No es fácil cuestionar iniciativas tan populares como los conciertos en el Zócalo. Dichos eventos son una celebración altamente simbólica y democrática, dirigida al mayor número de personas, en un contexto de profundas desigualdades sociales. Sin embargo, los “masivos” y otras actividades artístico-culturales ocultan relaciones de poder y dinámicas culturales complejas.