Ciudad de libros

Última carta a un lector (frag.)

Alguno de los críticos más notable de la prosa de Gerard Murnane (1939), Emmett Stinson, advertía a los posibles lectores del escritor australiano acerca de una de las características más frecuentes (y extrañas) de su obra: “no hay acción, ni conflicto, no hay tensión dramática, ni posible solución”. ¿Cómo se desarrollan sus novelas, sus series de relatos? El camino que escoge Murnane, sigue Stinson, es el de la ‘vía negativa’, parafraseando a Theodor Adorno: el silencio, el aislamiento, la asfixia presente en lo cotidiano. Un estilo fundado en la visión retrospectiva de la propia obra. Sus novelas, tildadas de difíciles, sólo adquieren pleno sentido en conjunto. El juego literario que ha puesto en marcha exige rigor por parte de sus lectores, pues supone leer (y releer) las obras para entender las series de referencias y ligas entre ellas, los manierismos y muletillas que bien leídas forman una sola pieza de una escritura brillante, por cuanto nos muestra la oscilación entre el tedio y el asombro. La de Murnane es una obra del propio péndulo lector: aburrimiento de lo cotidiano- revelación de lo inusual en el mundo.