Ciudad de libros

La inyección venenosa

Hubieran sido contemporáneos. Es fácil imaginarlos juntos, sentados en algún club de caballeros londinense o en el salón de una respetada anfitriona vienesa. Uno fuma su pipa, el otro su habano-que-es-sólo-un-habano. Además del tabaco y la ciencia comparten la cocaína, alternando “sueños de drogas” con el estudio de “las infinitas oscuridades del corazón humano”. Me gusta pensar que hubieran sido amigos.