesta que recibió de Bradbury es verdaderamente asombrosa, tanto por su generosidad como por su notable relevancia en la actualidad.

“¿Por qué no temen a los libros entonces? El caso es que la gente ha tenido miedo de los libros a lo largo de la historia. Son extensiones de las personas, no las personas mismas. Cualquier máquina, cualquier robot, es la suma total de las formas en que la utilizamos. ¿Por qué no derribar todos los dispositivos de cámaras robotizados y los medios para reproducir el material que va en tales dispositivos, cosas llamadas proyectores en los cines? Un proyector de cine es un robot no humanoide que repite verdades que le inyectamos. ¿Es inhumano? Sí. ¿Proyecta verdades humanas para humanizarnos la mayoría de las veces? Sí.

Se podría usar la excusa de que deberíamos quemar todos los libros porque algunos son espantosos. […] Así ocurre finalmente con los robots que dices temer. ¿Por qué temer algo? ¿Por qué no crear con ello? ¿Por qué no construir robots profesores que ayuden a las escuelas donde la enseñanza de ciertas materias es un aburrimiento para TODOS? ¿Por qué no tener a Platón sentado en tu clase de griego respondiendo alegres preguntas sobre su República?

[…] No me dan miedo los robots. Me dan miedo las personas, las personas, las personas. Quiero que sigan siendo humanos. Puedo ayudar a que sigan siendo humanos con el uso sabio y encantador de los libros, las películas, los robots y mi propia mente, mis manos y mi corazón”.

–10 de junio, 1974

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He escrito un libro titulado El padrino

De Mario Puzo a Marlon Brando

Antes de que Francis Ford Coppola dirigiera uno de los clásicos del cine, Mario Puzo, autor de El Padrino, vislumbró que Marlon Brandon sería perfecto para interpretar a Vito Corleone, papel con el que ganó el Oscar a mejor actor.

“He escrito un libro titulado EL PADRINO que ha tenido cierto éxito y creo que usted es el único actor capaz de representar al Padrino con la fuerza serena y la ironía (el libro es un comentario irónico de la sociedad americana) que requiere el papel. Espero que lea el libro y le guste lo bastante para ejercer el poder que disponga para conseguir el papel”.

—23 de enero de 1970

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Fuente: Shaun Usher. Cartas memorables, Salamandra, Barcelona, 2015, 368 pp.

 

Melissa Cassab
Editora

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Publicado en: Fragmentos, Registro personal