“Al parecer —apunta José Emilio Pacheco— el gobierno decidió acabar de una vez por todas con el ‘esteticismo’, que era un estorbo para las necesidades imperiales de Gran Bretaña. Se ha dicho también que durante las investigaciones los nombres del primer ministro, lord Rosebery, y el mejor general inglés, lord Kitchener, aparecieron entre los homosexuales. La Labouchère’s Criminal Law Amendment Act de 1885 había logrado que se considerase la homosexualidad un delito; en aras del prestigio victoriano se decidió hacer un escarmiento general en la cabeza de Oscar Wilde. Con todo, no puede omitirse el hecho del rencor acumulado contra él porque sus obras teatrales caricaturizaron con verdadera hostilidad a la clase dominante; algunos de sus cuentos fueron claras denuncias de la opresión y la injusticia”.