Advertencia: Procuré hacer este comentario lo más libre de spoilers que pude. De cualquier forma, como sucede en la literatura, es recomendable leer el libro antes de adentrarse a cualquier clase de comentario o estudio. Vean The Dark Knight Rises, preferiblemente, en IMAX.
Desde Batman Begins (2005), la interpretación que Christopher Nolan hace de Batman como director y co-guionista, superó las vergüenzas de Joel Schumacher y podría disputarse como la mejor toma en el cine de Batman, codo a codo con Batman (Tim Burton, 1989). En Begins se marca un tono que acompañará el resto de la trilogía: la búsqueda del origen, las memorias –uno de los motivos en la filmografía de Nolan-, la solemnidad y escenas de acción caóticas (los trenes en Begins, la visión nocturna en The Dark Knight, el avión The Dark Knight Rises). Con The Dark Knight la historia va diferente: una representación del Joker más anarquista y un Harvey Dent que, como el diálogo más emblemático de la película vaticina, vive lo suficiente para convertirse en el villano.
La historia del esperado cierre de la trilogía nos sitúa ocho años después de los acontecimientos de Knight y conviene advertir, a quienes no la han visto, que es poco probable un disfrute de Rises sin el conocimiento de las precuelas (caso contrario al de The Avengers –Whedon, 2012–, por cierto). La bienvenida es más confusa y apantallante que entendible a primera vista, no es hasta después que comprendemos qué y a quién busca Bane. Pese a lo revuelto, vemos escenas que recuerdan al inicio de Knight –el genial asalto al banco, la destrucción del avión: muestras de cómo operan los respectivos villanos– y a una secuencia de acción en Inception, el juego con la gravedad en el hotel y la inclinación del transporte. Si el Joker se caracterizaba por sólo ser caos, Bane es un reto físico cuya finalidad es quebrar las estructuras (morales y físicas) de los habitantes de Gotham.
The Dark Knight Rises incluye a cuatro personajes principales (tres de ellos ya habían trabajado con Nolan en Inception) nuevos que dan una cara refrescante al elenco. Destaco a Tom Hardy y a Anne Hathaway: Hardy encarna a la versión que tiene Nolan de Bane y lo hace bien. Si bien parte del carisma de Tom Hardy está en el rostro entero, al ponerse la máscara logra transmitir más que miedo, su mirada y corporalidad ayudan, la voz metálica puede llegar a ser incomprensible al oído, pero da un toque único que recuerda al gran emblema de la corrupción pop: Darth Vader. El caso de Anne Hathaway es extraño, me parecía una elección más curiosa que acertada en cuanto se confirmó que haría de Selina Kyle, pero me agrada decir que roba pantalla en las escenas donde aparece. Es una Selina Kyle más femme fatale que las anteriores, una anti-heroína más que una villana, una Robin Hood en látex.
A excepción de Joseph Gordon-Levitt, que debe a su carisma y a la fuerza de sus personajes, ya estábamos familiarizados con el resto de los personajes. El Jim Gordon de Gary Oldman, el Alfred Pennyworth de Michael Caine y el Lucius Fox de Morgan Freeman siguen siendo los principales auxiliares de Nolan (y en general de las historias de Batman, como ya está más que comprobado con Batman: Year One de Frank Miller o, mucho más reciente, en Batman: Earth One de Geoff Johns). En cuanto a Christian Bale no hay mucho que decir: esta trilogía de Batman es, más, la historia de Bruce Wayne. Como Batman, el encapuchado, no es malo, pero su voz llega a ser ridícula (ya algunos la han criticado por padecer “cáncer de garganta”, una broma cibernética que es explicada en la mejor parodia que se ha hecho de Knight) y aparece muy poco. Como Bruce Wayne lo vemos en el punto más débil y vulnerable, la atracción principal.
Rises tiene problemas de guión que son evidentes y que, quiero pensar, se debe más a una cuestión de edición y duración de la película que a un descuido por parte de los hermanos Nolan. Por ejemplo, Jonathan Blake, ese hot-head, informa a Bruce Wayne que Gordon le habló sobre Bane, cuando no hubo forma de que Gordon supiera cómo se llamaba el enmascarado (ni sus compinches mencionan su nombre). Por si no fuera poco, segundos después de que Blake sale de escena, entra Alfred Pennyworth con mucha información sobre Bane. La película tiene varios hoyos argumentales más y por eso requiere una suspensión de la incredulidad más fuerte que en Begins o Knight. Es ficción y un personaje de fantasía, sí. No pedimos lógica (si lo hiciéramos no existiría ningún tipo arte), pero sí más congruencia.
El resto del filme tiene grandes brillos. La consecuencia de actos en Knight tiene en Rises su precio, aunque es mucho más cercana a Begins en temática. El uso incompleto de los flashbacks se relaciona con la construcción de expectativas que tienen los espectadores: no hace falta que se nos diga la respuesta al “¿Por qué caemos?” así como es innecesario que nos digan que Selina Kyle es Catwoman. La primera pelea en las alcantarillas entre Bane y Batman es la mejor lucha física que recuerdo de alguna cinta de superhéroes y el guiño a Knightfall fue un detalle agradable –una muestra de sutileza y originalidad que no se alcanza con Jonathan Blake–. La música de Hans Zimmer acompaña bien, quizá entra en momentos donde el silencio hubiera dado más fuerza, sin embargo no molesta y es bienvenida. Las tomas y el juego de cámaras son caóticas en escenas de acción e inquietantes cuando sólo nos muestra la ciudad. Además, Nolan debe mucho a los videojuegos, como anotaba James Verini hace unas semanas en The New Yorker. Los juegos con la audiencia, la expectación que construye y el uso del espacio en varias secuencias son dignos de un videojuego. Tomemos, por ejemplo, la pelea en la alcantarilla: la posición horizontal del escenario con Batman y Bane viéndose de frente parece una calca de Street Fighter. Mientras la lucha avanza y Batman va perdiendo, el escenario cambia y nos dice más de la situación de ambos personajes que de una ambientación cualquiera, al contrario de The Avengers donde la ciudad sólo se convierte en el punto donde sucede la acción porque es impresionante ver a los edificios mientras Hulk aplasta.
No me sorprendería que Begins, Knight y Rises envejezcan mal ya que sus villanos no son criminales normales: son terroristas que tienen los miedos de un tiempo muy específico. Las lecturas políticas de Nolan están de más, claro, pero es innegable que nos habla y toca fibras desde ahí. ¿No es el “soy lo que sea que Gótica necesite” un eco de “El fin justifica los medios”? ¿Sobrevivirá esta trilogía de Batman más que como un éxito crítico y comercial de su tiempo? El posible reboot de Batman (que deja más preguntas que respuestas, ¿qué es lo que pasará con Jonathan Blake, es sucesor de Batman o el comienzo de una esperada película de Robin?) los proyectos de hacer una película de Justice League y la próxima Man of Steel podrían traer respuestas.
En The Prestige (2005, acaso la cinta más floja de Nolan) se nos dice que cada truco de magia requiere de tres actos. El segundo, “the turn”, es cuando queremos encontrar el secreto, pero, por supuesto, no estamos mirando. Nos gusta ser engañados. Así es The Dark Knight Rises. ¿Qué nos dejó The Dark Knight Rises? Una película completa con un desenlace que deja un sabor agridulce: un engaño, otro truco más. Dar finales es siempre la tarea más difícil y Nolan se vio complaciente. El personaje de Jonathan Blake ya era importante sin la necesidad de revelar “el nombre” al final (y aún si quisiera, había formas más sutiles) y la escena final de Alfred en Florencia pierde un poco porque ya había sido mostrada antes (de nuevo, falta de tacto: ¿cuánto habría mejorado si sólo hubieran mostrado la sonrisa de Alfred?). Un final ideal de Batman terminaría con Bruce Wayne muerto (ojo, no con Batman: el mundo necesita a Batman). ¿Es The Dark Knight Rises el final que necesitábamos? Probablemente no, pero sí el que merecíamos. —Joaquín Guillén Márquez (@joaguimar)

Excelente!
Apenas acabo de ver la pelicula “El caballero de la noche asciende”. Me gusta mucho tu forma de analizar películas. Justamente me preguntaba que pasaria con Robin. Donde mas te puedo leer?