Breton a la carta

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André Breton, Lettres à Simone Kahn, 1920-1960, presentadas y editadas por Jean-Michel Goutier), París, Gallimard, 2016, 378 pp.


A mediados del presente año se publicó el primer volumen de cartas de André Breton quien, como se recordará, dejó estipulado en su testamento que su correspondencia no se diera a conocer antes de que se cumplieran cincuenta años de su fallecimiento (28 de septiembre de 1966).

Este volumen recoge las cartas que el autor de Los pasos perdidos envió a Simone Kahn, su primera esposa. Abarca un periodo de cuarenta años (1920-60) desde la primera hasta la última, aunque en realidad el grueso de las misivas va del encuentro, en julio de 1920, a noviembre de 1928, fecha de la ruptura entre ambos (el divorcio se pronunció en 1929). Después de esa fecha, no hay más que unas cuantas cartas o postales de un ex esposo a una amiga.

Resulta apasionante seguir casi día con día el inicio del romance. Luego del matrimonio, celebrado el 15 de septiembre de 1921, las cartas se van espaciando, pero no dejan de sumar un buen número, ya que los esposos a menudo estuvieron separados a causa de los frecuentes viajes de Simone (a Bretaña, Sarreguemines o Estrasburgo, donde vivía su prima Denise Lévy, o a otros lugares), separaciones vividas con dolor y cierto desamparo por Breton. Son el testimonio único, excepcional, de una pareja dispuesta a tratar de vivir con toda libertad y franqueza su amor y sus demás pasiones: una experiencia al límite de la resistencia de las relaciones humanas en la rígida sociedad burguesa de aquella época, y que terminó por fracasar debido en parte a la violenta pasión de Breton por Suzanne Muzard y a su encuentro con Nadja y, del otro lado, a causa de la relación no declarada de Simone con Max Morise (problemas sentimentales que explican en parte la violencia de las disputas y rupturas entre los diversos miembros del movimiento surrealista).

Faltan por desgracia las cartas de Simone, que no se hallaron en el  domicilio de Breton, en el número 42 de la rue Fontaine, en París. Sin embargo, las reacciones de éste a aquéllas permiten comprender aproximadamente el intercambio (algo a veces un poco difícil, por la naturaleza misma de la escritura epistolar, que no explicita todo).

Simone aparece como la confidente privilegiada a la que Breton narra todo tipo de acontecimientos, todo sobre su vida, sus emociones y pensamientos íntimos, sus lecturas, los descubrimientos y los encuentros que hace a lo largo de ese periodo, así como la evolución casi diaria del surrealismo en gestación.

Para la historia pequeña resulta gracioso ver cómo caracteriza y critica a veces a ciertos de sus amigos de juventud, que son nada menos que Aragon o Desnos o Eluard, y algunos otros. El ser humano Breton se sincera con Simone y confiando en su discreción le escribe todo lo que siente en el momento —lo cual no impedirá que pueda desdecirse en otra carta. Vive sus humores cambiantes, sus propios gustos (sorprende ver que aprecia Pan, de Knut Hamsun, o el Ulises, de James Joyce1) y las dificultades de todo intento exigente de vida intelectual en grupo.

Lo que resulta de la lectura de este volumen es el retrato (autorretrato, en realidad) de un hombre que no deja de cuestionar sus propias contradicciones, de abandonarse a la confesión amorosa-poética-existencial para reivindicar su propia verdad y tratando siempre de mantener la dirección que le parecía ser la correcta para la aventura que se propuso. Un hombre que no deja de decirlo todo y de exigir lo mismo a cambio: “Quiero la verdad absoluta en la vida. Y ninguna complacencia de mí para mí”, afirma en la carta que escribe el 8 de octubre de 1928.

En su presentación, Jean-Michel Goutier insiste con razón sobre el hecho de que este retrato de un Breton íntimo permite “corregir la imagen demasiado monolítica del fundador del surrealismo”. Es el retrato de un poeta extremadamente lúcido que se interroga sobre su propio pesimismo2 y que ha sido capaz de “realizar esta operación capital del espíritu que consiste en ir del ser a la esencia” (Los vasos comunicantes) para poder seguir viviendo. Y Goutier cita el poema de 1923 Plutôt la vie (“Primero la vida”, integrado en el libro Claro de tierra), en el que Breton afirma valiosa y resueltamente la primacía de la vida a pesar de todo, “a pesar de que haríamos el juego de lo que hacemos morir”.

Ya decía en su carta a Simone del 27 de septiembre de 1920: “Temo negro para que llegue blanco”.

 

Philippe Cheron
Narrador y ensayista. Editó las Obras completas de José Revueltas bajo el sello de Ediciones Era. Su más reciente libro es El árbol de oro. José Revueltas y el pesimismo ardiente.


1 “Deberías comprar el último número de la NRF, donde hay un fragmento de Ulises de Joyce que encuentro notable. Me pregunto por qué me han ocultado a este autor, Aragon por ejemplo. ¿Con qué propósitos?” (carta del 12 de agosto de 1928).

2 Es preciso no olvidar que ha sido fuertemente marcado por los horrores de la Primera Guerra Mundial, el suicidio de Jacques Vaché, el acto gratuito (Gide), etc.

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Publicado en: Ciudad de libros