Cualquiera con un fondo bancario lo suficientemente amplio puede coleccionar maestros antiguos. Pero para la colección de obras de arte contemporáneas los billetes no son suficientes. Cierto gusto, cierta percepción de la belleza, cierta comprensión del significado del arte son también necesarios.
—Aldous Huxley
¿Qué es el mercado del arte? El improbable encuentro entre dos ciencias tan complejas como lo son la economía y el arte; una combinación que aún cuesta trabajo comprender. Lo cierto es que, por más que nos guste pensar en belleza, historias e ideales, no hay nada más verdadero que el hecho de que lo artístico tiene dimensiones profundamente vinculadas con el consumismo, el dinero, el mercado y una minoría que aprovecha el capital simbólico de la obra de arte como sinónimo de status quo.
Fue durante el siglo pasado que sucesos como las guerras mundiales, el crecimiento de las economías y el triunfo del capitalismo occidental, trajeron consigo uno de los cambios más significativos dentro de la historia del arte, que no es sino la creación y perfeccionamiento de una gigantesca maquinaria de dinero que, al paso de los años se colocaría como una de las cinco actividades económicas más lucrativas a nivel mundial.

Uno de los ingenieros de esta maquinaria fue Alfred Taubman, jefe de la casa Sotheby’s durante casi veinte años en los cuales, además de hacer crecer su fortuna personal y acumular una importante colección de arte, desarrolló gran parte de lo que hoy se conoce como el mercado de subastas. Arquitecto de profesión, supo comprender el equilibrio entre las esferas de la estética y el dinero, llevando el mercado del arte neoyorquino a ser uno de los más importantes a nivel mundial.
Descrito durante dos décadas como uno de los hombres más ricos de Estados Unidos, Taubman se convirtió en uno de los mayores coleccionistas de arte a nivel mundial y en uno de los personajes más importantes dentro del circuito artístico norteamericano; acusado en 2001 por amañar precios de manera ilegal en conjunto con la casa rival Christie’s y frecuentemente cuestionado por sus métodos de compra (se sostiene que la mayor parte de su acervo está compuesto por piezas que no eran vendidas en las subastas, con lo cual obtenía buenas piezas a precios relativamente bajos, motivo por el cual parte del mercado ha desconfiado de la colección al considerarla un cúmulo de “sobras” de subastas anteriores), hablar de este hombre es adentrarse en las prácticas más comunes del mercado del arte actual –corrupción y oportunismo incluidos.
Los pasados 4 y 5 de noviembre se llevaron a cabo en Nueva York los primeros eventos de una serie que, sin duda será de lo más importante del año para el mercado artístico. Estas fechas fueron el arranque de las subastas en que la colección del fallecido Taubman será dispersada. Estamos hablando de casi 460 millones de euros distribuidos en 500 piezas que van del arte clásico al contemporáneo; una colección tan ecléctica como exquisita, donde abundan los retratos de mujeres, quizá por un gusto del coleccionista, tal vez porque la belleza femenina ha sido uno de los temas predilectos en la creación artística.
Hablamos quizá de uno de los coleccionistas más importantes del siglo pasado y parte de este, que no sólo fue pieza clave para el posicionamiento de Sotheby’s como una institución de prestigio, sino que sentó las bases de lo que hasta hoy es el mercado de las subastas, añadiendo a modelos conservadores un enfoque que sólo un hombre de negocios de su envergadura podría proveer: envíos masivos de catálogos a clientes potenciales, grandes y suntuosas fiestas para conectar con posibles compradores, mandato de vendedores a eventos sociales de la alta esfera neoyorquina y mundial, fueron sólo algunas de las estrategias que llevaron a una nada menospreciable casa de tradición a volverse una de las transnacionales líder en cuanto a venta, transporte, valuación y certificación de obras de arte.
Tan diversos como fructíferos, los negocios de Taubman iban en direcciones imprevistas: consultoría arquitectónica, empresas de arte y una célebre cadena de restaurantes en donde se solían servir perros calientes y cerveza de raíz; es de donde vendría su icónica frase “vender arte es como vender refrescos”, haciendo referencia a que el ser humano no necesita ninguna de las dos cosas para sobrevivir, pero siempre es posible generar mercado para ellas (¿habrá algún aspecto de nuestras vidas que no pueda pensarse así?). Por esta frase Taubman sería visto como un inescrupuloso hombre de negocios que no guardaba respeto al arte. Sin embargo, la noche en que se comenzó a subastar su legado, el círculo del arte decidió respetarlo dejando una silla vacía para quien fue uno de los pujantes más importantes de Nueva York durante más de veinte años.
No hace falta hablar de su pasión por el arte ( o el dinero y poder detrás de). Masterworks y Modern-Contemporary art son, además de las primeras subastas de su colección, un paseo por los artistas más importantes del siglo pasado: Henry Moore, Pablo Picasso, Joan Miró, Alexander Calder, Wassily Kandinsky, Mark Rothko, Edvard Munch, Egon Schielle, parece que no hay obras o nombres pequeños en este catálogo y cada página es una muestra de un ojo clínico experto, desde sus atributos estéticos hasta los historiográficos, cada pieza parece valer cuando menos su precio de arranque en subasta.
La colección en conjunto tiene poco que envidiar a las de grandes museos alrededor del mundo; vale la pena adentrarse en los detalles de cada pieza. De Van Gogh a Jasper Johns, hay un poco para cada gusto. Mucho se especulará sobre la calidad de algunas piezas ya que la cabeza de uno de los negocios de arte más lucrativos del mundo quizás no pudo resistir la tentación de “inflar” los precios de algunos artistas, como se ha especulado anteriormente sobre Jeff Koons o Damien Hirst; pero no cabe duda que para armar esta colección se requirió un conocimiento equilibrado entre el arte y la economía.
Una vez pasadas las subastas, se ha echado de menos al antiguo jefe más que con una silla vacía, pues de los 800 millones de dólares planteados como una meta inicial, se han obtenido apenas 425, cantidad insuficiente siquiera para pagar a los herederos los quinientos millones base pactados por dar la exclusiva de venta a la empresa que su padre forjó. Ese quizá sea el peor golpe para una subastadora de este tamaño: tener los mejores lotes que el mercado ha visto en varios años y no poder elevar sus precios o venderlos, un pequeño fracaso ante la silla vacía y el desfile de escasos millones.
No hay vuelta atrás, la maquinaria ha recibido un duro golpe, y está relacionado con la persona que afinó minuciosamente sus últimos detalles. El final de la era iniciada por Taubman en 1983 viene de la mano con el comienzo de la temporada de subastas. El arte y el dinero han decidido manifestar ciertas diferencias entre ellos; por un lado, una maravillosa colección; por el otro, un decepcionante chorro de billetes que debería haber sido una cascada.