Presentamos un adelanto del nuevo libro de Merlina Acevedo, Apholíndromos (Arscesis Ediciones). A esta selección de palíndromos la acompaña una serie de fotografías tomada por la propia autora.
No sólo son un ave, si se van, uno solo son.

MUJER CUERVO
El ave lloró ya dañada,
y seria, sola, ave llagada.
Nueva usaba sus alas,
usaba suave una daga.
Llama: el ave lloró amor
azul, el ave llora risas,
ella era vil, así sacaba sus ojos:
usaba casi saliva real,
lesa, sí, raro, llévale luz,
aroma, oro llévale.
Ama llagada, nueva usaba sus alas,
usaba suave una daga.
Lleva a los aires ya, dañada,
y oro llévale.

Adán, ¡a leer!, ¡con orar raro no creé la nada!

El melancólico nace enamorado, pero nunca sabe de quién.

Nos vemos en el espejo para invertir papeles.

Cae el otoño
sobre árboles de agua,
pero no llega.

Amada la niña, daniña la dama.

Nadie ha sabido
dónde acaba el otoño.
Salvo estas hojas.

Se va la niña de mí dañada
y soñará mares de sal amar,
ama, la sed es al amar,
¡dolida y sabia niña dañada!,
¡ya daña, de cerca crece dañina!
Y anulada, callé.
No creceré para perecer con ella,
como callada de lo sola,
como cada luna,
odio no crecer con aire:
sola, sin amor, aroma
ni sal, o seria, no crecer
con oído. Anulada,
¡cómo calo soledad allá!
¡cómo callé!, no creceré
para perecer con ella cada luna.
¡Ya, niña!, ¡de cerca crece, dañada!,
¡ya daña!, dañina ibas.
¡Ya dilo!, ¿drama
la sed es al amar?,
ama la sed ser, amar años.
Ya daña, dime, ¿dañina la ves?

Es de agua el cielo
en que flota la luna
estremecida.

La silueta es la viva imagen de la sombra.

El tiempo todo lo cura, pero yo prefiero automedicarme.

Los solitarios somos piezas de ajedrez que aprendimos a jugar fuera del tablero.

El olvido es un espejo al que dejamos de asomarnos.

Los solitarios guardamos distancia y la recorremos por dentro.

Escribir es traducirse.

Aceptamos que la eternidad cabe en un instante, pero que el instante termine no nos cabe en la cabeza.
