Byung-Chul Han, ruega por nosotros

Además de repetitiva y efectista, sostiene el autor de este ensayo, la filosofía del “superventas” Byung-Chul Han padece de miopía frente a las ideologías que pretende criticar. Una guía para leerlo con otros ojos o, incluso, ahorrarse la molestia.

No quisiera citar demasiado del nuevo libro de Byung-Chul Han, No-Cosas, quiebras del mundo de hoy (Taurus, 2021, traducido por Joaquín Chamorro Mielke) para insistir en los tics y estrategias con las que maquilla su pensamiento débil o divulgativo. Ya escribí sobre ellas acá: las peticiones de principio, las frases efectistas, los juegos de palabras (ya no hay homo sapiens sino ¡phono sapiens!), la repetición, la insistencia —que se pretende argumento— en las etimologías y los subrayados, la publicación como escaramuza desde las coordenadas de la crítica cultural… No puedo negarme el placer, sin embargo, de recordar cuando acusa que hoy “los amigos se cuentan con números”, como si antes se hubieran contado de otra manera.

Siendo honesto, en el fondo es difícil estar en desacuerdo con las cosas que escribe y publica pues todas surgen del sentido común —sí, yo también estoy en contra de la aceleración y todas las funestas consecuencias que tienen sobre el espíritu humano. También comparto como enemigo al prototipo de energúmeno que piensa a la sombra o en paralelo de los habitantes e ideólogos de Silicon Valley. Al mismo tiempo, hay algo que al leerlo resulta irritante y desalentador. Son sentimientos sorprendentes pues se trata de libros breves. ¿A qué me recuerdan? Claro, a los desalentadores e irritantes fragmentos de la información digital. ¿Qué hacer cuando uno lee un nuevo libro de Byung-Chul Han? Reconocer, primero, que este libro de nuevo no tiene nada (exagero, sí tiene algo nuevo y me ocuparé de ello) y que también uno puede ocuparse de algo más productivo que leerlo. En mi caso fue dedicar mi tiempo, entre capítulo y capítulo, para volver a sazonar un sartén de hierro.

Hace unos días utilicé uno de mis tres sartenes de hierro en una parrillada para cocinar unas papas al ajo y al limón pero olvidé llevármelo, lo dejé en casa de mis padres. Esta anécdota tiene un punto, pido paciencia. La cuestión es que, al regresar por él un día después, descubrí que, horror, lo habían lavado con agua y jabón. En consecuencia ya se le notaban algunas marcas de óxido. Así que mientras leía No-Cosas me ocupé de esta cosa a la que le tengo afecto (desde que me enteré de los males tóxicos del teflón he optado por cocinar con estos sartenes, que además de duraderos sirven para tener una dieta rica en hierro). Son utensilios toscos, pesados y que implican ciertos rituales (como lavarlos inmediatamente después de usarse con agua hirviente, y volver a secarlos para evitar la mentada oxidación). Para resanar un sartén de hierro se necesita tiempo: uno debe volver a lavar el sartén, secarlo (a fuego), cubrirlo de aceite (se recomienda el vegetal), retirar el exceso de aceite con un trapo seco o toalla de papel; y hornearlo durante una hora (boca abajo para asegurarse de que cualquier exceso remanente se desprenda). Tras esa hora todavía hay que esperar una hora más a que se enfríe y repose. Si al retirarlo del horno se siente pegajoso se debe a que no se retiró suficiente aceite, y se recomienda repetir el proceso. Pero atención: nada de esto es posible ya porque las cosas no existen, de acuerdo con las exageraciones miopes de Byung-Chul Han.

 

Ilustración: Víctor Solís

La ocurrencia de Han es que en la medida que hay mayor comunicación informática, instantánea, hay menos objetos o cosas, o se les presta menos atención. Según Byung-Chul Han el teclado sobre el que tecleo ahora mismo desaparece completamente de mi atención porque estoy algo así como hipnotizado por el procesador de texto (o por Internet). Es una ocurrencia interesante (bueno, más o menos) pero sólo funcionaría si negamos que el trabajo material sigue realizándose o que Silicon Valley y la red global también necesitan de infraestructuras sólidas, costosas y contaminantes. A propósito: es sorprendente que en No-Cosas se guarde silencio sobre el reverso nada fantástico de esa supuesta inmaterialidad: los híper-objetos como el petróleo, el unicel o mi temido ácido perfluorooctanoico. Detrás de esa fantasía o advertencia de la inmaterialidad se encuentra este argumento —se trata del párrafo que condensa la idea central del libro:

La comunicación digital supone una considerable merma de las relaciones humanas. Hoy estamos todos en las redes sin estar conectados unos con otros. La comunicación digital es extensiva. Le falta la intensidad. Estar en la red no es sinónimo de estar relacionados. Hoy, el es reemplazado por un ello. La comunicación digital elimina el encuentro personal, el rostro, la mirada, la presencia física. De este modo, acelera la desaparición del otro. Los fantasmas habitan el infierno de lo igual.

Las itálicas son del filósofo berlinés.

Ya he dicho que hay algo irritante en los libros de Byung-Chul Han. Tras reflexionarlo un poco he llegado a la conclusión de que no se trata de la irritación que causan los filósofos en general al detenerse un momento y hacer preguntas sobre lo que parece obvio: es irritante porque es repetitivo y formulaico. ¡De acuerdo, la comunicación digital supone una considerable merma de las relaciones humanas! ¿Hace falta añadir la mentira de que todos estamos en las redes? ¿Decir verdades triviales como que estar en la red es sinónimo de no estar relacionados? ¿Decir verdades a medias como que la comunicación digital elimina el encuentro personal (callando que no lo impide)? Lo peor de esta fórmula es que puede replicarse. Veamos ahora por qué, en este párrafo:

El buen funcionamiento de los medios de comunicación depende de erosionar la memoria. Sólo puede haber una noticia si las existentes dejan de ser recordadas. Noticia —del latín notitia— significa “dar a conocer algo”. El término está irremediablemente vinculado a la noción de novedad. Las noticias versan sobre lo que acaba de suceder, sobre lo cambiante. El periodista es el encargado de buscar, o mejor dicho, de crear, primicias sin interrupciones. Al hacerlo, desplaza lo antes existente hacia el pasado.

Etcétera. No lo escribió Byung-Chul Han pero funciona igual: ahí están también la acumulación y la insistencia, la etimología de relleno, las verdades a medias; en suma, la persuasión y la idea mascada a medias. Lo escribió Luciano Concheiro para su libro Contra el tiempo (2016). Así como a Concheiro alguna vez en el periódico El País se le llamó el “tataranieto millennial de Carlos Marx”, hoy a Byung-Chul Han, en el mismo periódico, se le llama “pensador superventas”. Esto ocurrió en una “entrevista” que concedió al periódico el 9 de octubre pasado, y cuya lectura recomiendo a quienes no estén interesados en leer No-Cosas, pues resume el libro y a menudo repite algunas de las ideas truncas que se encuentran en él.

Me concentro en una de ellas: la noción de que a la inteligencia artificial no se le pone la piel de gallina. Como si hiciera falta, Han distingue la inteligencia humana de la artificial. A la primera, nos recuerda, la afectan nuestras pasiones (la piel de gallina), pero a la segunda no y ésta sólo calcula. Sería más preciso decir que los desarrolladores de inteligencia artificial parecen aspirar a que eso ocurra en el futuro pues, hasta este momento, los grandes datos que han minado para que funcionen esas inteligencias artificiales siguen minándose bajo las tristes pasiones que rigen al valle del silicón. De ahí que, por ejemplo, las tecnologías de reconocimiento facial sigan siendo tan racistas, clasistas y sexistas como la de los programadores que las crean, los policías y empresarios que las utilizan. Sugerir que no existan pasiones en las ideologías de compañías como Google, Apple o Meta va en consonancia con una trampa en la que cayó Byung-Chul Han, como se describe al final del libro. Veamos. Lo único nuevo de No-Cosas, atípico en Han, es una pequeña crónica narrativa (aunque luego recae en lo ensayístico) sobre una tarde en la que se encontró con una rocola en una tienda en Berlín (o gramola, como tradujo Chamorro). Era una tarde lluviosa cuando Han descubrió —como ha venido descubriendo Hollywood y la cultura occidental desde que inició este siglo— que la única manera de escapar al imperio de lo inmaterial era ¡volver a la nostalgia!

“La gramola me transportó a un mundo desconocido de música pop de los años sesenta y setenta”, escribe Han como si fuera un extraterrestre. “No me era familiar ni una sola de las canciones que aparecían en los títulos numerados”, dice antes de enumerar canciones populares (como “Wonderful World” de Sam Cooke, “Then He Kissed Me” de The Crystals, “Tell Me That You Love Me”, de Paul Anka, entre otras). “Estos títulos me hicieron sospechar vagamente que el mundo debió de ser de algún modo más romántico, más soñador en aquella época que en la actualidad”. Ay Han, un día te enterarás de que los sueños de los sesenta y setenta son hoy la pesadilla que te hace escribir tus libritos.

 

Guillermo Núñez Jáuregui
Escritor, filósofo y librero en La Murciélaga. Es parte de la mesa de redacción de La Tempestad.

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Publicado en: Ciudad de libros

7 comentarios en “Byung-Chul Han, ruega por nosotros

  1. Me parece que habría que tener cuidado en usar a Concheiro como muestra de los temas previamente trabajados por otros autores en la obra de Han, ya que “Contra el tiempo” es una trascripción de “El aroma del tiempo” de Han, escrito en 2009 y traducido al español en 2015.Quizá sea más pertinente realizar una crítica a Han desde otros autores, como sería en el caso para “No-cosas” a partir de Jean Baudrillard en sus “La ilusión vital” y “El crimen perfecto”, a través de sus ideas desarrolladas en los conceptos de simulacro, las pantallas y la hiperrealidad.

  2. Byung Chul Han no es Berlinés sino Coreano!
    Agradezco que él ,escriba libros breves, porque los mamotretos como la Biblia eran para leer recién se inventó la imprenta!
    Y a usted su sentido común no le ha dicho que es de no idiota que presume de sabio…Que se las sabe todas, y no necesita leer obviedades?
    Debería decirnos a nosotros los ignorantes Cuánto le pagan por desprestigiar a su filósofo Berlinés?

  3. Pues la verdad con todo respeto por el autor de este artículo, al ser humano para que despierte hay que hacerle ver las cosas a base de repeticiones y eso hace han, me parece que sus libros son muy interesantes soy informático y mucho de lo que escribe han está sucediendo pero las personas no lo ven, en le libro el principito se explica muy bien ” la verdad es invisible a los ojos solo se puede ver con el corazón”.

  4. Si estos son los argumentos para desmontar las tesis de Han, puede seguir tranquilo. Recurrir a argumentos ad hominem o chascarrillos personales no está a la altura, creo.

  5. Buenas tardes a todos.Siempre he sido un gran admirador del Sr Byung -Chul Han.Y en menos medida a Zizek.No por lo que he leído de Byung,tengo mis propios pensamientos. Pero,antes de leerlo,en comentarios que hacía yo ,decía :” Que la tecnología,nos va ha destruir humanamente,y nos iba ha robotizar.Ya nos acercamos más unos a otros,a nivel mundial; pero en el hogar,hospitales y calles,se ve más soledad,y mas teléfonos celulares.Ya no hay abrazos,o visitar al enfermo. Ahora hay , felicitaciones y abrazos ,digitales.Ya no olemos,ni sentimos un libro,o una obra de arte.Ahora todo se puede ver en Google.Las personas personas ya no escriben cartas,ni los estudiantes hacen las tareas escribiendo en máquina.Todo lo hace la computadora y la copiadora.Ya no vienen ha visitarme personalmente;ahora me mandan. WhatsApp,y me publican en Facebook.Ya no toco a nadie,ni veo su rostro.Conozco gente lejana pero la cercana ya no. Y definitivamente,no tienen corazón,ni pasion,ni respeto,los niños ya están enajenados, igualmente nosotros.Nunca sabrán ,si se está suicidando alguien en línea o está feliz.La humanización,ya está por extinguirse.Es la era de la tecnología.Es mi cuestionamiento personal.

  6. Bonita forma de buscar el protagonismo. Si el mundo es de obviedades entonces la opinión del autor del artículo es más que obvia. Creo que Han muestra una realidad ajena para muchos, recordemos no todos tenemos acceso a los libros ni a esos artefactos de cocina tan costosos jeje

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