Pareciera el argumento de una pieza del cine negro o el entramado de un culebrón. Si se sintetiza, podría ser una rapsodia de Chico Buarque o Rubén Blades. Pero no lo es. Tampoco es lo que podría adivinarse al recorrer sus páginas: una novela en la tradición del mejor periodismo de no ficción o un reportaje en la estela del gran periodismo de investigación. No lo es, pero el libro del abogado José Ramón Cossío Díaz entraña un poco de cada uno de ellos. Un hibrido, aunque su prosa no es más que el registro de un evento real, oculto y ocultado durante décadas en la historia política y social de este país: el intento de asesinato en contra del mandatario Gustavo Díaz Ordaz el 5 de febrero de 1970, a quien le quedaban unos meses para dejar la presidencia. El magnicida fue Carlos Castañeda, un joven de 28 años que, tras fallar su intento, fue sometido no al proceso penal que le correspondía, tampoco al método entonces ya utilizado de muerte y desaparición forzada. En lugar de esa fuerza represiva letal, las autoridades lo declararon jurídicamente incapaz y lo abandonaron a su suerte en un manicomio en el que pasó poco más de dos décadas. Cuando salió vivió en la indigencia algunos años y finalmente murió atropellado.