Qué vergüenza, qué dolor y qué vergüenza. Mientras que la Academia venía de premiar las gigantescas alas de Alejandro González Iñárritu, el público y los periodistas sólo fueron capaces de hablar (al igual que la prensa y la muchedumbre ácidamente retratadas en Birdman) de aquello que al final era meramente marginal –o sea, lo menos relevante. Tras la grandiosa noche en la que este, hoy ya incuestionable, genio mexicano marcaba un punto de quiebre para la industria del cine en el mundo, los opinadores de mayor y menor calado (en la prensa y en las redes sociales), se concentraron, simple, perezosa o perversamente (o todas éstas juntas) en lo anecdótico de la noche: la “green card”, el “gobierno que merecemos” o los tuits de Donald Trump. De la obra de arte que venía de ganar cuatro premios Oscar, de su sorprendente artesanía filosófica, cinematográfica y su prodigiosa estructura narrativa, no se ocupó prácticamente nadie. Las redes sociales primero y las entrevistas a Iñárritu después, demostraron que Birdman es un calibradísimo acto de videncia también en ese terreno: como un desafortunado video de Riggan Thompson (el personaje central de la trama) corriendo en calzones en el cruce de Broadway y la 7ª avenida se convierte en “trending topic”, el triunfo de Iñárritu terminó envuelto en la tiranía del hashtag que resaltó lo más irrelevante; (en todo caso, habría que aplaudir que, incluso en este ámbito, la película es una fotografía de gran precisión interpretativa). Y es que escribía yo el martes en mi columna de Excélsior -Birdman (o la magistral recompensa del ego)-, que la cinta era toda una profecía autocumplida, pues así como Riggan Thomson reinventa el teatro al hacer correr su propia sangre en el escenario, así González Iñárritu reinventa el cine al hacer correr su propia sangre —y la de todo Hollywood—, en la pantalla. ¡De eso había que hablar, de esto había que escribir! Y pues no: prácticamente nada se escribió de lo importante. Y prácticamente nadie.
Sólo tres entrevistas concedió Iñárritu a medios mexicanos tras su triunfo múltiple. En dos, sólo se habló del «gobierno que merecemos». Sólo y sólo del discurso (y a medias) de aceptación del Oscar. Como apóstata del periodismo a la mexicana, yo decidí aprovechar la oportunidad para hablar de la película, sus múltiples dimensiones, significados y significantes y apenas de las irrelevancias de la ceremonia. Tener el privilegio de preguntarle al propio autor sobre su creación es, quizá, la única forma de intentar hacerle justicia periodística a una obra de arte. De poder volar junto con él (porque al final, ése es el verdadero objetivo del arte: que las alas del artista logren transportar a quien las entienda). Va pues, esta conversación con un hombre alado…
Alejandro González Iñárritu, finalmente llegaron cuatro estatuillas del Oscar para Birdman.
Estoy muy contento, Yuriria. ¿Cómo podría estar? La verdad es que estoy muy agradecido y sorprendido, con una sensación extraordinaria de que la película haya tenido la recepción que tuvo. Y la premiación y el reconocimiento y haberlo celebrado, sobre todo, con todo el cast, amigos y familia, yo creo que es lo más valioso de todo.
¿Lo esperabas en esta ocasión? ¿Dijiste “ahora sí me lo gano”?
No, de verdad te lo digo. Yo sabía que evidentemente teníamos la posibilidad. Normalmente siempre hay una repartición de alguna forma. Yo sabía que podíamos tener uno o dos. Por lo menos tenía la seguridad de que «El Chivo» – Lubezki – iba a ganarlo porque era evidentísimo. No tenía la menor duda. Pero de los otros premios sabía que podíamos aspirar a uno, pero jamás me imaginé que ganaríamos los tres premios principales y esa fue una sorpresa muy grande.
Yo escribía el otro día, Alejandro que, paradójicamente, haciendo un tratado (porque eso es “Birdman”, un gran tratado sobre la conciencia del yo, sobre el ego y sus patologías tantas), que justamente ahí es dónde González Inárritu consiguió lo que su ego siempre habría buscado…
¡Claro! Lo paradójico para mí es que en esta exploración y tratando de alguna forma de controlar los demonios del ego, resulta curioso, tremendamente irónico que esta película me haya brindado ese reconocimiento que, precisamente, al ego le encanta. La competencia, el derrotar a otros… Es como si mi propio ego, mi propio “Birdman” me hubiera dicho ‘¡Tómala!, a ver qué haces con tus tres Óscares’. Yo me río mucho de esto, es una ironía total.
¡Por supuesto! Y es que, además, es una profecía auto cumplida. Así como Riggan Thompson, al darse un balazo en el escenario, derrama su propia sangre en el escenario y emprende el vuelo, parece que Alejandro González Iñárritu estuvo dispuesto a darse un balazo y hacer correr su propia sangre (y la todo Hollywood) en la pantalla grande… Así es como se consagra González Iñárritu y genera un antes y un después para la industria del cine…
Sí, bueno, el ser artista es eso. Me acuerdo que Michael Keaton me preguntaba: «Para ti Riggan Thompson, ¿es un buen actor o un mal actor?». Y yo le decía que no sé sí es malo o bueno, para mí es un artista que tiene una necesidad de decir algo, que tal vez no sabe cómo articularlo, pero que tiene mucho que decir y debe descubrirlo. Y que está dispuesto a aventarse al precipicio para ello. Que está dispuesto a desnudarse, a montar un teatro desnudo y a darse un balazo para comunicar algo. Eso es ser un artista y esa es su naturaleza. Ser artista es hermoso pero también muy duro porque implica sacrificios. Y sí, hay una cantidad de espejos en el espejo en esta película, y yo aprecio a quien lo aprecia, porque no es fácil. Pero bueno, para quien ha estado ahí, es fácil ver esas reflexiones.
Los espejos: Keaton se hizo muy famoso personificando a Batman. Una analogía, un guiño a su propia carrera -sin dejar de lado la parte proyectiva de la biografía del propio Iñárritu-. ¿Cómo tomó Keaton hacer “Birdman” con todo este contenido, con todo este peso filosófico tras haber sido Batman durante tantos años?
Como yo lo entiendo, creo que hay dos procesos distintos -porque ésta sería en realidad una pregunta para Michael. Por como yo lo viví, por un lado Michael está por encima de esa percepción que todo el mundo tiene de que él durante 20 años estuvo en un lugar oscuro esperando otra vez la luz de la popularidad y que, de pronto, este momento le llega; y ante tanta espera y ansiedad de un actor que necesita reconocimiento, lo obtiene. Esa fue la primera lectura de todo mundo, una lectura casi biográfica. Hay algo de eso, evidentemente, o se podría percibir así pero la realidad de las cosas es que Michael tiene una vida propia más allá de una carrera cinematográfica: tiene una relación extraordinaria con su hijo, tiene muchos amigos, un rancho en Montana y muchos hobbies. Es un cuate muy vital. No es un tipo que vive de ser validado por los demás. Es una persona que tiene un fundamento mucho más poderoso que la popularidad. Finalmente, lo pudo hacer porque está por arriba de eso: no podrías hacer un papel así si no es desde un lugar muy sólido.
Por otro lado, es verdad que el trabajo de Michael, tras 20 años de empezar su carrera como actor, sí estaba un poco oxidado. Evidentemente, él sabía que había un espejo, una metarealidad dentro de esto y lo puedo entender. Tan lo pudo asimilar que el acuerdo que hicimos fue que lo interpretara no desde la ironía sino desde el lugar de la compasión por alguien que ha pasado por eso. Y no solamente Michael, todos nosotros hemos tenido una buena etapa y luego una mala etapa. Y si te conectas con eso, al nivel que quieras, creo que Michael lo hizo muy honestamente. Repito, yo creo que lo hizo desde esos dos lugares: desde la realidad de la percepción y desde la realidad de un ser humano común y corriente.
Sí, porque en efecto es la metáfora de la metáfora de la metáfora, como dices. Es un juego de espejos. Porque “Birdman” es, sobre todo, una película profundamente literaria. Compuesta de principio a fin por referencias -explícitas algunas y otras que son guiños y visitaciones- a la literatura. Sabíamos de tu amor hacia la música y hacia el cine; y ahora nos enteramos también de que González Iñárritu es, sobre todo, un extraordinario lector.
Pues más que extraordinario, me gustan mucho los autores que me gustan. Yo creo que Raymond Carver es uno de los escritores que desde mi adolescencia me influyó profundamente. Me parece que el cuento corto y la poesía de Carver expresan una cuestión muy hermosa, sin poses intelectuales, con una vitalidad brutal. He tenido la fortuna de hacerme muy amigo de su viuda, la poeta Tess Gallagher, quien me cedió los derechos. Yo me siento muy afortunado y ella está muy agradecida. Me parece que Carver junto con Cheever, por ejemplo, son de los dos más grandes cuentistas norteamericanos. Lo que me gusta mucho de Carver es que siempre observa a unos personajes ordinarios, perdedores, y les da siempre una dimensión y una compasión brutal. Y eso es muy difícil en el mundo tan irónico y cínico como el que estamos viviendo. Rescatarlo me parece importantísimo.
Y justamente, a través de esas referencias literarias, Carver y Barthes entre las de las explícitas, pero creo entrever textos de Lipovetsky, Foster Wallace, Ayn Rand (puede que me esté equivocando), de Eliseo Alberto, de Octavio Paz, en fin. A lo mejor son mis propias proyecciones y no las de González Iñárritu, pero creo que justamente sirven para que “Birdman” dé tiros de precisión a temas de nuestra actualidad y convertirlas en una crítica muy certera y artística. Hollywood, las redes sociales, la prensa que es absolutamente infecunda, y eso en la película me parece de una valentía extraordinaria.
Más que desde un punto de vista de predicado, me parecía que dentro del mundo y la batalla de este personaje que está, digamos, lidiando con lo que realmente es arte y lo que es la ‘comercialidad del arte’ o lo que es la prostitución del arte. Lo que se dice de prestigio y popularidad o del genocidio cultural. Toda esa sensación que todos estamos viviendo de ésta. Las corporaciones tomando al arte en todos esos shows, festivales y ferias en el mundo entero en donde cualquier pinturilla ya vale 30 millones de dólares. O esas películas que deben recaudar mil millones de dólares para ser hechas. El arte corporativo que está invadiendo al mundo evidentemente es un cáncer que se está metiendo en las venas de los artistas. Este debate yo siempre traté de hacerlo desde el punto de vista de este personaje. Obviamente, mis puntos de vista traté siempre de incluirlos con sentido del humor, porque creo que es la mejor forma para que podamos entender una determinada situación. Cuando aprendemos a reírnos de nosotros mismos y de nuestras miserias, se entienden mucho más claras las cosas.
Los espectadores pudimos interpretarlo como nos dio la gana -o la ignorancia propia-, pero ¿qué quiso decir González Iñárritu con el subtítulo, una de las claves para entenderla: “la inesperada virtud de la ignorancia”?
Es la síntesis del personaje. El personaje de Riggan Thompson es una contradicción con patas. Es una persona que tiene comúnmente dos sentimientos, dos pensamientos o dos ideas o intenciones contrarias, opuestas todo el tiempo. Y eso es lo que le causa una gran angustia, pero también es la definición de la inteligencia del ser humano. La posibilidad de tener dos ideas opuestas y poder funcionar. Ésa es la complejidad y la dificultas de ser bidimensionales. Y es la forma de que él se avienta a un lugar, a un territorio que él desconoce. Se desprende de todo lo que él había conocido, que eran todas esas películas de superhéroes para meterse a un nuevo territorio y él ignora el proceso. Todo esto se transforma en una virtud. La virtud de conocerse a sí mismo, en sus propias limitaciones y posibilidades.
Es inevitable platicar sobre tus palabras al momento de recibir el Oscar, ¿cuál es el gobierno que los mexicanos nos merecemos, Alejandro?
Hay dos palabras en lo que dije que se han evitado en lo que quise decir. Lo que dije yo textualmente es que yo espero y ruego porque todos podamos encontrar y construir el gobierno que nos merecemos. El sólo merecer es pasivo, pero el encontrar y construir es activo. A lo que voy: es una responsabilidad de todos. No podemos estar sentados esperando a que nos sirvan y que aparezca un gobierno perfecto y limpio que nos sirva el plato. Finalmente el país es de todos. Todos tenemos una responsabilidad, todos podemos aportar nuestro granito de arena. Y creo que eso es también importante decirlo. Nos merecemos un gobierno que tenga claridad, evidentemente, que imparta justicia, que haya leyes y que pueda servir a la sociedad. Eso es a lo que aspiramos todos los mexicanos, que pueda servir a la sociedad en un territorio de civilidad, de derechos humanos y de transparencia. Creo que es lo que todos estamos buscando. Pero creo que también todos somos un poco responsables de elegir, de construir y de buscar. No creo que haya una solución mágica o fácil. Pero creo que eso, a cualquier ciudadano, incluyendo a los empresarios, creo que hay una posibilidad de que todos podamos hacer una fuerte red que realmente soporte una idea en la que todos tenemos que participar y trabajar de alguna forma. Repito, todos sabemos qué quisiéramos, pero creo que sentarnos pasivamente esperando a que llegué ese gobierno, no va a suceder jamás.
Para cerrar con “Birdman”, ¿cómo está el ego, cómo anda, después de estas cuatro estatuillas que recibió el domingo pasado?
La verdad es que por ahora es un pequeño canario, un pequeño pajarillo, porque al otro día de los Oscares me vine inmediatamente a trabajar. Chambeando; llevo ya muchos meses trabajando en The Revenant, la película que estoy filmando ahora. Ahora mismo estoy en una carretera nevada rumbo al set, en las montañas. Y la verdad es que trabajo de seis de la mañana a nueve de la noche; no tengo tiempo de absolutamente nada, más que estar enfocado en resolver la película que estoy haciendo. Eso ha sido una bendición muy sana para el ego, no me estoy viendo el ombligo. Afortunadamente no. Realmente he tenido la mente ocupada y eso me ha mantenido muy sano y muy contento, la verdad. Aunque al mismo tiempo sí te puedo decir que me siento muy contento y muy orgulloso”.
Entiendo que The Revenant es una película que cuenta la historia de un hombre al que habían dado por muerto, pero no lo estaba, ¿seguimos en el terreno de las confesiones?
Exacto. Es una película de sobrevivencia, de aventura, del ser humano ante lo implacable de la naturaleza. Un género que no había explorado yo, pero estoy otra vez, de alguna forma, experimentando con algo que nunca antes había hecho. Y espero que, mi ignorancia, me lleve a la virtud de sacarlo adelante.