Los poemas de Antibiótica siguen la ruta del desamor y los deseos subversivos que en su momento trazó Jaime Gil de Biedma con “Pandémica y Celeste” y “Epigrama votivo”. En la escritura de Ángel Vargas (Acapulco, 1989) la experiencia de los cuerpos toma una presencia central que se traduce en el conocimiento de la emoción y del sujeto que desea.