Los poemas de Antibiótica siguen la ruta del desamor y los deseos subversivos que en su momento trazó Jaime Gil de Biedma con “Pandémica y Celeste” y “Epigrama votivo”. En la escritura de Ángel Vargas (Acapulco, 1989) la experiencia de los cuerpos toma una presencia central que se traduce en el conocimiento de la emoción y del sujeto que desea. Antibiótica, escrito gracias a la beca de la Fundación para las Letras Mexicanas, obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2019 y será publicado próximamente por el Programa Editorial Tierra Adentro. Es el cuarto libro de poesía del joven autor, después de Díptico (Editorial De otro tipo, 2015), A pesar de la voz (Mantis, 2016) y Límulo (FETA, 2016).

Ilustración: David Peón
para Daniel Félix
También eso era
tu propio cuerpo, extraño
camino que conduce
directamente al miedo
—Olvido García Valdés
Hay modos distintos
de nombrar
la materia en que ardemos
la carne llega siempre
pero llega
gastada
miedo
de que pasara el tiempo
encima de nosotros
con su rodada enorme
exacta
hasta desmantelarnos
también eso era
me digo
los años que estuvimos
orbitando
hasta colisionar
y después
darnos cuenta
fallamos
nunca fuimos
el uno para el otro
acaso
insuficientes
pero igual
nuestra carne llegó
sin miedo a los derrumbes
y eso era también
otra forma
de que el amor
sobreviviera.
§
Pulsión (Cerradura)
El corazón persigue lo que las manos
no pueden alcanzar
—Luis Armenta Malpica
Se trata de lo que no podemos
abrir
la mano y la costumbre
sobre el metal
llaves que se pulverizan
al abrir un lugar
donde nadie te espera.
la mudanza y el vértigo
tráfico aéreo
fuselaje sobre nuestra cabeza
y allá adentro
los metales inéditos
sin mano que los introduzca
en la correspondiente cerradura.
Se trata de lo que no
podemos abrir
hogares clausurados
departamentos nuevos
sin réplica
de agujas
que se imantan
estar fuera
o demasiado inmerso
en el impulso
de tomar unas llaves
que nos hacían volver
aunque ya no
quisiéramos.
§
Prematuro
Este muchacho tiene la edad que no se debe tener
—Leonel Alvarado
Es joven y todo le molesta
en las conversaciones
su edad es una piedra
sobre la que giramos
demasiada insistencia
termina por gastarlo
le preocupan los años
la muerte
la ternura
y me recuerda
a mí
pintando las paredes
de un color imposible
como si el blanco
no fuera
el único
destino.
§
El genio de la lámpara está muerto
Encontraron sus huesos
en posición fetal,
no sabemos si murió con dolor,
si le llegó en el sueño
la quietud a su válvula tricúspide,
no sabemos
si tenía corazón,
ignoramos casi toda su anatomía de genio,
pero un mal día
no respondió
al frotamiento de su casa metálica.
Dicen que se dejó morir
como un viejo
que al perder a su amante
se abandona,
que fue un asesinato
o un ajuste de cuentas.
No sé,
yo creo,
que alguien tuvo piedad
y le deseó
la muerte.
§
A young homeless man
no se podría decir
que la intemperie
le regaló
la noche
y las constelaciones
que la calle
lo despojó de algo
que una casa se fue
desdibujando
hasta desmantelarse
y quedar sin paredes
como en medio de un mundo
donde alguien ha encendido
de pronto
toda la luz
da envidia
la belleza
que no puede mirarse
en un espejo
para guardar
su antes
lo imagino desnudo
baja una regadera
estrellas que cayeron
desde su oscuridad
al cuerpo
disueltas
por el agua
caliente
no cabría en ningún sitio
alguien
con tanto mundo
extiendo
un cigarrillo
dos monedas
y siento que he pagado
para mirar los ojos
donde nada se ha roto
todavía.
Ángel Vargas
Poeta. Autor de: Límulo, entre otros libros.