Costco ha sido, y tal vez siga siendo, uno de los lugares en los que la gente tiende a comportarse de una manera particular: ya sea porque tiene que pelear por los últimos pasteles del día o porque defiende su derecho a pertenecer a un club de miembros exclusivos. En esta crónica, Diego Olavarría cuenta sus impresiones luego de visitar, de forma recurrente, el supermercado más famoso de las redes sociales.