A fines de marzo, Charles Dickens no sufría más por el insomnio y se despojó del papel de “hombre sin hogar” con la certeza de que los verdaderos hombres sin hogar veían en el río Támesis, noche tras noche, el reflejo perturbador de Londres.
Kathya Millares
El sello de Jorge Ibargüengoitia
“Se me podrá acusar de tratar sólo con una minoría selecta, pero hasta la fecha no he conocido ningún mexicano que tenga esperanza —y menos, que tengas ganas— de que sus huesos acaben en la rotonda de los Hombres Ilustres”.
Ciudad de libros · Fragmentos · Noticias de Cipango
"Mi adorada Carola:" Cartas de Gustavo A. Madero
Conocemos las cartas que Gustavo A. Madero envió a su esposa Carolina Villarreal, durante más de diez años, gracias a que su nieta, Petra Garza Madero de Romo, las publicó en 1991. La crónica de los últimos quince días de vida de Gustavo Madero se puede leer en este archivo. La componen tres cartas y siete telegramas, enviados a su “adorada Carola”. El intercambio de novedades incluye planes postergados, temores personales, preocupaciones domésticas, incertidumbre política y promesas imposibles.
Cómo hablaban los espías
En 1971, un espía apostaba todo por convertirse en un arcángel, un escucha o un dormilón; pero nunca un enfermo o una pista porque eso significaba que sus días estaban contados. Aquella era una época en que los medios de comunicación emitían “continuas oleadas de personajes y hechos o cosas acontecidas o relacionadas con ese mundo turbio del Servicio Secreto”
Brujas, muertos y calaveritas de azúcar
En El árbol de las brujas, Ray Bradbury envía a una pandilla de ocho niños inquietos, montados en un cometa, a ver con sus propios ojos, durante una noche de viento frío, la manera en que distintas civilizaciones han rendido culto a la muerte. A vuelta de página aparecen dioses, momias, hechiceras, calaveras de azúcar. […]
El metro de las ocho. Primer lunes de la línea dorada
A las 8:48, en la estación Atlalilco, tres hileras de granaderos inquietaron a los pasajeros. El tren se detuvo y, de pronto, aparecieron camarógrafos y fotógrafos empujándose para poder entrar al vagón. Estaban tratando de captar al jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, en su “visita de familiarización” por la Línea 12 Bicentenario. Hubo furor: “Marcelo, vente pa’ acá. Siéntate aquí”. “Señor, tómese una foto conmigo”. “Gracias, Marcelo. Este Metro va a ser muy útil”.
Ciudad de libros · Fragmentos · Noticias de Cipango
Lo que no vio José María Velasco
El 26 de agosto de 1912, mientras el pintor José María Velasco estaba esperando a la muerte en su casa en la Villa de Guadalupe, la ciudad de México no frenaba su día a día. De los pasillos del Palacio Nacional salían los rumores acerca de quién sería el nuevo subsecretario de Instrucción Pública, ante […]