He sido testigo de muchos procesos en su vida. Nunca la oí quejarse. Desde su segundo libro, El ser que va a morir, se abrían esas escenas donde los niños corren y gritan, /como pequeños lapsos, en un eterno, enmudecido/ sepia demente… Siempre, digo yo, la constante y evocada resonancia.
Myriam Moscona
Soledad Fariña y Salvador Allende
En el año 2006, la poeta chilena Soledad Fariña y yo, obtuvimos, con el mismo asombro, el apoyo de la Fundación Guggenheim que en ese entonces auspiciaba a creadores, científicos, académicos e investigadores de América Latina y el Caribe. Yo tardé mucho en concluir y publicar el proyecto que había postulado, o eso pensaba hasta que, hace poco, supe que la poeta chilena se encontraba, diecisiete años después de haber ganado la beca Guggenheim, afinando los últimos detalles de Siempre volvemos a Comala, un trabajo importantísimo para la historia de Chile y para la historia de la poesía chilena.
La muerte de la lengua inglesa:
Tres poemas
La muerte de la lengua inglesa se suma a la vasta trayectoria de Myriam Moscona como poeta. Su obra ha sido también traducida a esta lengua con éxito: Negro marfil/Ivory black recibió —por la traducción de Jen Hofer— los premios Landom Morton de la Academia de Poetas Americanos de Nueva York y el del Pen International al mejor libro traducido (2012).