Ante la muerte de Rubem Fonseca (1925-2020) ofrecemos al lector la parte más desconocida de su obra: su poesía. Las siguientes versiones corresponden a la traducción de Delia Juárez de Amalgama (2013), un volumen que mezcla cuentos y poemas sin gran distinción. Como apunta Guillermo Fadanelli: “En la literatura de este escritor brasileño se presiente un basamento cínico que descree no sólo de las utopías pomposas sino también de las propias letras”. Sabrá el lector si los versos a continuación lo confirman.

Noche
Veo a las mujeres que pasan por la calle frente a esta miserable cantina.
El tipo me dice, oye hermano, ¿no tienes unas monedas para un sujeto hambriento?
Jódete, respondo.
Podría asaltarte, pero te las estoy pidiendo —dijo, no sé si amenazante o suplicante.
Jódete, repito.
No logro ver bien sus ojos ansiosos de perro callejero; es una de esas noches oscuras, propicia para que los pordioseros se cojan a las rameras en un rincón y sientan un alivio agónico mientras el día por fin llega sin angustias más horribles.
§
Puchero
Uno escribía el nombre de la mujer amada con sopa de letras
Mientras la pasta se enfriaba en el plato.
Otro era mitad soledad y mitad multitud.
Los estoy vigilando.
Uno andaba con la espada sangrienta en la mano.
Otro fingía que sentía lo que de verdad sentía.
Este decía que no cabe en el poema lo que vale el frijol.
Los estoy vigilando.
Este ve la vida como origen de su inspiración,
La vida que es comer, defecar y morir.
Todo poeta es un loco.
Los estoy vigilando.
Y también tiene que estar loco el pintor
Y el músico y el narrador.
La locura es buena
Para todo creador.
Como para los cocineros
O cualquier inventor.
Los estoy vigilando.
Es mejor estar cojo que ciego.
La poesía es un puchero.
Todo cabe dentro de ella.
§
Restos
El mesero era un viejo
habituado a escuchar quejas de los clientes mientras esperaba la jubilación y la muerte.
Tenía un rostro blanco
arrugado y triste.
Mientas tanto,
la mujer de la mesa de enfrente,
con una ávida sensibilidad de radar,
miraba a un lado y a otro,
buscando machos aún curiosos
de su belleza evanescente.
Cuando salimos
éramos los últimos,
una fila disciplinada de mendigos
esperaba los restos finales del día.
Los restos de los restos
serían después para los perros
incluso más hambrientos.
Era una mujer flaca
de labios delgados.
§
Sin tesón
Déjate de rollos, dice ella,
no me interesan.
Europa está en decadencia, insisto,
los criollos allá en África
recuerdan a los opresores
y matan a los hipopótamos;
en Escandinavia nacen
más y más rubias insulsas;
y los privilegiados del mundo
comen continuamente,
opíparamente, un rico banquete interminable, y a veces
se recuestan en sus sillones
y eructan discretamente.
Ya te dije que no me interesa,
repite ella.
Yo insisto: además de eso, no te olvides, que el Producto Interno Bruto
aumentó en esta época del año
mucho menos de lo que previeron
los economistas,
aunque subsista
una incierta euforia
de los tecnócratas optimistas,
en cuanto a un mejor desempeño
del sector agrícola.
Ya te dije,
grita ella,
quiero saber si
todavía me amas,
anda,
di: yo te amo.
Pero no lo dije
y ella comenzó a llorar,
en silencio, solo las lágrimas resbalando,
y no hay nada,
no hay nada
más conmovedor que una mujer llorando callada,
y yo le dije:
te amo.
El amor es una cosa,
la compasión es otra,
ambas duran poco.

• Fragmento de Rubem Fonseca, Cuentos completos 3 © 2018, Tusquets. Cortesía otorgada bajo el permiso de Grupo Planeta México. Por la traducción de Delia Juárez: Amalgama © Nexos Sociedad Ciencia y Literatura, S.A. de C.V.
Rubem Fonseca
Novelista, cuentista y guionista de cine. Entre los varios premios que ha recibido, figuran, en 2003, el Premio Camões y el Premio Juan Rulfo, ambos por el conjunto de su obra.