La vida replegada. Afuera, en la calle, se sujeta a ritmos que no son los míos. Lo sabe el río Atoyac cercano a casa, que ruge tras la tormenta al caer la tarde del martes 23. También las pálidas milpas, jovencísimas, en lo que eran las ciénegas de Texmelucan y Tlaxcala en la ruta del río hacia la ciudad, se alegran tras la sequía que ha acompañado un temporal infame.