Deseamos conmemorar un evento trágico y estamos aquí ahora sostenidos por la vida. Encima de nuestras cabezas se extiende el cielo iluminado por las estrellas y bajo nuestros pies la tierra da vueltas. Dentro de nuestros cuerpos hay vida, pero al mismo tiempo la muerte se abre paso (un hombre puede siempre sentir, aunque sea lejos, la cercanía del último suspiro). Sobre nosotros, el día seguirá a la noche, la noche al día. Aún así hablamos, hablamos alto, sin siquiera saber qué son los seres que somos. Y de aquel que no habla de acuerdo a las reglas del lenguaje, los hombres razonables que debemos ser aseguramos que está loco.