Charles Bukowski (1920-1994) dio su primera entrevista en marzo de 1963 y la última en agosto de 1993, pocos meses antes de que la leucemia le impidiera cumplir su deseo de morir en el año 2000. El repertorio de conversaciones que Bukowski sostuvo con periodistas, escritores y académicos por treinta años, está concentrado en Ellos quieren algo crudo (Nitro / Press, 2013). De este libro proceden las preguntas y respuestas, encadenadas aquí con intención biográfica, a propósito del 95 aniversario de nacimiento del poeta y narrador que a los cincuenta años —al estilo de un boxeador veterano— decidió levantar de nuevo los puños para convertirse en un “vividor literario”.


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William J. Robson: Para empezar, ¿dónde y cuándo naciste?
Charles Bukowski: Andernach, Alemania, en 1920. El FBI me preguntó eso una vez. Me trajeron a Los Ángeles cuando tenía dos años. Fui a la escuela de gramática Virginia Road. Soy un hombre de L.A., en realidad. Secundaria de L.A. El Colegio de la Ciudad de L.A. No me gradué, sólo pasé un buen rato. Tomé los cursos que me gustaban, sabes. Mi padre nunca lo supo. Estuve ahí dos años, de 1939 a 1941.

Josette Bryson: [El escritor italiano Vittorini] Para mí es muy bueno.
Charles Bukowski: Sí, pues… Después de que publiqué en Story y en Portafolio, que era editado por Caresse Crosby, renuncié a escribir durante diez años y sólo me emborrachaba y vivía y me mudaba de un lado a otro. Viví con malas mujeres y terminé en el pabellón de moribundos del Hospital del Condado de Los Ángeles sangrando, a borbotones, hemorragias. Y cuando salí de ahí comencé a escribir de nuevo. No sé por qué. En esos diez años no escribí nada en lo absoluto, sólo digamos que viví. Acumulé material, pero no conscientemente. Había olvidado todo lo relacionado con escribir.

Robert Wennersten: ¿Cómo terminaste, en algún punto de tu vida, en la vagancia?
Charles Bukowski: Sencillamente ocurrió. Probablemente a causa de beber, del disgusto, y de tener un trabajo mundano. No podía tolerar el trabajar para alguien, esa cosa del 8 a 5. Así que agarré una botella, bebí e intenté hacerla sin trabajar. El trabajo era francamente desagradable para mí. Morirme de hambre y estar en la vagancia parecían tener más gloria. […]

Josette Bryson: Solías trabajar en una oficina de correos, ¿no?
Charles Bukowski: Sí. Trabajé ahí tres años como cartero y me tomé dos años en otros trabajos raros. En medio, me casé con una millonaria, sólo por accidente. [Ella era la dueña de la revista Harlequin, publicada en un pueblo de Texas, en cuyas páginas aparecieron cuarenta de los primeros poemas escritos por Bukowski.] […] Resultó tratarse de una hermosa joven que iba a heredar un millón de dólares o algo así. Yo no lo sabía, por su puesto. Y tuvimos correspondencia de ida y vuelta. Finalmente nos conocimos, nos casamos, y después me encontré, cuando fuimos a su pueblo natal que, eh, ella era dueña del lugar. Pero no funcionó. Dejé el millón…

F.A. Nettelbeck: ¿Por qué eres tan feo?
Charles Bukowski: Supongo que estás hablando de mi cara más que de mi escritura. Bueno, la cara es el producto de dos cosas: con lo que has nacido y lo que te ha pasado desde entonces. Mi vida difícilmente ha sido bonita: los hospitales, las cárceles, los trabajos, las mujeres, la bebida. Algunos de mis críticos afirman que me he infligido dolor deliberadamente. Desearía que algunos de ellos hubieran estado conmigo a lo largo del viaje. […] La cruda, la aguja eléctrica, el licor barato, las malas mujeres, la locura en pequeños cuartos, el hambre en la tierra de la plenitud, sólo Dios sabe cómo es que me volví tan feo, supongo que es resultado de haber sido aporreado y aporreado de nuevo y de nuevo, y no dejarme caer, todavía tratando de pensar, de sentir, todavía tratando de rearmar la mariposa… En mi cara está trazado un mapa que nadie quiere colgar en su pared. […]

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Arnold Kaye: Un buen número de críticos ha objetado que tu trabajo es abiertamente autobiográfico. ¿Te importaría comentar al respecto?
Charles Bukowski: Casi todo. Noventa y nueve por ciento, si es que he escrito un ciento. Lo demás fue soñado. Nunca estuve en el Congo Belga.

Grapevine: ¿Tienes un tema central en tu ficción?
Charles Bukowski: La vida, con una “v” minúscula.

Arnold Kaye:¿Qué tanto disfrutas escribir en Los Ángeles?
Charles Bukowski: No importa en dónde escribas mientras tengas paredes, una máquina de escribir, papel, cerveza. Puedes escribir en el cráter de un volcán. Dime, ¿crees que pueda lograr que veinte poetas contribuyan con un dólar a la semana para mantenerme fuera de la cárcel?

Arnold Kaye: Bukowski, ¿qué futuro ves ahora que todos quieren publicar a Bukowski?
Charles Bukowski: Solía tirarme embriagado en callejones y probablemente lo haré de nuevo. Bukowski, ¿quién es? He leído acerca de Bukowski y no parece que tenga nada que ver conmigo. ¿Me entiendes?

John Thomas: Hay una moda Charles Bukowski… Definitivamente está conformándose. ¿Cómo lo ves tú?
Charles Bukowski: No estoy enterado de una moda Charles Bukowski. Soy demasiado solitario, demasiado caprichos, demasiado antisocial, demasiado viejo, demasiado tardío, demasiado receloso, demasiado astuto para que se generen en mí aspiraciones que me lleven a lugares distantes. […] Espero nunca convertirme en una moda. Una moda es maldecida y devastada para siempre. Esto significaría que hay algo mal conmigo o con mi trabajo. Pienso que teniendo 46 años, y habiendo trabajado once de ellos en silencio, estoy merecidamente a salvo. Espero que los dioses estén conmigo. Creo que estarán conmigo. […]

William J. Robson: Me gustaron algunas de tus columnas en Open City, pero algunas eran como… ah, bueno, después me toparía con una como “The Frozen Man” y fue genial.
Charles Bukowski: Bueno, escribía una por semana así tuviera ganas o no. Era una buena disciplina. Ver Escritos… en libro fue toda una emoción para mí. Muy bien hecho. Y fue reseñado en Der Spiegel que tiene una circulación amplia, es como el Newsweek alemán. Tuvo buenas reseñas. Cartero saldrá en diciembre [1970], en navidad. Trata sobre cuarenta años de infierno. Pero no lo escribí con, cómo podríamos decir, un estilo mala leche. Principalmente es divertido, aunque hay un montón de dolor ahí. Intenté mantenerme alejado de la emoción, sólo traté de registrarlo tal y como pasó. En esos años sucedieron cosas muy chistosas y trágicas.

William J. Robson: ¿Qué piensas de los talleres y los grupos y todo eso?
Charles Bukowski: Pienso que son horribles.
William J. Robson: Pero te apareces en ellos, ¿no?
Charles Bukowski: Hago lecturas de poesía, por dinero. Estrictamente para sobrevivir. No me gusta pero renuncié a mi empleo en enero del año pasado y ahora me he convertido en lo que llamaría un vividor literario. Ahora hago cosas que no hubiera hecho antes, una de ellas es las lecturas de poesía. No me gusta hacerlo para nada. En lo que respecta a los talleres, yo los llamo “clubes de corazones rotos”. Más que nada son un puñado de malos escritores que se reúnen, y un líder se levanta, autoelegido, casi siempre. Leen sus cosas entre ellos y generalmente se sobrevaloran. Es más destructivo que provechoso, porque el material rebota cuando lo envían, y dicen: “Ay, por dios, cuando le leí esto al grupo la otra noche, todos dijeron que era obra de un genio”.     

Marc Chénetier: ¿Reescribes mucho de tu trabajo o se queda en la forma en la que cobra existencia?
Charles Bukowski: Antes lo dejaba como salía. Ahora tiendo a rescribir sólo un poco, especialmente cuando escribo borracho la noche anterior. Saco líneas completas o párrafos, y cuando estoy sobrio inserto una línea nueva. Lo ajusto todo. No creo ayudar mucho… solía avergonzarme de reescribir cualquier cosa, sabes, “así salió”, se supone que tenía que ser puro o algo. Pero ahora digo: “Bueno, puede salir un poco impuro, le caería bien algo de ayuda”, así que reescribo un poco. Pero no mucho porque soy flojo, muy flojo.

 

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Michael Perkins: Algunos todavía piensan que tus poemas son una pérdida de tiempo.
Charles Bukowski: ¿Qué cosa es una pérdida de tiempo? Algunos coleccionan estampillas, otros asesinan a sus abuelas. Sólo estamos esperando, haciendo cosas insignificantes esperando morir.

Arnold Kaye: […] Parece haber una tendencia para clasificarte como el mayor de los poetas solitarios.
Charles Bukowski: No puedo pensar en ningún poeta solitario aparte de [Robinson] Jeffers, ya muerto. Los demás sólo quieren abrazarse y babearse. Parece, en mi opinión, que soy el último ermitaño.

William J. Robson: ¿Qué otros poetas han influido generalmente en tu vida, te han prendido?
Charles Bukowski: Robinson Jeffers

Josette Bryson: ¿Baudelaire, Rimbaud?
Charles Bukowski: No me importan ninguno de los dos.

William Childress: ¿Te sientes de alguna forma en particular cuando estás listo para escribir un poema?
Charles Bukowski: siento una tensión. De hecho me siento mal, como si estuviera a punto de meterme en una pelea, más o menos. Después jugueteo con la maldita silla y la máquina de escribir y la mesa. Finalmente me siento, atraído hacia la máquina como por un imán, contra mi voluntad. No hay un plan en lo absoluto. Sólo soy yo, la máquina de escribir, y la silla. Y siempre tiro el primer borrador diciendo “¡eso no es bueno!”. Luego entro en el acto con una clase de furia, escribiendo como loco durante cuatro, cinco, incluso ocho horas. Al día siguiente escribo unas dos o tres horas. Después me siento gastado, exhausto, y no vuelvo a tocar la máquina al menos una semana, cuando el ciclo comienza de nuevo.

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Arnold Kaye: ¿Qué influencia ha tenido el alcohol en tu obra?
Charles Bukowski: Hmm, creo que no he escrito un poema estando totalmente sobrio. Pero he escrito algunos buenos, algunos malos, bajo el peso de la negra cruda, cuando no sabía si era mejor otro trago o una navaja.

Robert Wennersten: ¿Puedes escribir y beber al mismo tiempo?
Charles Bukowski: Es difícil escribir prosa cuando estás tomando, porque la prosa implica demasiado trabajo. No funciona para mí. Es muy poco romántico escribir prosa mientras bebo.
La poesía es otra cosa. Tienes en mente un sentimiento de querer entregar una línea que sobresalte. Te pones un poco dramático cuando estás borracho, un poco de mal gusto. La música sinfónica está sonando, y fumas un puro. Levantas una cerveza y vas a teclear estas cinco o seis o quince o treinta líneas grandiosas. Empiezas a tomar y escribes poemas toda la noche. Los encuentras en el piso a la mañana siguiente. Quitas todas las líneas malas y tienes poemas. Como sesenta por ciento de las líneas son malas, pero parece que las otras, cuando las juntas hacen un poema.
No siempre escribo borracho. Escribo sobrio, borracho, sintiéndome mal. No hay una forma especial para mí.

John Thomas: ¿Por qué derrochas tanto tiempo y dinero en el hipódromo?
Charles Bukowski: Porque estoy loco. Estoy esperando hacer suficiente dinero para no tener que trabajar más en mataderos, en oficinas postales, en muelles, en fábricas. ¿Qué pasa? Perdí el dinero que tengo y estoy clavado en la cruz.[…] También, estando allí la mayor parte del día me queda muy poco tiempo para escribir, para jugar a ser escritor. Esto es importante. Cuando escribo, es la línea que debo escribir. […] Mi sugerencia para todos y para ninguno es que se mantengan alejados de la pista de carreras. Es una de las trampas más perfectas para el hombre.

Ben Pleasants: ¿Qué hay acerca del Bukowski caricaturista? ¿No hay una conexión con Thurber? 
Charles Bukowski: Me han acusado de eso.
Ben Pleasants: Te gusta Thurber.
Charles Bukowski: Sí, me gustaba. Pienso que si comparas mis dibujos con los suyos, verás una influencia, pero hay un montón de diferencias. Sus personajes son de la clase media alta, con sus problemas, y los míos son austeros, están como pasmados y no saben muy bien lo que está sucediendo; incluso su aspecto: sin ojos y sólo de pie. Les han pasado cosas que los han pasmado hasta una imbecilidad amable, que quizá resulte adorable en su mejor luz.
Además creo que toda la tonalidad es muy distinta a la de Thurber, aunque tal vez la línea o el dibujo de un perro tengan algo similar. Hay una influencia, pero la tonalidad es lo opuesto.

Silvia Bizio: ¿Te consideras apolítico?
Charles Bukowski: Claro, no tengo ninguna política. ¿por qué debería? Es como tener cálculos biliares: cuesta dinero que te los quiten, así que para qué tenerlos?

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Ben Pleasants: ¿Cuáles son los planes futuros para Bukowski? Además de sobrevivir.
Charles Bukowski: Bueno, hay una prioridad: la Durabilidad es más importante que la verdad. para poder decir la verdad, tienes que comenzar con ser perdurable. Mi plan maestro, que probablemente no funcionará, es: decidí vivir hasta los ochenta y morir en el año 2000. Me encontré con Wantling en una lectura en Illinois. También había decidido morir en el 2000, y un mes después estaba muerto. Así que sabes, si mi plan es como el de Adolph, quizá no funciones. Pero mi plan maestro es joderlos otros 25 años. Los voy a hartar tanto que cuando muera habrá gritos de júbilo. Y después, exageraciones de mi grandeza. Eso es, el año 2000.

 

Fuente: Ellos quieren algo crudo. 30 años de entrevistas. David Stephen Calonne, compilador; Mauricio Bares, traductor. Nitro / Press, México, 2013.

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Publicado en: Ciudad de libros